domingo, 28 de septiembre de 2014

DESDE BRASIL A GAZA ► VIVIR BAJO LA CONSIGNA DEL "DESCONTADO" ▲ Gaza: “No hay nada comparable a una herida de guerra por artefacto explosivo” | MSF - Médicos Sin Fronteras

Gaza: “No hay nada comparable a una herida de guerra por artefacto explosivo” | MSF - Médicos Sin Fronteras



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Gaza: “No hay nada comparable a una herida de guerra por artefacto explosivo”

Una anestesista habla de las dificultades de tratar a víctimas de bombardeos, con heridas que cubren todo su cuerpo y que pueden implicar fracturas, aplastamiento y quemaduras.
Liliana Andrade, anestesista brasileña (en el centro) © Isabelle Merny / MSF
Liliana Andrade, de 39 años, es anestesista y ha trabajado en proyectos en Pakistán, República Democrática del Congo, Haití y Sudán del Sur. Trabajar en zona de conflicto armado no es nuevo para ella, pero su segunda misión en Gaza, en medio de uno de los conflictos más violentos de nuestros días, fue totalmente diferente a lo que había experimentado hasta entonces, tanto profesional como personalmente. “Las víctimas de bombardeos presentan heridas que son muy diferentes de lo que he tratado antes. Grandes partes del cuerpo pueden estar quemadas a la vez, hay fracturas expuestas, miembros aplastados, traumatismos. Todo ocurre a la vez,” explica.
Durante su primera misión en Gaza, la situación en el país no era buena pero se respiraba una especie de sensación de paz en el aire, y los equipos de MSF, al igual que otras organizaciones humanitarias, tenían la libertad de ir y venir a todas partes. Esta vez, la historia ha sido totalmente diferente. Liliana ha vivido una mezcla de emociones durante su misión de 55 días que nos cuenta a su regreso de Gaza en la siguiente entrevista.

¿Qué dirías que ha cambiado más en los últimos dos años en Gaza?
Aunque Gaza siempre había sido un lugar peligroso, no me sentí así la primera vez que estuve allí en 2012. En esa ocasión, trabajaba en un proyecto de cirugía reconstructiva en el sur. Naturalmente, había problemas de seguridad asociados en su mayoría a la llegada a Israel y tener que cruzar la frontera, pero podíamos salir y teníamos libertad de movimientos. Ahora era de casa al hospital y del hospital a casa. Sólo tras el último alto el fuego tuvimos permiso para ver la ciudad. La mayor parte del tiempo había peligro de explosiones, el ruido de las bombas era frecuente. Como en el quirófano nos concentrábamos en las necesidades de los pacientes, y como no había ventanas, no podíamos escuchar nada. Sin embargo, por la noche, sin apenas ruido en la calle, podías oír e identificar claramente el ruido de los bombardeos. El estrés emocional y psicológico fue enorme desde el momento que decidí asumir esta misión con MSF. Significaba desde el principio entrar en la guerra.

¿Y qué hay de las necesidades médicas de los pacientes en relación a las personas que habías tratado en otros conflictos armados?
Mi experiencia en zonas de conflicto era distinta. No había bombas, ni misiles ni cohetes en los lugares en los que había estado. No hay nada comparable a una herida de guerra por artefacto explosivo. Las víctimas de bombardeos presentan heridas que son muy diferentes a las que había tratado antes. Grandes partes del cuerpo pueden estar quemadas a la vez, hay fracturas expuestas, miembros aplastados, traumatismos. Todo ocurre a la vez. Traté a una muchacha con el fémur derecho fracturado justo al lado de la raíz de muslo. La energía necesaria para generar este tipo de herida es absurda; se trata de un traumatismo extremadamente violento. Un paciente quemado ya supone mucho trabajo, con esta clase de heridas, la cosa no hace más que empeorar. Era demasiado: acudía a nosotros alguien quemado pero también con el tórax abierto de par en par de forma que podían vérsele hasta las costillas.

Muchos de los que trabajaban contigo eran locales, personas que viven justo allí. ¿Cómo reaccionaban ante lo que estaba ocurriendo?
Una cosa es estar allí con MSF sabiendo que nuestra familia y amigos están a salvo. Y otra cosa es ir a trabajar sabiendo que tu familia está en peligro. Había veces, muchas veces realmente, cuando muchos de ellos no podían llegar al trabajo debido a la inseguridad. El mismo coordinador médico tuvo que llevar a su familia al recinto de MSF y estaba muy tenso. Un enfermero que tiene tres hijas pequeñas constantemente les engañaba poniéndoles música para que no escuchasen el ruido de las explosiones y contándoles que se trataba de una obra de teatro para que no se percatasen de la realidad. Su historia me emocionó.

¿Cómo eran los procedimientos de seguridad para el personal internacional?
Teníamos que estar juntos todo el tiempo, y esperar al coche de MSF. Sólo podíamos desplazarnos con permiso. En la casa de MSF en la que vivíamos había una habitación de seguridad, a donde íbamos siempre que había bombardeos. Realmente creo en los procedimientos de seguridad de MSF. La organización mantiene una buena relación tanto con el gobierno de Israel como con el de Palestina y nos respetan, lo que cambia mucho las cosas.

¿Hay algún paciente que te haya marcado más?
El día más emotivo para mí fue cuando vi a un paciente que había tratado en 2012. Víctima de una explosión a la edad de 7 meses, tuvo que someterse a varias operaciones quirúrgicas cuando cumplió los 3 años. Por aquel entonces, solía verle a diario en el programa de cirugía reconstructiva. Mí último día allí le pedí a su madre que le dijese en inglés que me marchaba. Me arrodillé para que pudiese mirarme a los ojos y me dijo, “Te quiero, Lili”. Inmediatamente, rompí a llorar. Tenía la sensación de que nunca volvería a verle de nuevo. Cuando llegué a Gaza, empecé a preguntar por él, y un buen día, completamente por sorpresa, le vi esperándome cuando regresé del hospital. Me dijo que se acordaba de mí y, naturalmente, me emocioné mucho.

¿Cómo fue la experiencia de estar allí al principio y al final de los varios alto el fuego?
Con la expectativa de un alto el fuego temporal, los equipos sanitarios salían a trabajar al hospital con toda normalidad, pero preparados para un aumento del número de pacientes tan pronto como el periodo de paz terminase. El ambiente era de miedo, ansiedad por lo que iba a ocurrir. No sé si volveré a sentir algo así de nuevo. Todos esperábamos al igual que toda la población, naturalmente, que se anunciase un alto el fuego duradero. Y cuando al final ocurrió, fue sorprendente. Todo el mundo lloró. Teníamos los sentimientos a flor de piel por el hecho de estar allí en este preciso momento. Puedes ver lo que la verdadera felicidad significa para toda la población. No es como cualquier otra celebración: sus vidas estaban en juego.

¿Volverías a Gaza?
Por descontado.

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