viernes, 12 de octubre de 2018

NUNCA DES NADA POR SENTADO (TAMPOCO POR HECHO) ▼ “La mayor amenaza para la democracia es darla por hecho” | Internacional | EL PAÍS

“La mayor amenaza para la democracia es darla por hecho” | Internacional | EL PAÍS

WOLFGANG SCHÄUBLE / PRESIDENTE DEL BUNDESTAG ALEMÁN

“La mayor amenaza para la democracia es darla por hecho”

Wolfgang Schäuble confía en la fortaleza de las instituciones de Alemania y de la UE para afrontar la inestabilidad y los populismos

Wolfgang Schäuble, este martes durante la entrevista.rn rn
Wolfgang Schäuble, este martes durante la entrevista. 
Wolfgang Schäuble lo ha sido casi todo en la política alemana y también en la europea, donde ha encarnado el papel de guardián de la ortodoxia financiera. Desde hace un año, preside el Bundestag alemán, agitado por el populismo de derechas y por una fragmentación política que ha desatado una crisis que no amaina. Schäuble es consciente de que Alemania ha dejado de ser un referente de estabilidad política para toda Europa.
Las luchas internas de la gran coalición de Gobierno y sobre todo, la irrupción de la ultraderecha (Alternativa por Alemania, Afd) han desestabilizado un sistema que este político conservador, conoce como pocos. El presidente del Parlamento recibe a EL PAÍS, La Repubblica y Le Figaro en su oficina del Bundestag de Berlín, cuyos pasillos recorre desde hace 46 años.
Mide muy bien sus respuestas, tal vez acostumbrado a sus días de arquitecto de la zona euro, en los que una coma suya era capaz de mover mercados. Pero de sus palabras y también de sus omisiones se intuye que asistimos al fin de una era en Alemania; la que se inauguró con el mandato de Merkel hace 13 años.
A sus 76 años, Schäuble irradia una vitalidad envidiable y se mueve en silla de ruedas tras sufrir un atentado en los noventa. Aquí en Alemania sigue siendo un político muy valorado, al que en momentos de crisis como el actual muchos alemanes escuchan con atención. “La mayor amenaza para la democracia es darla por hecho”, advierte.
Pregunta. Durante años, Alemania ha sido un ancla de estabilidad para Europa y para el mundo. Ahora, salta de una crisis política a la siguiente. ¿Cómo explica usted esta inestabilidad?
Respuesta. Todavía somos un país relativamente estable para los estándares internacionales. Pero tanto en Europa como en Norteamérica, este modelo de democracia y de Estado de derecho está un poco más bajo presión y los partidos tradicionales también. La razón probablemente es doble. La mayor amenaza para la democracia es darla por hecho. Los economistas llaman a esto complacencia. Durante 70 años hemos tenido en Europa paz, estabilidad y crecimiento económico. Sorprendentemente, en una encuesta reciente la gran mayoría de los preguntados en Europa decían que la situación en su país era mejor que nunca, pero cuando se les preguntaba si a sus hijos les irá mejor, la respuesta, al contrario de otras generaciones decían que no lo creían.
P. ¿Cuál es la segunda razón?
R. Estos cambios increíblemente rápidos y profundos, consecuencia de las formas de comunicación modernas, transforman no solo la economía y los mercados financieros, sino también nuestra sociedad y nuestros sistemas políticos. La globalización crece. Además, hay un creciente escepticismo sobre la eficiencia de la Unión Europea. A eso se le suma que tenemos algo que ya no creíamos posible: un nuevo partido a la derecha. Todo esto llega en un momento en el que la CDU/CSU [bloque conservador que lidera Angela Merkel] ha gobernado durante un tiempo excepcionalmente largo y exitoso. Pero en los sistemas humanos, todo tiene siempre su tiempo y hay algún momento en el que se sienten los efectos de una cierta fatiga con el paso del tiempo. El efecto es conjunto, no hay más que observar el caso de los socialdemócratas en Europa.
P. Recientemente usted aludía al final de la era Merkel.
R. Yo no he dicho eso. Yo solo digo que con el tiempo surgen siempre dificultades.
P. Pero la crisis existe en su partido.
R. Las crisis son buenas; nada avanza sin crisis.
P. En Berlín se habla de la posibilidad de que Merkel ceda el liderazgo del partido en el congreso de diciembre como primer paso hacia una posible sucesión.
R. Merkel piensa que la sucesión se decidirá cuando llegue el momento. Ha sido elegida para este periodo legislativo y ha dicho claramente que ella cree que fue un gran error cuando el canciller Schröder, que se enfrentó a dificultades en su partido, entregó la presidencia del partido. Ella no piensa repetir ese error. Yo comparto esa opinión. Merkel tiene un estilo de liderazgo que se caracteriza —y ella misma lo ha explicado— por el que le gusta comprometerse lo más tarde posible. Mantiene abiertas el mayor número de opciones posibles hasta el final. No se va a comprometer antes de tiempo.
P. ¿Gobernará hasta el final de la legislatura?
R. Ha sido elegida, y la Constitución establece, fruto en parte de la experiencia del fracaso de la República de Weimar, que los cancilleres tienen una posición muy fuerte. Desde la I Guerra Mundial, siempre había minorías capaces de derribar al canciller, como en Italia, y siempre dificultades para alcanzar mayorías para elegir a un canciller. Ahora, la Constitución de la República Federal establece la moción de censura constructiva. Es decir, un canciller elegido solo puede ser derribado eligiendo a un nuevo canciller. No puedo predecir el curso de esta legislatura, pero pase lo que pase, nuestras instituciones son fuertes y las crisis son siempre oportunidades.
P. ¿La elección de un jefe parlamentario en la CDU distinto del candidato de Merkel es un síntoma de la debilidad de la canciller?
R. La elección de [Ralph] Brinkhaus fue una pequeña sorpresa. Por supuesto que en el partido después de un largo periodo de éxito hay también un deseo de cambio. Cuando no se quieren grandes cambios, la elección de un nuevo jefe del grupo parlamentario es una oportunidad ideal.
P. Ustedes se sientan junto a Afd en el Parlamento desde hace un año. Desde la violencia en Chemnnitz, crece la preocupación acerca de los vínculos de Afd con el movimiento neonazi. ¿Le preocupa este ascenso extremista? ¿Corre peligro la democracia alemana?
R. El mayor peligro es que demos la democracia por hecho. Ahora ya no es como antes, cuando pensábamos que después de Hitler nunca tendríamos un nuevo partido a la derecha en Alemania. Ahora lo tenemos, como en otros países europeos. Pero la democracia no corre peligro, lo podemos manejar. Mi papel como presidente es que todos [los partidos] tengan los mismos derechos y las mismas obligaciones en el Parlamento. Dentro de Afd hay diferencias. Unos dicen que son un partido conservador moderado y otros hacen causa común con gente que en ocasiones son verdaderos neonazis. Insistimos en que el consenso constitucional debe aplicarse en nuestro país.
P. ¿Puede la CDU evitar la discusión sobre si podría coaligarse con Afd cuando se convierta en primera y segunda fuerza por ejemplo en el Este?
R. La negativa es clara y no es algo que esté en cuestión. No se lucha contra ellos diciendo que en caso de emergencia formarías con ellos una coalición.
R. No. Creo que hubo buenas razones y pocas alternativas para la decisión de 2015. Los refugiados estaban ya en la estación de Budapest. El problema es que no se evitaron lo suficientemente rápido las falsas interpretaciones en la Red de que Alemania estaba abierta para todo el mundo. Pero la crisis de refugiados está bajo control, gracias también a la cooperación europea.
P. La crisis del euro, la de los refugiados. ¿Será capaz Europa de sobrevivir?
P. ¿Cómo puede Europa superar la crisis?
R. La unidad europea siempre ha salido fortalecida de las crisis. Superamos la Guerra, el Telón de Acero… Cuando vemos que tantas personas en el mundo sueñan con vivir en Europa y cuando tantos gobernantes del mundo temen que su propio pueblo desee vivir con nuestra libertad, nuestro Estado de derecho y la protección de la democracia y la dignidad humana, entonces los europeos no debemos ser timoratos.
P. Pero Europa está más dividida que nunca. ¿Es posible llegar a acuerdos con [el primer ministro húngaro Viktor] Orbán o con [el vicepresidente italiano Matteo] Salvini?
R. Siempre hay que respetar a los políticos que han sido elegidos en sus países. Hay que intentar hablar con ellos sin adoptar sus posiciones.
R. Durante la crisis griega, el entonces presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, me dijo: 'Wolfgang, esta va a ser la peor crisis desde la Gran depresión. Y yo le dije: Jean-Claude, la Segunda Guerra Mundial también fue mala. Sé que la situación es peligrosa, pero creo que podemos gestionar esta crisis porque hemos superado crisis mayores. También sé que hay mucha preocupación acerca de que cómo va a ser la mayoría en el Parlamento Europeo. Creo que debemos aprovechar el impulso de Macron para trabajar más en esa dirección. En Alemania, hemos necesitado mucho tiempo para formar gobierno y que ahora tenemos nuestras crisis. Sé que algunos socios miran a Alemania con preocupación, pero estamos intentando mejorar las cosas.
Matar las reformas
P. ¿Ha matado Merkel todos los planes europeos de Macron?
R. No. Ella sabe que Europa necesita una nueva dinámica. La cuestión es quién lo puede lograr. Una parte importante de las reformas sociales y económicas son, según las leyes europeas competencia de los Estados Miembros. Yo siempre he dicho que estoy a favor de la solidaridad, pero eso no debe enviar los incentivos incorrectos. Lo que no puede hacer Europa lo deben hacer los Estados miembros, y ahí, hemos retrocedido un poco. Además, para algunas reformas habría que ceder soberanía y cambiar los tratados.
P. Pero hace un año, usted se mostró partidario de un ministro de Finanzas europeo, de un fondo para la eurozona. ¿Todo eso ha muerto?
R. Yo estoy a favor de completar la unión bancaria y para eso no hay que cambiar los tratados. Pero si creas un presupuesto [para la eurozona], tiene que haber también un Parlamento al que se le transfieran las competencias. Y lo mismo para un ministro, no basta el título, tiene que tener competencias. O lo haces intergubernamental a través de acuerdos entre los Estados Miembros, o lo haces europeo.
P. En Alemania siguen aferrados al déficit cero.
R. Los socialistas se inclinan a pensar que cuando el Estado gasta, se solucionan todos los problemas, pero nunca ha funcionado. Nuestro problema es que la ejecución de las inversiones es demasiado lenta por el peso del proceso jurídico y la burocracia.
P. Pronto se cumplirán 30 años de la caída del muro. La extrema derecha es allí ahora muy fuerte. ¿Qué ha ido mal?
R. La transformación de los países del antiguo Pacto de Varsovia es mucho más difícil de lo que imaginamos en 1990. En Alemania ha ido mejor, pero tenemos un problema demográfico significativo ligado a la migración interior y al desarrollo desigual en las regiones. Tenemos experiencias muy distintas tras 40 años de división y dos dictaduras. Pero cuando dos personas menores de 30 años se encuentran, salvo por el dialecto, no reconocerías si vienen del norte de Alemania, del sur, de Baden-Württemberg o de Mecklemburgo. Somos diferentes, pero ya no es el Este contra el Oeste. Se ha hecho bastante bien.

ESPAÑA, UN SOCIO IMPORTANTE

Pregunta. El auge populista es en parte una consecuencia, según numerosos observadores de la política de austeridad de la que usted es el máximo representante. ¿Se arrepiente de haber impuesto esa doctrina en Europa?
Respuesta. No, el populismo en Europa tiene otras causas. Tiene que ver con evitar enfrentarse a la realidad. Esto se aplica a la migración, para los que no entienden que en este mundo crecemos juntos y que para muchos es atractivo venir aquí. No queremos construir muros como otros. Ya hemos tenido suficientes muros en Alemania. Pero cuando se hacen promesas poco realistas, avivas el populismo y la demagogia. Nosotros solo tratamos de aplicar el pacto de estabilidad. Si le pregunta a mi antiguo colega, [Luis] De Guindos, él siempre ha dicho que sanear el país y el presupuesto, es la base para un crecimiento sostenible.
P. Alemania considera a España el alumno aplicado que ha hecho bien las reformas
R. España no es nuestro alumno. Nadie es nuestro alumno. España es un socio importante.
P. Lo cierto es que en España, el desempleo y la desigualdad son enormes. ¿Aún piensa que las reformas y los recortes fueron los adecuados?
R. Ustedes han tenido un cambio de Gobierno y yo no soy ministro de Finanzas desde hace un año. Pero creo que en los años en que fui ministro [2009-2017] y trabajé junto con los colegas españoles tuvimos posiciones comunes con España: la convicción de que una política fiscal y presupuestaria sólida es un requisito para el crecimiento. En Alemania lo hemos demostrado desde 2009. El pacto de estabilidad deja suficiente margen de maniobra.Wolfgang Schäuble lo ha sido casi todo en la política alemana y también en la europea, donde ha encarnado el papel de guardián de la ortodoxia financiera. Desde hace un año, preside el Bundestag alemán, agitado por el populismo de derechas y por una fragmentación política que ha desatado una crisis que no amaina. Schäuble es consciente de que Alemania ha dejado de ser un referente de estabilidad política para toda Europa.
Las luchas internas de la gran coalición de Gobierno y sobre todo, la irrupción de la ultraderecha (Alternativa por Alemania, Afd) han desestabilizado un sistema que este político conservador, conoce como pocos. El presidente del Parlamento recibe a EL PAÍS, La Repubblica y Le Figaro en su oficina del Bundestag de Berlín, cuyos pasillos recorre desde hace 46 años.
Mide muy bien sus respuestas, tal vez acostumbrado a sus días de arquitecto de la zona euro, en los que una coma suya era capaz de mover mercados. Pero de sus palabras y también de sus omisiones se intuye que asistimos al fin de una era en Alemania; la que se inauguró con el mandato de Merkel hace 13 años.
A sus 76 años, Schäuble irradia una vitalidad envidiable y se mueve en silla de ruedas tras sufrir un atentado en los noventa. Aquí en Alemania sigue siendo un político muy valorado, al que en momentos de crisis como el actual muchos alemanes escuchan con atención. “La mayor amenaza para la democracia es darla por hecho”, advierte.
Pregunta. Durante años, Alemania ha sido un ancla de estabilidad para Europa y para el mundo. Ahora, salta de una crisis política a la siguiente. ¿Cómo explica usted esta inestabilidad?
Respuesta. Todavía somos un país relativamente estable para los estándares internacionales. Pero tanto en Europa como en Norteamérica, este modelo de democracia y de Estado de derecho está un poco más bajo presión y los partidos tradicionales también. La razón probablemente es doble. La mayor amenaza para la democracia es darla por hecho. Los economistas llaman a esto complacencia. Durante 70 años hemos tenido en Europa paz, estabilidad y crecimiento económico. Sorprendentemente, en una encuesta reciente la gran mayoría de los preguntados en Europa decían que la situación en su país era mejor que nunca, pero cuando se les preguntaba si a sus hijos les irá mejor, la respuesta, al contrario de otras generaciones decían que no lo creían.
P. ¿Cuál es la segunda razón?
R. Estos cambios increíblemente rápidos y profundos, consecuencia de las formas de comunicación modernas, transforman no solo la economía y los mercados financieros, sino también nuestra sociedad y nuestros sistemas políticos. La globalización crece. Además, hay un creciente escepticismo sobre la eficiencia de la Unión Europea. A eso se le suma que tenemos algo que ya no creíamos posible: un nuevo partido a la derecha. Todo esto llega en un momento en el que la CDU/CSU [bloque conservador que lidera Angela Merkel] ha gobernado durante un tiempo excepcionalmente largo y exitoso. Pero en los sistemas humanos, todo tiene siempre su tiempo y hay algún momento en el que se sienten los efectos de una cierta fatiga con el paso del tiempo. El efecto es conjunto, no hay más que observar el caso de los socialdemócratas en Europa.
P. Recientemente usted aludía al final de la era Merkel.
R. Yo no he dicho eso. Yo solo digo que con el tiempo surgen siempre dificultades.
P. Pero la crisis existe en su partido.
R. Las crisis son buenas; nada avanza sin crisis.
P. En Berlín se habla de la posibilidad de que Merkel ceda el liderazgo del partido en el congreso de diciembre como primer paso hacia una posible sucesión.
R. Merkel piensa que la sucesión se decidirá cuando llegue el momento. Ha sido elegida para este periodo legislativo y ha dicho claramente que ella cree que fue un gran error cuando el canciller Schröder, que se enfrentó a dificultades en su partido, entregó la presidencia del partido. Ella no piensa repetir ese error. Yo comparto esa opinión. Merkel tiene un estilo de liderazgo que se caracteriza —y ella misma lo ha explicado— por el que le gusta comprometerse lo más tarde posible. Mantiene abiertas el mayor número de opciones posibles hasta el final. No se va a comprometer antes de tiempo.
P. ¿Gobernará hasta el final de la legislatura?
R. Ha sido elegida, y la Constitución establece, fruto en parte de la experiencia del fracaso de la República de Weimar, que los cancilleres tienen una posición muy fuerte. Desde la I Guerra Mundial, siempre había minorías capaces de derribar al canciller, como en Italia, y siempre dificultades para alcanzar mayorías para elegir a un canciller. Ahora, la Constitución de la República Federal establece la moción de censura constructiva. Es decir, un canciller elegido solo puede ser derribado eligiendo a un nuevo canciller. No puedo predecir el curso de esta legislatura, pero pase lo que pase, nuestras instituciones son fuertes y las crisis son siempre oportunidades.
P. ¿La elección de un jefe parlamentario en la CDU distinto del candidato de Merkel es un síntoma de la debilidad de la canciller?
R. La elección de [Ralph] Brinkhaus fue una pequeña sorpresa. Por supuesto que en el partido después de un largo periodo de éxito hay también un deseo de cambio. Cuando no se quieren grandes cambios, la elección de un nuevo jefe del grupo parlamentario es una oportunidad ideal.
P. Ustedes se sientan junto a Afd en el Parlamento desde hace un año. Desde la violencia en Chemnnitz, crece la preocupación acerca de los vínculos de Afd con el movimiento neonazi. ¿Le preocupa este ascenso extremista? ¿Corre peligro la democracia alemana?
R. El mayor peligro es que demos la democracia por hecho. Ahora ya no es como antes, cuando pensábamos que después de Hitler nunca tendríamos un nuevo partido a la derecha en Alemania. Ahora lo tenemos, como en otros países europeos. Pero la democracia no corre peligro, lo podemos manejar. Mi papel como presidente es que todos [los partidos] tengan los mismos derechos y las mismas obligaciones en el Parlamento. Dentro de Afd hay diferencias. Unos dicen que son un partido conservador moderado y otros hacen causa común con gente que en ocasiones son verdaderos neonazis. Insistimos en que el consenso constitucional debe aplicarse en nuestro país.
P. ¿Puede la CDU evitar la discusión sobre si podría coaligarse con Afd cuando se convierta en primera y segunda fuerza por ejemplo en el Este?
R. La negativa es clara y no es algo que esté en cuestión. No se lucha contra ellos diciendo que en caso de emergencia formarías con ellos una coalición.
R. No. Creo que hubo buenas razones y pocas alternativas para la decisión de 2015. Los refugiados estaban ya en la estación de Budapest. El problema es que no se evitaron lo suficientemente rápido las falsas interpretaciones en la Red de que Alemania estaba abierta para todo el mundo. Pero la crisis de refugiados está bajo control, gracias también a la cooperación europea.
P. La crisis del euro, la de los refugiados. ¿Será capaz Europa de sobrevivir?
P. ¿Cómo puede Europa superar la crisis?
R. La unidad europea siempre ha salido fortalecida de las crisis. Superamos la Guerra, el Telón de Acero… Cuando vemos que tantas personas en el mundo sueñan con vivir en Europa y cuando tantos gobernantes del mundo temen que su propio pueblo desee vivir con nuestra libertad, nuestro Estado de derecho y la protección de la democracia y la dignidad humana, entonces los europeos no debemos ser timoratos.
P. Pero Europa está más dividida que nunca. ¿Es posible llegar a acuerdos con [el primer ministro húngaro Viktor] Orbán o con [el vicepresidente italiano Matteo] Salvini?
R. Siempre hay que respetar a los políticos que han sido elegidos en sus países. Hay que intentar hablar con ellos sin adoptar sus posiciones.
R. Durante la crisis griega, el entonces presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, me dijo: 'Wolfgang, esta va a ser la peor crisis desde la Gran depresión. Y yo le dije: Jean-Claude, la Segunda Guerra Mundial también fue mala. Sé que la situación es peligrosa, pero creo que podemos gestionar esta crisis porque hemos superado crisis mayores. También sé que hay mucha preocupación acerca de que cómo va a ser la mayoría en el Parlamento Europeo. Creo que debemos aprovechar el impulso de Macron para trabajar más en esa dirección. En Alemania, hemos necesitado mucho tiempo para formar gobierno y que ahora tenemos nuestras crisis. Sé que algunos socios miran a Alemania con preocupación, pero estamos intentando mejorar las cosas.
Matar las reformas
P. ¿Ha matado Merkel todos los planes europeos de Macron?
R. No. Ella sabe que Europa necesita una nueva dinámica. La cuestión es quién lo puede lograr. Una parte importante de las reformas sociales y económicas son, según las leyes europeas competencia de los Estados Miembros. Yo siempre he dicho que estoy a favor de la solidaridad, pero eso no debe enviar los incentivos incorrectos. Lo que no puede hacer Europa lo deben hacer los Estados miembros, y ahí, hemos retrocedido un poco. Además, para algunas reformas habría que ceder soberanía y cambiar los tratados.
P. Pero hace un año, usted se mostró partidario de un ministro de Finanzas europeo, de un fondo para la eurozona. ¿Todo eso ha muerto?
R. Yo estoy a favor de completar la unión bancaria y para eso no hay que cambiar los tratados. Pero si creas un presupuesto [para la eurozona], tiene que haber también un Parlamento al que se le transfieran las competencias. Y lo mismo para un ministro, no basta el título, tiene que tener competencias. O lo haces intergubernamental a través de acuerdos entre los Estados Miembros, o lo haces europeo.
P. En Alemania siguen aferrados al déficit cero.
R. Los socialistas se inclinan a pensar que cuando el Estado gasta, se solucionan todos los problemas, pero nunca ha funcionado. Nuestro problema es que la ejecución de las inversiones es demasiado lenta por el peso del proceso jurídico y la burocracia.
P. Pronto se cumplirán 30 años de la caída del muro. La extrema derecha es allí ahora muy fuerte. ¿Qué ha ido mal?
R. La transformación de los países del antiguo Pacto de Varsovia es mucho más difícil de lo que imaginamos en 1990. En Alemania ha ido mejor, pero tenemos un problema demográfico significativo ligado a la migración interior y al desarrollo desigual en las regiones. Tenemos experiencias muy distintas tras 40 años de división y dos dictaduras. Pero cuando dos personas menores de 30 años se encuentran, salvo por el dialecto, no reconocerías si vienen del norte de Alemania, del sur, de Baden-Württemberg o de Mecklemburgo. Somos diferentes, pero ya no es el Este contra el Oeste. Se ha hecho bastante bien.

ESPAÑA, UN SOCIO IMPORTANTE

Pregunta. El auge populista es en parte una consecuencia, según numerosos observadores de la política de austeridad de la que usted es el máximo representante. ¿Se arrepiente de haber impuesto esa doctrina en Europa?
Respuesta. No, el populismo en Europa tiene otras causas. Tiene que ver con evitar enfrentarse a la realidad. Esto se aplica a la migración, para los que no entienden que en este mundo crecemos juntos y que para muchos es atractivo venir aquí. No queremos construir muros como otros. Ya hemos tenido suficientes muros en Alemania. Pero cuando se hacen promesas poco realistas, avivas el populismo y la demagogia. Nosotros solo tratamos de aplicar el pacto de estabilidad. Si le pregunta a mi antiguo colega, [Luis] De Guindos, él siempre ha dicho que sanear el país y el presupuesto, es la base para un crecimiento sostenible.
P. Alemania considera a España el alumno aplicado que ha hecho bien las reformas
R. España no es nuestro alumno. Nadie es nuestro alumno. España es un socio importante.
P. Lo cierto es que en España, el desempleo y la desigualdad son enormes. ¿Aún piensa que las reformas y los recortes fueron los adecuados?
R. Ustedes han tenido un cambio de Gobierno y yo no soy ministro de Finanzas desde hace un año. Pero creo que en los años en que fui ministro [2009-2017] y trabajé junto con los colegas españoles tuvimos posiciones comunes con España: la convicción de que una política fiscal y presupuestaria sólida es un requisito para el crecimiento. En Alemania lo hemos demostrado desde 2009. El pacto de estabilidad deja suficiente margen de maniobra.

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