jueves, 23 de septiembre de 2010

Aprendices de brujo - lanacion.com

Aprendices de brujo
Hector M. Guyot
LA NACION

Jueves 23 de setiembre de 2010 | Publicado en edición impresa

El kirchnerismo se alimenta de la confrontación. En los años que lleva en el poder ha cambiado de antagonistas, pero lo que permanece inmodificable es su compulsión a abrir frentes de batalla señalizando enemigos contra los cuales inicia luchas irreductibles que no admiten treguas ni entendimientos. Se lucha para vencer, pero, más que eso, se lucha para luchar. Puede ser el campo, cierto sector del establishment , los medios críticos o, según parece ahora, la Corte Suprema. Más allá del oponente, la constante ha sido llevar el enfrentamiento hasta sus últimas consecuencias con el objetivo de someter y anular la voluntad del otro. La política como guerra. En esto, el gobierno de los Kirchner es indiscutiblemente peronista, al menos si tenemos en cuenta la forma en que concebía y ejercía la política el fundador mismo del movimiento, un militar cuya mirada estratégica de la acción política le debía mucho a Clausewitz.

En una Argentina donde las ideologías habían perdido consistencia, los Kirchner se apoyaron en las causas de las organizaciones defensoras de los derechos humanos para de allí pasar a reivindicar algunas de las luchas y los presupuestos de los años setenta. Aquello les procuró un barniz ideológico desde donde encender una mística que diera sustento moral a cada una de sus batallas, al tiempo que despejaba el camino de un populismo cada vez más abierto y asumido. Pero no sólo eso: de los setenta exhumaron también un pathos beligerante que les calzó como un guante. Muchos se sorprenden cuando la obstinación de los Kirchner agrava tensiones que habrían podido resolverse en una mesa de diálogo, o cuando se empecinan en batallas de las que obtienen más pérdida que rédito. Una batalla sigue a la otra para quien entiende la política como una guerra en la que el entendimiento con el otro, con el antagonista, es sinónimo de claudicación. Se lucha hasta el final.

De cualquier modo, en el trámite de la construcción de su populismo los Kirchner han traído el pasado al presente. Esta evidencia ya excede el discurso presidencial para manifestarse en la vida misma de la sociedad. Se ha vuelto a hablar de los años setenta. El hecho más relevante y notorio es la reapertura de los juicios a los militares que llevaron a cabo la represión durante la dictadura, al ser considerados sus crímenes delitos de lesa humanidad. Por otro lado, una serie de libros de investigación periodística recientes vuelven sobre las organizaciones guerrilleras para discriminar, bajo otra luz, la responsabilidad de su conducción. Parece claro que ese pasado estaba lejos de haber sido clausurado y que reclamaba tanto nuevas relecturas como el saldo de asignaturas pendientes. Hay allí heridas abiertas que son presente.

A más de tres décadas de aquellos años trágicos, no está mal que una sociedad vuelva los ojos hacia atrás para llegar a ciertos acuerdos honestos con un pasado doloroso cuyo horror, en los tiempos ligeros y hedonistas que corren, invitaría en primera instancia a mirar para otro lado. En la vida de un hombre o una mujer, aquellos episodios traumáticos del pasado que la conciencia niega son capaces de traicionar incluso las mejores intenciones. Todo lo diferido se va pudriendo, escribió la gran narradora española Carmen Martín Gaite. ¿A qué se debe, entonces, el clima enrarecido que hoy envuelve estas cuestiones y debates?

Posiblemente treinta años no sean suficientes para ofrecer una distancia adecuada. Al menos no lo son cuando desde el poder se utiliza el brutal y delicado pasado en cuestión como una mera arma para incidir en el presente. La falta de honestidad y de grandeza afecta incluso la perseverancia de aquellos que, desde algunos organismos de derechos humanos, habían venido trabajando con estos atributos.

Pero hay algo aún más inquietante: ningún uso del pasado resulta gratuito. Nadie puede recortarlo a voluntad, como la tela del saco que un sastre hace a medida. Quien manipula el pasado es un aprendiz de brujo que pone en juego elementos que lo exceden.

Tampoco se puede jugar al ajedrez con la historia. Lo quiso hacer Perón mismo, desde Puerta de Hierro, cuando para abonar el camino de su regreso al país tras los años de proscripción y exilio recibía e instruía a las distintas líneas de su movimiento, algunas de ellas fatalmente opuestas entre sí. Pudo volver, claro, pero una vez aquí, poco antes de morir, el odio y la violencia que él mismo había incentivado desde España le estallaron en las manos. Por la hendija que ahora le han abierto, ese viento que nadie maneja ha traído desde allí hasta nuestros días un odio que -uno elige pensar- no es de este tiempo.

© LA NACION
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el dispreciau dice: cuando los brujos saben de brujerías pero no de magia, el hechizo termina en frustración. Septiembre 23, 2010.-

Las ilusiones populistas - lanacion.com


Opinión
Las ilusiones populistas
Juan José Sebreli
Para LA NACION

Jueves 23 de setiembre de 2010 | Publicado en edición impresa

Las ilusiones populistas

La recuperación de la democracia despertó expectativas que no han sido satisfechas, y una de sus principales falencias fue no haber erradicado la pobreza y la marginalidad. Incluso, las agudizó. Este desencanto incita a los intelectuales populistas, a través de Ricardo Forster, mentor de la agrupación Carta Abierta, a hacer un balance pesimista de las casi tres décadas de restablecimiento de la democracia. Olvida, sin embargo, que la mayor parte de esos años sucedieron con gobiernos peronistas, y los últimos siete, con el kirchnerismo. Forster habla despreocupadamente, como si él no fuera un intelectual orgánico de ese movimiento, cuando debería hacerse cargo del aumento de la desigualdad social, que alcanza cifras sin precedente, con el vertiginoso enriquecimiento de los nuevos ricos de la era kirchnerista, incluidos los propios Kirchner y sus allegados (la "oligarquía plebiscitada", como la define Osvaldo Guariglia).

La supuesta redistribución del ingreso se reduce, a la manera de los bonapartismos del siglo XIX, a planes asistenciales, subsidios y prebendas clientelistas, en tanto que la proclamada recuperación del salario es socavada por la inflación, tema este del que el Gobierno no quiere ni puede hablar porque es una consecuencia inevitable del modelo económico populista, sesgado productor de pobreza.

Resulta paradójico que las sociedades relativamente más igualitarias, con menos inequidades e injusticia, sean regímenes de democracia liberal que no conocieron el populismo y en los que se alternaron la democracia liberal y la socialdemocracia, estigmatizadas por el populismo como la derecha. Sin ir más lejos, nuestros vecinos, Chile y el Uruguay, gozan de instituciones estables y a la vez, dentro de sus limitadas posibilidades, de una disminución de la desigualdad. En cambio, en el país líder del neopopulismo latinoamericano o del llamado socialismo del siglo XXI, la Venezuela de Chávez, a pesar de su riqueza petrolera y minera, no se ha erradicado la pobreza y, por el contrario, aumentó la desigualdad social.

Hay otros ejemplos paradigmáticos de que el populismo no es la mejor manera de combatir la pobreza. Los dos descensos más dramáticos del salario real de los trabajadores se produjeron bajo gobiernos peronistas: el Rodrigazo, con Isabel Perón, y la devaluación y pesificación asimétrica con Duhalde. Pero las estadístícas y los datos concretos rara vez aparecen en los textos abstractos y doctrinarios de los intelectuales de Carta Abierta. Tampoco hablan demasiado del crimen, la violencia, el alcoholismo, la droga, porque los consideran temas exclusivos de la derecha o meras impresiones mediáticas.

Los intelectuales de Carta Abierta creen expresar al auténtico progresismo combatiendo las corporaciones, pero adhieren a un gobierno apoyado en las peores: el sindicalismo corrupto, los empresarios subsidiados, las dinastías provinciales, los barones del conurbano cómplices del narcotráfico, los políticos tránsfugas.

En un artículo reciente publicado por una revista semanal, Forster objeta a los opositores y a la sobrevaloración de lo que llama, siguiendo a su maestro Ernesto Laclau, "dimensión institucional y legal" (nueva denominación del desgastado término "formalismo burgués"). La división de poderes, la libertad de expresión, el debate legislativo, constituirían, según Laclau-Forster, obstáculos para la satisfacción de las demandas de las clases populares. Podría suponerse que la estatización de los medios que oculta la batalla contra Papel Prensa se justificaría por entender la libertad de prensa como otro formalismo liberal que debería ser regulada por un estado "nacional y popular".

Laclau, ex trotskista-peronista convertido al posestructuralismo, sucumbió también a la fascinación de Carl Schmitt, jurista nazi rehabilitado por la izquierda posmoderna, que postula la división de la sociedad en amigos-enemigos, el decisionismo contra el debate parlamentario, el movimientismo contra el pluralismo y el poder del líder contra la mediación de los partidos y las instituciones republicanas. Todo esto concuerda muy bien con el kirchnerismo. Cristina K se dice discípula de Chantal Mouffe, mujer de Laclau.

Tanto Forster como Laclau incurren en una falsa dicotomía entre igualdad y libertad, compartida, aunque con signo contrario, tanto por la izquierda como por la derecha no democráticas. Después de la trágica experiencia de los totalitarismos de izquierda del siglo pasado no se puede seguir sosteniendo la necesidad de limitar las libertades para alcanzar la igualdad: por el contrario, no puede haber igualdad donde no hay libertad. Igualdad de derechos y de oportunidades, y condiciones sociales adecuadas para elegir el propio estilo de vida, son inseparables.

Es un avance que Forster haya abandonado, por un momento, los discursos dogmáticos de Carta Abierta para entrar en el debate en un lenguaje llano. Pero el anterior hermetismo de la jerga academicista y neobarroca ocultaba el simplismo de sus ideas. Con el estilo actual, en cambio, queda en evidencia la "pobreza argumentativa" y la "chatura intelectual" de las que acusa a sus contrincantes. Incurre así en burdos insultos, por ejemplo animalizar a los adversarios usando, como categoría política, la palabra "gorila", extraída de un viejo programa radial cómico.

En su crítica a la oposición, Forster me menciona junto a Beatriz Sarlo y de paso cumple con el obligado ataque a los medios, relacionándonos con Mariano Grondona y Joaquín Morales Solá. Por lo que a mí respecta debo señalarle que no conoce mis ideas o que las distorsiona para mejor desvalorizarlas. No "invisibilizo" la trayectoria del liberalismo a lo largo de nuestra historia. Reivindico la modernización, secularización e integración y ascenso social de las masas inmigratorias por medio de la educación para todos proyectada por Sarmiento y llevada a cabo por la Generación del 80, hoy satanizada por los historiadores populistas. Pero no desconozco la historia lamentable del liberalismo conservador en el siglo XX, su adhesión a las dictaduras militares y a un tradicionalismo contrario a la ilustración y la modernidad del liberalismo clásico. Asimismo reivindico la historia de la izquierda democrática de los primeros tramos del siglo pasado, pero no oculto su degradación, en la segunda mitad, en un populismo de izquierda que, abandonando su internacionalismo de otra hora, se ha vuelto vocero de un nacionalismo estatizador anacrónico en un mundo global y posindustrial, y que apoyó a las dictaduras más reaccionarias del Tercer Mundo, incluida la irresponsable aventura de Galtieri.

Más allá del socialismo y del liberalismo, del autoritarismo antidemocrático de izquierda o de derecha, creo en la necesidad de llegar a un delicado equilibro entre individuo y sociedad, estado y mercado, libertad e igualdad, reconociendo que el Estado no debe sustituir al mercado, pero, a la vez, no puede renunciar a tareas que le son inherentes: la educación, la salud, la seguridad, la justicia, en las que, precisamente, el kirchnerismo no se ha mostrado eficaz y ni siquiera demasiado interesado.

También se equivoca Forster cuando me acusa de hacer una amalgama abusiva entre kirchnerismo, fascismo y totalitarismo. Solo hablé de un toque totalitario en la falsificación de la historia argentina, en los cuadros alegóricos de los festejos del Bicentenario y en la clase magistral de la Presidenta sobre la historia de los años setenta.

Más aún, los Kirchner no llegaron ni siquiera a construir un populismo cabal como lo hicieron Perón y ahora Chávez, porque le faltan algunos de sus elementos constitutivos: ni Néstor ni Cristina son líderes carismáticos ni tienen capacidad de convocatoria para movilizar a las masas -fuera de algunas minorías universitarias-, ni suscitan adhesiones apasionadas. Y un populismo frío es una contradicción en los términos.

© LA NACION
Las ilusiones populistas - lanacion.com

el dispreciau dice: las conductas populistas no conducen a buen puerto, tampoco dejan nada bueno a la sociedad, no obstante ello la clase política reincide e insiste en el error del facilismo... pero una importante porción de la sociedad sigue el criterio, y el embudo además hacerse estrecho se transforma en unb filtro que consume esfuerzos. ¿Qué lo alienta?... indudablemente el hecho que el país habla de democracia pero no la cultiva, del mismo modo que lo hace de otras cosas pero no las focaliza. Argentina está dejando finalmente de ser una República. A decir verdad, ya no se sabe bien qué es. Hay gobernadores que intentan despegarse de la barbarie pero el efecto "licuadora" los atrapa. Hay muchos intendentes que intentan tomar distancia de la tela de araña tejida por las inconsciencias y las necedades, las soberbias y las negligencias, pero en un extraño efecto complementario quedan atrapados nuevamente en la tela de araña de los fantasmas que regresan por más. En dicho juego, el sindicalismo tiene poder a expensas de sacrificar "coherencias" y beneficiar a pocos en desmedro de los muchos, y detrás de ello, el empresariado nacional (incluyendo muchas multinacionales) enseña una vez más que el virtualismo no conduce a ningún puerto... detrás se encolumnan las falsas aspiraciones de dirigentes del campo devenidos en legisladores, así como los dueños de campos devenidos en "referentes" de la nada, capitanes sin barco pero con las luces de Buenos Aires deslumbrando sus conocidas incapacidades. Argentina se debate entre el futuro necesario y el regreso al lado más oscuro de la historia... todo parece indicar que esto último es lo que finalmente sucederá. Reavivar los fuegos "montoneros", los del "erp", desmereciendo lo actuado durante los ochenta, aparece como un desatino más de los tantos enseñados cada día, en esta triste escalada hacia histeria y su eterna lucha con la catarsis. Argentina ha perdido una vez más el rumbo y su destino está mostrando una nueva frustración, cuyo responsable, es su propia sociedad que permite que esto ocurra a manos de una clase política fuera de tiempo. Septiembre 23, 2010.-

miércoles, 22 de septiembre de 2010

ATADOS AL PASADO

Editorial I
La invocación del enemigo
La Presidenta exhibe una sugestiva involución melancólica que revaloriza los sangrientos años setenta

Miércoles 22 de setiembre de 2010 | Publicado en edición impresa

Que el discurso oficial se expresa siempre en términos de conflicto no es novedad. Sin embargo, en los últimos días, varios altos funcionarios han decidido enfatizar ese rasgo incorporando a sus mensajes el término "enemigo". El ministro de Trabajo, por ejemplo, al referirse días atrás a un sector de la oposición cuya identidad mantuvo en reserva, aclaró durante un seminario: "No hablo de nuestros adversarios, hablo de nuestros enemigos". En el mismo ámbito, el vicejefe de Gabinete, uno de los principales asesores de los Kirchner, utilizó por lo menos cinco veces la misma palabra.

Esta innovación verbal confirma que el Gobierno se siente instalado en una fase beligerante. La incursión del secretario de Comercio ataviado con guantes de box en una asamblea societaria de Papel Prensa puso de manifiesto, con un patetismo que nadie garantiza mejor que Guillermo Moreno, el mismo espíritu que emanaba del respaldo de Cristina Kirchner y su esposo a la acción directa de los estudiantes porteños que tomaron colegios. No debería causar extrañeza esa actitud en un oficialismo que apeló a fuerzas de choque para castigar a manifestantes pacíficos durante el conflicto agropecuario.

Cuando el adversario se transforma en enemigo, no cabe negociar ni pactar con él. Sólo atemorizarlo y someterlo. La crítica y el disenso, en vez de ser alentados como la expresión de una pluralidad enriquecedora, son vistos como una agresión. La negación del diálogo es otro aspecto de esta interpretación particular de la política. Ayer, durante un acto en Morón, la Presidenta dijo que sentía "profunda vergüenza" por la oposición y volvió a insistir en "los palos en la rueda y las operaciones a las que somos sometidos".

En esas líneas argumentales, el Gobierno encuentra justificación para muchas de sus prácticas aberrantes. Todos los instrumentos del Estado, desde los servicios de inteligencia hasta el aparato de recaudación, son alineados detrás de un mismo objetivo, que es el combate contra ese enemigo. Como en la guerra, el aire comienza a viciarse por el miedo y la incertidumbre. Con el paso del tiempo, el mensaje se va divulgando: para evitar escarmientos, más que cumplir con la ley, conviene ser amigo. Es lógico: el amigo disfruta de una normativa distinta que el enemigo. La diferencia no está escrita, sino que la establece de manera más o menos caprichosa quien está a cargo del Estado.

La clasificación amigo-enemigo fija un orden primitivo y desigual, en el cual el poder es entendido como avasallamiento. Como lo enseñó Carl Schmitt, al vínculo amigo-enemigo le corresponde la relación de mando-obediencia. En un reino como ése, la ciudadanía es sustituida por la militancia.

Los Kirchner se muestran muy apegados a esta mentalidad, que exaltan en sus permanentes referencias al pasado. En los últimos días estos motivos tuvieron una exhibición muy elocuente en el discurso que pronunció la Presidenta en el Luna Park, delante de los simpatizantes más jóvenes de su gestión. Haciendo alarde de un espíritu faccioso, pidió ser escuchada como militante y no como jefa del Estado. Es decir: había que esperar cualquier mensaje menos uno que convocara a la unidad nacional. En efecto, así fue.

La Presidenta dedicó a su público una de sus habituales versiones mitológicas del pasado. Propuso una visión idealizada de los años setenta, sobre el eje narrativo de una "juventud maravillosa" que fue masacrada por los que querían destruir "la matriz de nuestra identidad". En la presentación de los hechos quedó eludida cualquier referencia a la dramática irrupción de la violencia en la vida nacional. No se mencionaron los secuestros extorsivos ni los asesinatos cometidos por las agrupaciones guerrilleras, convertidas pronto en bandas terroristas. Tampoco se consignó la tenebrosa respuesta que el gobierno constitucional de entonces, ejercido por el partido al que pertenece la Presidenta, le dio a esa insurgencia armada, engendrando organizaciones parapoliciales como la Triple A. Toda esa experiencia, que condujo a la sociedad argentina a la noche negra del golpe de Estado y de la represión ilegal, no mereció una sola descalificación por parte de la señora de Kirchner. Identificada con los combatientes que se levantaron contra la democracia, aquello no parece haber sido para ella un error. Apenas fue una derrota que, probablemente, la Presidenta pretenda revertir con su exaltación discursiva.

Esta tergiversación casi pueril de la historia no es perniciosa sólo porque reinstale en el seno de la democracia argentina el aprecio por la violación del Estado de Derecho y la noción de que, si se trata de perseguir algunos ideales, bien pueden suspenderse algunas normas (la misma Presidenta, por ejemplo, ha comenzado a distinguir entre dictaduras malas y dictaduras menos malas según el grado de proteccionismo económico que defendieran). El recurso incesante a un pasado adulterado revela también una dificultad llamativa para hablar del futuro, para imaginarlo, para convocar hacia él. La jefa del Estado transmitió un mensaje muy poco edificante a los jóvenes que la escuchaban: lo mejor ya pasó, y fue un combate, con sangre y fuego.

Fernando Henrique Cardoso suele hacer notar que las nuevas formas del populismo latinoamericano se caracterizan porque invitan a alcanzar utopías regresivas. Es decir, renuncian a la idea clásica de progreso y proponen retornar a una instancia anterior, modélica. Para esas representaciones, los esfuerzos del presente deben conducir a reponer aquel pasado. El Gobierno, con su invocación reiterada del "enemigo" y su involución melancólica hacia el pasado sangriento de los setenta, da la impresión de haberse puesto manos a la obra.
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1306992

el dispreciau dice: los años setenta en toda su extensión no le dejaron nada a la República Argentina, por el contrario, le restaron y mucho. Le restaron vidas, le restaron ideas, le restaron capacidades, le restaron mañanas, instalándonos en un estado de conflicto y confrontación que ha demostrado no servir para nada ni tampoco para nadie (socialmente hablando). Finalmente se demostró que algunos secuestros habían sido "negocios"... así como se demostró que ni montoneros ni tampoco el erp estaban en condiciones de aportar nada al país y su gente. Las consecuencias por todos conocidas dejaron un tendal de víctimas inncesarias pero al mismo tiempo habilitaron a las revanchas, esas que nunca faltan. Los juicios y las consideraciones de los ochenta comenzaron a cerrar una herida que las conveniencias y los oportunismos han abierto nuevamente, induciendo que la sangre corra nuevamente (con otros mecanismos) y que se imponga otra vez el estado de indefensión social, instalado previamente durante los noventa mediante dos atentados sangrientos (no resueltos), así como habilitando a que el país comience a estar dominado por organismos delictivos con el guiño del poder de turno. Argentina se sume nuevamente en la confrontación y la histeria, al tiempo que sus gentes se consumen por la pobreza y el verse sometidos a la conducción de secuestros, robos, asaltos, tráfico de drogas, etc. desde las propias cárceles, nuevamente con el guiño estratégico de alguien, ese mismo que negará a rajatabla cualquier vínculo, para luego declamar derechos humanos, y más tarde hacer discursos sobre la moral, los valores y la importancia del civismo. Mientras tanto el país sucumbe. Cada gestión tiene su estilo, pero en esta oportunidad la gestión ha abierto tumbas permitiendo que salgan sus fantasmas y ha desenterrado lanzas olvidadas, para recrear la necesidad de sustentarse en la confrontación. La escalada sigue su curso y la sociedad argentina asiste una vez más a la inducción de un nuevo estado de frustración... esto demuestra que finalmente, aquella triste lección de los setenta (ni qué hablar de las previas), nunca fue aprendida. Septiembre 22, 2010.-

martes, 21 de septiembre de 2010

SIN EDUCACIÓN NO HAY VIDA

Editorial I
Sin educación no hay trabajo
El problema de los jóvenes que no estudian ni trabajan exige cambios para vincular más a la escuela con el mundo laboral

Martes 21 de setiembre de 2010 | Publicado en edición impresa

Los problemas cotidianos postergan a menudo el tratamiento de las cuestiones más severas que afectan a nuestra sociedad. Entre esas cuestiones pendientes, que afectan el presente y el porvenir, está el problema de los jóvenes que no estudian ni trabajan.

Se trata de un tema inquietante, cuya vigencia sólo promete mayores penas en el futuro. Recientes informes de distintas instituciones confirman anteriores datos sobre el tema. Así, la Escuela de Economía de la Universidad Católica Argentina (UCA), en un reciente documento, ubica al 25 por ciento de nuestros jóvenes entre 18 y 24 años en esa franja del no trabajar ni aprender. Por su parte, el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) señala que si sólo el 33 por ciento de los alumnos secundarios concluye los estudios de ese nivel en el tiempo previsto, en el 66 por ciento restante están los potenciales repetidores o los que se convertirán en desertores del sistema.

Es obvio que la mayor probabilidad de encontrar trabajo decente -como lo denomina la OIT- exige la posesión de habilidades que se adquieren a través del curso de la escolaridad primaria y secundaria. No prepararse, abandonar las aulas precozmente, torna luego inaccesible el ingreso a labores que den margen a un desarrollo positivo del empleado. Las opciones que suelen presentarse son limitadas, informales, de alta rotación, mal pagas. Esa es la oferta residual que queda para quienes no están mejor capacitados; de ahí que se estime en un 20 por ciento el desempleo de nuestros jóvenes, índice expresivo de la gravedad de la situación.

La dimensión del problema en el panorama mundial es, también, muy seria. La OIT ha estimado en 81 millones el número de desempleados juveniles. Se conjugan en esa cifra dos factores de distinto carácter: baja preparación de los aspirantes y pocas oportunidades laborales para ellos.

Es lógico interrogarse acerca de las causas que inciden en este problema, particularmente en los jóvenes de nuestro país. Al respecto, el director del Idesa, Jorge Colina, pone el énfasis en el deterioro socioeconómico de las familias; la crisis valorativa que padecen las actuales generaciones, en las que se margina el mérito del estudio, el trabajo y el esfuerzo, y la pérdida del sentido de la autoridad.

No es difícil, tampoco, vincular el problema con el descenso en la calidad de nuestra enseñanza. Desde otra perspectiva, el director de la Escuela de Economía de la UCA, Patricio Millán, subraya la importancia de las intervenciones tempranas de la escuela para resolver la problemática de los alumnos que van demostrando con sus ausencias el riesgo de su próximo abandono. Un inicio de ese control fue posible en la primera mitad del siglo pasado en el nivel primario. Esa gestión se llamaba obligación escolar.

Es claro que concierne al sistema educativo y, sobre todo, a la escuela media encarar parte de los cambios necesarios para modificar esta ingrata realidad de jóvenes sin iniciativas para capacitarse ni para proyectar sus vidas hacia el futuro a través de la dignidad del trabajo. Pero el problema es complejo y atañe a la sociedad en pleno.

Esto implica la necesidad de poner en marcha una mejor alianza de las modalidades laborales que ofrezca la escuela con las demandas actuales de la economía o bien una administración racional de planes de ayuda social que no tiente a permanecer en la pasividad a quien recibe un beneficio que lo hace rehén de un gobierno. Así, también, sigue siendo de la familia la tarea de cimentar un sentido de los derechos y también de los deberes que conciernen a los menores frente a la escuela y las obligaciones que ésta supone: aprender, disciplinarse y comprender sus responsabilidades sociales.
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1306667

el dispreciau dice:
1. ARGENTINA contiene hoy a 17 millones de pobres, marginados, indigentes, olvidados, omitidos...
2. Asumiendo que la población argentina es de 40 millones de habitantes (aproximadamente), es fácil pensar que el 50% de su sociedad está técnicamente "excluida"
3. Contener a una población de excluidos de semejante magnitud desmerece a la sociedad misma tanto como a la condición humana
4. Dicha marginación induce a un progresivo alejamiento de los valores, de las pautas educativas, de las responsabilidades, de los compromisos, de la cultura del trabajo, de la consideración de los esfuerzos, del cultivo de las voluntades, de la motivación, del ejercicio neuronal, pero peor aún, pierde el sentido de comunidad y de cultura de la comunidad
5. Argentina acumula en algunos sectores a tres generaciones que no saben qué es la educación ni tampoco qué es el trabajo, por ende está gestando una sociedad frustada y con su dignidad altamente custionada y/o dañada
6. La usencia de políticas públicas que reviertan el modelo de exclusión favorece que éste se expanda al modo de un tumor
7. El modelo de exclusión en Argentina ha cumplido veinte años de continuidad, de expansión, de atropello y de consumir personas y destinos
8. La marginación puede observarse a simple vista en la calle de cualquier ciudad del país, tanto como la exclusión puede apreciarse en el estado de las escuelas, en las vestimentas de los niños o de los adolescentes, en los rostros de los adultos
9. Curiosamente, la falta de pautas educativas y culturales también ha alcanzado a los jóvenes que están contenidos en familias con adecuados recursos económicos, prueba de ello es el alto consumo de estupefacientes, el alto consumo de psicotrópicos, el alto consumo de alcohol, el desprecio por la vida y el culto a "no hacer nada" durante todos los días
10. El Estado ya no es parte de la sociedad argentina, es un "ajeno" que se ha apropiado del poder y somete a las personas a sus designios por fuera de pautas republicanas o bien utilizando mecanismos democráticos para sostenerse al modo de una dictadura. El Estado desconoce las necesidades sociales tanto como las usa para su provecho propio, burlando el destino social tanto como los criterios públicos. Esta no es una conducta de tal grupo o de tales personas, antes bien es una conducta expresada por toda la clase política, sus funcionarios acompañantes, el sindicalismo, el empresariado, dirigentes sectoriales, la iglesia católica, que han descubierto que la "exclusión" es un negocio y que la "pobreza" les asegura perdurabilidad
Septiembre 21, 2010.-

lunes, 20 de septiembre de 2010

A contramano del mundo - lanacion.com


Problemas y desafíos de la universidad argentina
A contramano del mundo
Alieto Aldo Guadagni
Para LA NACION

Lunes 20 de setiembre de 2010 | Publicado en edición impresa

A contramano del mundo

La Universidad juega un rol central en determinar las posibilidades de cada nación de construir una sociedad próspera y equitativa. Una buena universidad es crucial para promover el crecimiento económico y la acumulación de capital humano. Ninguno de los países que han demostrado capacidad para crecer sostenidamente mejorando el nivel de vida de su población y abatiendo la pobreza lo ha podido hacer marginando la universidad y sin prestar atención a la calidad de la enseñanza que imparte.

Las naciones exitosas se han preocupado por garantizar la calidad de su enseñanza universitaria, procurando además que fuesen cada vez más los ingresantes provenientes de sectores socialmente postergados. También estos países se han preocupado por construir una matrícula universitaria que apuntara hacia el futuro y no estuviese anclada en el pasado; es decir, han enfatizado las disciplinas científicas y las nuevas orientaciones tecnológicas en respuesta a las nuevas exigencias de la producción y el empleo en el mundo globalizado.

Todas las naciones que hoy lideran el crecimiento mundial apuntan a incrementar el ingreso a la universidad de crecientes contingentes de estudiantes. Pero, y esto es importante que los argentinos lo reconozcamos, ninguna de estas naciones pensó nunca en bajar el nivel de exigencias académicas. Por el contrario, apuntaron a incrementar la matrícula a partir de la mejora de la calidad de la enseñanza secundaria, permitiendo así establecer rigurosos criterios para ingresar en la universidad.

Cada vez habrá más estudiantes universitarios, lo cual es un hecho positivo, pero es crucial asegurar que ingresen en el nivel superior bien preparados, ya que cantidad sin calidad no resulta un hecho auspicioso.

Este es el siglo de la universidad: cada vez son más los estudiantes universitarios en todo el mundo. Hacia 1970 eran apenas 28 millones en todo el planeta, mientras que ya superan los 160 millones. En la primera década de este siglo, se ha acelerado el crecimiento de la matrícula, que ya apunta hacia su duplicación. Y América latina no es ajena a este proceso, ya que hay hoy nada menos que once veces más universitarios que en 1970. A nivel individual, la graduación universitaria abre nuevos horizontes con calificaciones profesionales más exigentes, permitiendo así acceder a mejores empleos. Las mejores oportunidades de desarrollo humano, no sólo las laborales, estarán principalmente abiertas a los graduados universitarios bien preparados.

Desde el punto de vista de un país en su conjunto, el incremento en la graduación universitaria es positivo en términos de expansión del capital humano, condición necesaria para que una nación enfrente hoy la globalización tecnológica y productiva. Sin superar exitosamente este desafío se postergan las legítimas ambiciones de construir una sociedad próspera. Pero, si además el incremento en la matrícula ocurre principalmente en las disciplinas científicas y tecnológicas, aumentarán las competencias para innovar y así crecer en la competitiva sociedad del conocimiento del siglo XXI.

Hoy las tasas de graduación universitaria más altas corresponden a países desarrollados donde más de 30 jóvenes de cada 100 en edad para graduarse han obtenido un título universitario. En nuestro país, apenas 14 jóvenes cada 100 en edad de graduarse obtienen un título universitario. Este nivel de graduación es reducido, a pesar de que son numerosos los estudiantes, configurando una situación anómala caracterizada por "muchos alumnos y pocos graduados". Nuestro nivel de graduación es inferior al de Panamá, Brasil, México, Chile y Cuba.

Es importante prestar atención a si los sistemas universitarios están preparados para enfrentar los requerimientos del mundo moderno de la producción y del trabajo. En este sentido, es preocupante que la participación de los graduados en ciencias y tecnología en el total de graduados universitarios en nuestro país sea reducida, no solamente muy por debajo de los países asiáticos, sino también por debajo de países latinoamericanos, como México, Colombia y Chile.

Nuestro esfuerzo de formación de graduados en estas disciplinas está a cargo de las universidades estatales, ya que la participación de estas carreras en la matrícula de las universidades privadas es escasa. La enseñanza universitaria tiene un alto costo económico comparado con los niveles inferiores (primario y secundario). Inciden en estos costos no sólo los gastos presupuestarios, sino también el costo de oportunidad laboral correspondiente a los estudiantes, que por sus edades podrían estar ya aportando a la fuerza laboral productiva. La manera razonable de reducir los costos de graduar a un profesional es maximizar la proporción de estudiantes que completan sus estudios en el lapso previsto en el plan de estudios de la carrera.

Veamos nuestra realidad universitaria comparándola con otra nación. Desde ya que no elegiremos ni Japón, Australia, Reino Unido, Holanda o Suecia, sino a nuestro gran socio en el Mercosur. Anualmente se gradúan en Brasil más de 800.000 universitarios, mientras nosotros apenas graduamos 95.000. Claro que ellos son 192 millones de habitantes y nosotros, apenas 40, pero ellos gradúan 4,2 profesionales cada 1000 habitantes y nosotros, apenas 2,4. Hay una enorme diferencia.

Por eso uno se puede preguntar por qué Brasil gradúa 8,4 veces más universitarios que nosotros, cuando tienen apenas 3,5 veces más estudiantes. La respuesta es obvia: las cifras de Brasil son las normales en la mayoría de los países, desde Japón, China, Francia, a México y Chile. Las que están a contramano son las nuestras.

Nuestro sistema universitario maximiza la cantidad de estudiantes, pero minimiza la cantidad de graduados, particularmente en las carreras científicas y tecnológicas, ya que nuestra matrícula sigue anclada en el siglo XIX, sin ingenieros, físicos, químicos, matemáticos, agrónomos, es decir sin profesionales para el mundo moderno de la producción. Brasil gradúa en el ciclo normal de las carreras al 63 por ciento de los ingresantes; nosotros, apenas 26. Estas cifras asombran y nos deberían preocupar, ya que indican que estamos frente a un serio problema.

En la Universidad Nacional de Salta, por ejemplo, se graduaron en 2008 apenas 4,9 de cada 100 estudiantes que ingresaron cinco años antes; en Jujuy, 5,6; en la Universidad Nacional del Comahue, 5,8, y en la de La Rioja, 7,1. El valor más alto en graduación entre las universidades públicas le corresponde a Córdoba, con 40 graduados cada 100 ingresantes, como se ve, debajo de los 63 del Brasil. Esto significa que mientras en Brasil hay 6,3 estudiantes por cada graduado, en nuestras universidades estatales hay nada menos que 20 y en algunas, como Salta, 84. Esto multiplica el costo que el país afronta. Y recordemos que este costo es soportado esencialmente por la mayoría pobre que no asiste ni asistirá a la universidad, por la simple razón de que no concluye la escuela secundaria.

¿Cómo se pueden explicar estas grandes diferencias con Brasil? Ninguna respuesta puede omitir que Brasil implantó en 1998 el ENEM ( Exame Nacional de Ensino Medio ) para los egresados del nivel secundario. Durante el gobierno de Lula, más de 40 de las 55 universidades federales brasileñas adoptaron el ENEM en sus procesos de admisión de estudiantes, incluso algunas exigiendo además el tradicional examen "vestibular".

La Argentina adopta un sistema universitario muy poco imitado en el mundo, en el cual la inmensa mayoría de los estudiantes no se gradúan, cuadruplicando así el costo de tener un profesional. Como son pocos los estudiantes que provienen de familias pobres, el sistema argentino no sólo es ineficiente, sino altamente regresivo.

Todas las naciones que hoy lideran el crecimiento y la prosperidad mundial apuntan a incrementar el ingreso a la universidad de crecientes contingentes de estudiantes. Pero, y esto es importante que los argentinos lo reconozcamos, ninguna de estas naciones pensó nunca en bajar el nivel de exigencias académicas, por el contrario apuntaron a incrementar la matrícula universitaria a partir de un proceso de mejora sostenida de la calidad de la enseñanza del nivel secundario, permitiendo así establecer rigurosos criterios para ingresar en la universidad.

La universidad debe estar abierta a todas las clases sociales, pero el ingreso debe comprometer el esfuerzo intelectual de los aspirantes. El mundo no va a contramano, vamos nosotros. © LA NACION

El autor es miembro de la Academia Nacional de Educación
A contramano del mundo - lanacion.com

el dispreciau dice: la educación no es prioridad política del estado. El estado como tal declama sobre la educación, pero finalmente la desprecia, porque un país y una democracia que sostengan un alto perfil crítico no es bienvenido en este modelo retrógado de personalismos y miserias humanas. Argentina supo distinguirse por su nivel educativo, pero era otra época, otro país, otra consciencia social... hoy dominan la pobreza, la marginación, la indigencia, el olvido, el hambre y los suculentos subsidios que le sirven a una clase política esencialmente pobre "de mente". Ante dicha realidad, la universidad es un frontón. O sirve a los intereses políticos del poder de turno o es un "enemigo potencial" al que hay que desmerecer y minimizar. Este modelo prefiere lo segundo, y de allí que dé un discurso en una dirección para luego ir por la contraria. Cabre preguntarnos si esto que transitamos es una democracia, y cabe preguntarse también si nuestro país sigue siendo una república. Indudablemente ya no somos ni lo primero ni lo segundo... y cada día que pasa estamos más lejos de ser reconocidos como tales. La educación ausente se revela en la agresión permanente a la opinión del otro, a la descalificación contínua del padecimiento ajeno, al impulso de fuerzas de choque que contengan el ideario, al desmerecimiento de la cultura, a la imposición de un pálido terrorismo de estado que carcome las entrañas de la sociedad cada vez que algo le conviene. En dicho sentido no hay diferencias entre las inculturas políticas que enseña el conjunto, esto es que es lo mismo un radical que un peronista, un macrista que un socialista, un coalicionista que un oportunista (de los tantos que hay). Todos son iguales, semejantes, equivalentes, a ninguno le interesa el país y mucho menos su gente... De allí en adelante cabe reflexionar que las instituciones civiles se encolumnan tras la idea del menor esfuerzo, por ende dicha idea es consonante con los intereses políticos, y en dicho contexto la educación es una carga pesada que hay que destruir. Por ello vamos a contramano del mundo (que tampoco anda muy bien en sus neuronas ni en sus equilibrios), y todo indica que la intencionalidad nos conduce a un modelo social lamentable, ni qué hablar del político. Septiembre 20, 2010.-

domingo, 19 de septiembre de 2010

DEPREDADORES DE FUTUROS - Divino tesoro - lanacion.com


Emblemático. Fuente de atracción para turistas, el Perito Moreno, en El Calafate, tiene cerca de 260 km2 de superficie. Ver mas fotos

Documento
Divino tesoro
Mientras el Congreso argentino discute un proyecto para protegerlos, los reservorios más grandes de agua bebible de la Tierra están amenazados. ¿Qué les pasa a los glaciares y qué significan para el planeta estos gigantes helados?

Domingo 19 de setiembre de 2010 | Publicado en edición impresa


No sería errado llamarlos centinelas del planeta. No, si se tiene en cuenta que hacia fines de los 70 fueron los primeros que dieron alarma sobre un fenómeno del que en ese entonces pocos hablaban. En distintas latitudes, esas moles de hielo comenzaban a acusar impacto del explosivo proceso de industrialización/modernización y su consecuencia principal: una concentración en la atmósfera de gases de efecto invernadero -dióxido de carbono, metano, compuestos clorofluorocarbonados- como nunca en la historia se había registrado, el puntapié del mentado calentamiento global.

"Los glaciares cumplen una función regulatoria de los sistemas hídricos. No regulan directamente el clima, pero indican qué está pasando con éste: los primeros que dieron señales de que «algo» ocurría desde el punto de vista climático fueron ellos. Pasaba en los Alpes europeos, en las montañas del oeste de América del Norte y en nuestra Cordillera, donde en términos generales comenzaban a sufrir un proceso de adelgazamiento o pérdida de espesor, un «retroceso»", explica desde Ushuaia Rodolfo Iturraspe, ingeniero en recursos hídricos, director de Manejo de Cuencas de la Provincia de Tierra del Fuego y docente investigador de la Universidad de la Patagonia San Juan Bosco.

Los glaciares ocupan aproximadamente el 10% de la superficie del globo y contienen cerca del 75% del agua dulce de la Tierra. Formados a lo largo de distintos períodos geológicos, son la mayor reserva de agua bebible del planeta y es por eso que tanto se habla de ellos, ante la inminencia de la sanción de la Ley de Presupuestos Mínimos para la Protección de los Glaciares y del Ambiente Periglacial en nuestro país.

La Argentina está bien posicionada en la materia. "Sudamérica tiene aproximadamente 30.000 km2, con Chile a la cabeza, cuyos glaciares ocupan más de 20.000 km2. La Argentina viene después. Con excepción de la Antártida, esta región es la que contiene la mayor extensión cubierta por glaciares del hemisferio sur, y somos uno de los pocos países que cuentan con varios miles de km2 de glaciares en su territorio. El glaciar Viedma, en el Parque Nacional Los Glaciares, tiene unos 1000 km2 de extensión, el más grande de Argentina. El famoso glaciar Perito Moreno tiene cerca de 260 km2 de superficie. Estos, junto con otros, como el Upsala, de unos 800 km2, drenan el Hielo Patagónico Sur en la provincia de Santa Cruz", escribe desde Mendoza Mariano Masiokas, doctor en geografía e investigador asistente del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla), principal organismo científico consultado para la elaboración de la ley, dirigido por el doctor Ricardo Villalba.

"Los glaciares se forman en lugares específicos del planeta, como regiones polares o montañosas -explica Masiokas-. Si bien existen muchas definiciones, podría decirse que es un cuerpo permanente de hielo -formado en la superficie terrestre por acumulación, compactación y recristalización de la nieve- que muestra señales de movimiento por acción de la gravedad."

A menudo se escucha que los glaciares retroceden. "En realidad, no podrían hacerlo -explica Mariano Masiokas-. Los glaciares se mueven cuesta abajo por acción de la gravedad, y por eso no «retroceden». La pérdida de hielo en el frente (por derretimiento o por desprendimiento de icebergs) es mayor que el aporte de hielo de las partes altas. Entonces, el frente del hielo va quedando cada vez más retirado, y si se observa este fenómeno durante varios años parecería que el glaciar ha «retrocedido»."

A lo largo y a lo ancho de la cordillera de los Andes, en nuestro país, hay una enorme cantidad y variedad de glaciares. "En el Noroeste, pocos, porque las precipitaciones son tan bajas que no alcanzan para mantener cuerpos de hielo de importancia, aun cuando las cimas de muchos cerros y volcanes estén por debajo de 0°C gran parte del año -describe Masiokas-. En el Centro-oeste, las nevadas invernales son más abundantes y la altura de la Cordillera sigue siendo muy elevada. Eso permite el desarrollo de un mayor número y tamaño de glaciares, pero las condiciones son áridas y presentan una parte importante de sus «lenguas» cubiertas por detritos o escombros. En Neuquén y en Río Negro hay más humedad, pero la altura media de la Cordillera es mucho menor y los glaciares están concentrados en los picos más altos, por ejemplo, en el volcán Lanín o el cerro Tronador. Más al Sur, la Cordillera tampoco es muy elevada, pero las precipitaciones son abundantes y la temperatura, lo suficientemente baja. Eso permite la formación y el mantenimiento de numerosos glaciares, algunos de gran tamaño."


¿La definición de glaciar es la misma en la Puna que en Mendoza o San Juan, en Santa Cruz que en Tierra del Fuego?


"Todos los glaciares están formados por nieve comprimida o recristalizada. Por encima de los 3000 metros de altura, por un fenómeno atmosférico, en vez de llover, nieva: es la temperatura del aire lo que define que haya una nevada. No es que no pueda haber glaciares por abajo o por arriba de los 3000 metros de altura. A medida que nos vamos acercando a los polos la temperatura disminuye y, así, en Tierra del Fuego los glaciares llegan hasta el mar porque la isoterma cero toca el océano", explica el doctor Juan Pablo Milana, geólogo, profesor asociado del Instituto de Geología de la Universidad de San Juan e investigador independiente del Conicet.
Una caja de ahorro que da pérdida

"Un glaciar es una caja de ahorro que se alimenta de nieve. Hay ciertos lugares donde la geografía permite que la nieve quede de un año a otro. En otros, la nieve se derrite, produce el caudal de un año normal y alimenta el río. Los años secos, cuando no hay precipitaciones nivales, es el momento en el que el glaciar actúa como una caja de ahorro: ofrece agua cuando falta. Por eso es tan importante desde el punto de vista hídrico y socioeconómico. Los glaciares de la árida zona andina son menores en tamaño y mucho menos vistosos que los del sur del país, pero así y todo alcanzan a dotar de agua a climas muy secos, casi desérticos", dice Milana desde San Juan.

El mecanismo regulatorio hídrico es sencillamente asombroso. "Un lago también es una reserva de agua, pero si decrecen las precipitaciones entrega menos agua -explica Milana-. En cambio, el glaciar tiene un comportamiento inverso: la principal causa de la fusión de hielo es la energía solar. Pero el sol se captura de manera diferente de acuerdo con la superficie donde refleje. Por ejemplo, una remera de algodón negra da más calor que una blanca. Los años secos, el glaciar muestra hielo viejo, que absorbe mucha más energía porque está sucio, es más antiguo y tiene una reflectancia menor que la nieve. Así que, en sequía, el glaciar puede entregar casi el doble de agua que en épocas normales, lo cual es muy bueno para paliar el problema hídrico..., pero es malo para la salud del glaciar, porque pierde mucha masa en esos años, aunque la puede recuperar en los años normales. Por eso es una reserva tan importante: trabaja el doble cuando más lo necesitamos."

Y los años normales, ¿son tan frecuentes como para que la caja de ahorro dé ganancia? "No -asegura el ingeniero Iturrauspe-. En Tierra del Fuego, por ejemplo, tenemos glaciares como el Vinciguerra que retrocede entre 12 y 15 metros por año, y sufre anualmente una pérdida de espesor cercana al metro. Estos descensos son acumulativos. Algunos años pueden ganar, si hubo un verano relativamente frío o muchas precipitaciones en invierno. Esto ocurrió en Tierra del Fuego la última temporada: tuvieron un balance positivo, pero algo así puede suceder cada 5 o 6 años... A lo largo del tiempo, el resultado es mayormente negativo."
El ambiente de la discordia

El ambiente periglacial viene de la mano de otro elemento muy ligado a los escenarios helados del planeta: el permafrost. "Permafrost es el suelo o roca congelados permanentemente por más de dos años consecutivos", explica el doctor Darío Trombotto Liaudat, también investigador del Ianigla, que se apresura en aclarar que es geocriólogo [N. de la R: y uno de los más respetados del mundo], que su objeto de estudio no son los glaciares, sino los hielos y los suelos congelados en forma permanente, es decir, el permafrost.

El doctor Trombotto explica que esta clase de suelo -obviamente, subterráneo- ocupa más de 20 millones de km2 de la tierra, es decir, cerca del 14% de su superficie. "¿Dónde? A partir de cierta altura, en los Andes, y cuando las temperaturas del aire están bajo 0°C, y también en el Artico, Canadá, Mongolia, el Tíbet."

En el ambiente periglacial no hay glaciares, pero sí permafrost. "Cuando se forma una capa sedimentaria sobre este suelo congelado, que se sobresatura de hielo y se descongela en verano, la crioforma se vuelve activa, se mueve, y constituye los llamados «glaciares de escombros» -describe Trombotto-. No son técnicamente glaciares, sino litoglaciales, glaciares de roca o rockglaciers, cuerpos de detrito y hielo o detrito congelado. ¿Por qué se les dice glaciares? Bueno, hay un error ancestral: es que si la parte superior de ese permafrost se enriquece con precipitaciones, el hielo -por una ley física- se mueve pendiente abajo, repta, y este crepping se asimila al comportamiento de los glaciares "blancos", cuando en realidad no lo son."

El permafrost es condición sine qua non para hablar de litoglaciares. La Puna o ciertas zonas de Cuyo son de las regiones más ricas del mundo en este tipo de formaciones. "Y tanto los activos, que son los que acumulan agua y reptan, como los inactivos, constituidos por suelo congelado -subterráneo- deben ser, ambos, protegidos por la ley", sentencia Trombotto.

La sequía y el calor son dos situaciones que se mitigan con un único recurso: el agua. Y en esos casos los glaciares la aportan. Claro que no de la misma manera. "Si hay sequía, importan los glaciares blancos, porque interactúan directamente con los drenajes de montaña, ríos y arroyos -continúa Darío Trombotto-. Si hace calor, adquieren importancia los glaciares de escombros, que son también reservas de agua, pero que no actúan en forma directa: su parte superior no está congelada en verano y entrega agua a los cauces de los ríos: a más calor, más se derrite esa crioforma y más agua aporta."
Cambio o calentamiento

Como en la política o en el fútbol, en el mundo de la ciencia también hay bandos. Es por eso que Milana advierte que, más que hablar de "calentamiento global", prefiere referirse a "cambio climático global".

"Sí, los glaciares están amenazados -dice-, pero no por el calentamiento, sino por el enfriamiento del mar Antártico, que ha causado una alarmante disminución de las nevadas en los últimos 100 años. Es un panorama confuso. En Cuyo lo vemos especialmente en los glaciares descubiertos, en los que se ve la nieve; los glaciares cubiertos y de roca parecen no sentir ese efecto; por eso, no se trata de un funcionamiento tan fácil de explicar: hay muchas preguntas sin respuestas."

No todos los glaciares son afectados de la misma manera por los cambios en el clima. Masiokas explica que "en su gran mayoría, los de las zonas montañosas disminuyeron su volumen durante el último siglo: a gran escala las temperaturas tendrían un papel preponderante en las fluctuaciones de los glaciares. Pero también las variaciones en las precipitaciones, que modifican la acumulación de nieve durante el invierno y el derretimiento en verano, pueden resultar tanto o más importantes que los cambios de temperatura".

Así las cosas, ilustra Milana, "no porque haga más frío los glaciares van a crecer: en la Antártida la temperatura es de -35°C, pero si no hay precipitaciones no hay nieve. Y los glaciares dependen de ellas".
El inventario

La ley de protección de glaciares prevé algo sobre lo que todos están de acuerdo: un inventario local. La tarea ha quedado bajo la órbita del Ianigla, y dice Mariano Masiokas: "Un inventario nacional implicaría identificar, mapear y caracterizar todos los glaciares de la Cordillera. Dada la enorme extensión e inaccesibilidad del área, deberá realizarse sobre la base de la información adquirida por sensores remotos, con imágenes satelitales obtenidas en años poco nevadores y hacia fines del verano. Cuando no existía esta posibilidad, los mapeos e inventarios de glaciares se hacían a partir de fotografías".

Desde San Juan, Milana coincide en la necesidad del inventario. "Primero, el relevamiento. Y después, el monitoreo de algunos glaciares por provincia para saber qué pasa en el Norte, el Centro o el Sur, ya que la diferencia es muy grande entre un glaciar patagónico, uno cuyano y uno del Noroeste -explica-. Yo hubiera pensado en un instituto nacional con bases en cada provincia, como el de Tecnología Agroprecuaria (INTA) o el de Vitivinicultura. Lo ideal es que se monitoree desde cada provincia, para hacer crecer el conocimiento."

Masiokas aclara que nunca estuvo en los planes realizar el inventario de glaciares en forma aislada y sin involucrar a los distintos organismos provinciales o nacionales que administran o trabajan con este recurso en las distintas regiones del país. "Sí -puntualiza- creo que es importante que exista una institución u organismo especializado que coordine las tareas y sirva de nexo para que el inventario se realice de una manera estandarizada y los resultados puedan ser comparables."

¿Cuánto habrá que esperar para tener mapeado el hielo? "Unos 5 años -agrega el hombre del Ianigla-. Parece un plazo razonable. Sin embargo, como nunca se hizo, una vez que empecemos a trabajar tendremos una idea más real. Será fundamental no sólo para conocer cuánta superficie tenemos cubierta por hielo, dónde, si en avance, retroceso o estacionario; también, para protegerlo dentro del marco de las leyes."
Glaciares y minería

Cien millones de litros de agua por día. Eso es lo que diversas asociaciones ambientales afirman que utiliza un megaemprendimiento de minería a cielo abierto. Una cantidad superior a la que necesita una ciudad de unos 100 mil habitantes o una industria mediana-grande para funcionar en forma cotidiana.

El "link" entre los glaciares y la minería viene a cuento de ese precioso elemento. Sin embargo, también se le recriminan otras agresiones al medio ambiente: la utilización de cianuro para extraer minerales genera una "deuda ecológica" difícil de cuantificar. En Europa ya lo tienen claro: el 5 de mayo de este año, el Parlamento Europeo recomendó prohibir el uso de tecnologías mineras a base de cianuro.

Pero hace casi 20 años, los entonces presidentes de Argentina y Chile (Carlos Menem y Ricardo Frei, respectivamente) firmaron el Tratado de Complementación Minera, un acuerdo para promover los procesocordillera de los Andes. Los mandatarios cedieron la explotación a firmas transnacionales durante cuatro décadas. No es obra de la casualidad, por supuesto: la Cordillera es la sexta potencia minera del planeta. En el marco de ese acuerdo se puso en marcha el principal proyecto minero del mundo: Pascua Lama, en zona fronteriza (Atacama, del lado chileno; San Juan, del lado argentino).

¿Podemos vivir sin lo que aporta la minería a cielo abierto? "No -afirma rotundamente Milana-. Usamos sus productos en todo; los celulares tienen contactos de oro, los autos, las viviendas. Y la minería de socavón no es más posible porque genera costos inalcanzables. Lo que hay que cumplir son los controles. Eso falta. Y creo que tendrían que ser independientes (no de las mismas empresas) y descentralizados, con la participación de especialistas en cada zona, porque no es lo mismo un glaciar en Cuyo que en la Patagonia o en la Puna."

En la mayoría de los casos, los megaproyectos se ubican cerca de glaciares o sobre ellos directamente (ver infografía), a más de 4000 metros de altura, en zonas de difícil acceso.

Dice Javier Rodríguez Pardo, periodista y miembro de la Red Nacional de Acción Ecologista (Renace) y de la Unión de Asambleas Ciudadanas: "Para esta minería no hay controles. No hay posibilidad de vigilancia eficaz. No es sostenible en el tiempo y legislar sobre el particular puede legalizar la intervención de los glaciares, del ambiente periglacial y cuerpos de hielo".

¿Tiene sentido una ley, entonces? "Algunos pensamos que la mejor ley de protección de glaciares, cualquiera que sea, no resuelve el impacto nocivo de la minería -añade Rodríguez Pardo-. Por sí sola, esta norma legal (como cualquier otra) está desamparada y bien puede ser utilizada con el argumento de que «se hace minería conforme a la legislación vigente», refrendada por la provincia, generalmente asociada a los intereses mineros. Sin embargo, es una herramienta vital a utilizar por los movimientos sociales y en debates públicos. Nos permitirá ejercer un observatorio permanente que atienda a su cumplimiento, y nos obliga a exigir el acatamiento de la evaluación de impacto ambiental."

La pregunta que cualquier habitante de la Tierra no debería dejar de hacerse tiene seis palabras: ¿qué sería del mundo sin agua? La respuesta es una sola: nada. Nuestra vida y la de quienes nos hereden depende de ella. Y, por ende -todo parece indicarlo-, de los glaciares. Ni más. Ni menos.

Por Gabriela Navarra
SE NECESITA UNA PLANIFICACION ESTRATEGICA
POR LUIS CASTELLI, DIRECTOR DE LA FUNDACION NATURALEZA PARA EL FUTURO (FUNAFU)


Los glaciares son motivo de una discusión que pocos comprenden: de repente esas reservas de agua endurecida desde el Pleistoceno dependen de un quórum. Como varios temas vinculados con nuestro ambiente, el problema no alcanza a ser claro. Se informa poco y se transforma en un tironeo político lo que es una cuestión esencial. No se entiende si lo que se pretende proteger son los glaciares o la industria minera, y se evita una participación inteligente de la gente. Esta modalidad, siempre rodeada de una supuesta urgencia coyuntural, impide una reflexión profunda, subestima la inteligencia de las personas y promueve una participación de piquetes, cortes de ruta, y trasnochados discursos parlamentarios que no pocas veces se resuelven a lo guapo.

El desarrollo de la megaminería del metal despierta las mayores polémicas: se le imputa la alteración de la superficie terrestre, el alto riesgo de contaminación y un desmesurado consumo de agua.

En octubre de 2008 se aprobó por unanimidad en ambas cámaras una ley que establecía la protección de los glaciares y periglaciares y la prohibición de actividades que pudieran afectarlos. La ley fue vetada, entre otras cosas, porque "podría afectar el desarrollo económico de las provincias involucradas", o "daría preeminencia a los aspectos ambientales por encima de actividades que podrían autorizarse".

Dos proyectos se han venido debatiendo y uno ha obtenido la aprobación en la Cámara de Diputados. Las sutiles diferencias no son inocentes. Y ello se debe a la interpretación de lo que se entiende por área periglacial y, consecuentemente, a las actividades que pueden realizarse en ella. El proyecto recientemente aprobado es similar al que se había vetado y establece mayores resguardos ambientales que el presentado por el oficialismo y defendido por algunas provincias.

Quizás el enfoque debería ser la protección de las fuentes de agua potable. El daño allí puede ser irreversible y de ellas depende el futuro de muchas comunidades. ¿Es apropiado arriesgar este recurso en pos de una explotación minera?

Sería tanto más fácil si hiciéramos una planificación estratégica de lo que queremos para la Argentina. Algo tan simple como establecer, de antemano, dónde, en qué cantidad y por qué medios elegimos hacer determinadas actividades o no. Sería un cambio fuerte, esperanzador.

UN PIONERO EN LOS HIELOS
POR DANIEL HIRSCH, DIRECTOR DE LA FUNDACION PARQUES NACIONALES


El 21 de octubre de 2009, dos meses antes de cumplir 97 años, falleció en Olivos don Mario Bertone, primero en relevar y determinar el número de glaciares de nuestro país. A los 6 años viajó con su familia a Italia, donde cursó estudios y obtuvo, en el Politécnico de Turín, el título de ingeniero civil especializado en hidráulica. Allí nació su devoción por los glaciares.

En 1943, la Dirección General de Meteorología, Geofísica e Hidrología seleccionó a Bertone entre 40 postulantes para ocupar un cargo que lo dedicaría de lleno a la materia. Desde entonces y hasta 1946, realizó extensos reconocimientos en Mendoza, San Juan, Neuquén y Río Negro.

Y era un aventurero. Intentó hacer cumbre en el Fitz Roy en 1938 y, con el coronel Emiliano Huerta, concretó el primer cruce transversal del Campo de Hielo Continental Patagónico, recorriendo unos 300 km, un viaje considerado proeza para la época.

Ese mismo año fundó con Huerta el Instituto Nacional del Hielo Continental Patagónico, y se convirtió en su primer coordinador.

En 1953 participó activamente en la construcción de una docena de refugios en los campos de hielo de la provincia de Santa Cruz, para el personal de la Fuerza Aérea que realizaba prácticas de aterrizaje. Más tarde, esos refugios serían utilizados por los andinistas que querían cruzar el Hielo. Todavía quedan algunos en pie.

Entre 1946 y 1997, durante 51 años, pasó al menos cuatro meses al año en el hielo.

Bertone es autor del libro Aspectos glaciológicos de la zona del Hielo Continental Patagónico, partes I y II; el primero, publicado por el Ministerio de Educación en 1960; el segundo, en 1977, una recopilación del material con comparaciones fotográficas valiosísimas sobre las modificaciones glaciológicas, en lugares idénticos, con 25 años de diferencia.

Bertone dejó un archivo fotográfico de más de 30.000 fotos y 10.000 metros de filmación. "En 2002 medimos la cuenca mayor del glaciar Upsala y tenía un espesor de 1300 metros -señaló poco tiempo antes de morir-. Ahora calculamos que ha disminuido unos 300 o 400 metros. El glaciar Baltoro, en la cordillera Karakorum, en Paquistán, el más grande del Himalaya, tenía hace unos años 80 kilómetros y se ha reducido a 30. Ya casi no hay hielo. Los glaciares van a desaparecer. Tomen conciencia sobre esto y háganla tomar a las generaciones futuras."

En internet
www.naturalezaparaelfuturo.org
www.fundacionparquesnacionalesargentina.org
www.glaciares.org.ar
Divino tesoro - lanacion.com

el dispreciau dice: dado que las ciencias se han desarticulado a favor de los intereses, prescindiendo del valor superior demonimado "ser humano", el mundo empresario y su socio, el político, sustentan aún tecnologías retrógradas. Se demuestra en la impericia-negligencia de la petrolera en el Golfo de México (como en otras semejantes), en la siguiente impericia-negligencia de la minera chilena, pero en nuestro medio tenemos muchos ejemplos, estos van desde el oro, plata, estaño, hasta alcanzar el uranio, litio, etc. (para mencionar sólo a algunos). ¿Qué ocurre en el mundo empresario-político?, primero hay una connivencia necesaria entre las incapacidades de unos y las ansias de los otros, descartando los medios, justificando cualquier fin bajo argumentos falaces en su raíz. Detrás se encolumnan los legisladores que son socios de la incapacidades tanto como de las mentiras. Más allá de todas y cualquiera de las reflexiones sociales, culturales, individuales, existen verdades inapelables:
1. La tecnología de las conveniencias sigue apelando al facilismo, esto es emplear tecnologías perimidas para seguir sosteniendo un modelo perverso y consumido en sí mismo.
2. Seguir utilizando hidrocarburos como si las reservas del planeta fuesen eternas demuestra la incapacidad del modelo para autosustentarse.
3. Seguir utilizando "cables" para distribuir energía eléctrica evidencia que la tecnología está en armonía con la incapacidad de los empresarios, políticos y científicos para hacer algo que sea acorde a los avances culturales humanos
4. Despreciar la luz como fuente de energía sigue siendo una asignatura pendiente del mundo científico, una vez más eclipsado por las demandas de las desvergüenzas político-empresarias. El uso de la luz tal como se evidenciaba en los comienzos de los ochenta, luego cajoneado por los afanes depredatorios, demuestra que la negligencia y la soberbia empresaria (falsa) no tiene límites
5. Destruir las fuentes de agua dulce y contaminar indiscriminadamente las de agua salada, favoreciendo intereses económicos de las potencias políticas y económicas (quebradas) del mundo humano, es otro síntoma de negligencia manifiesta. A nadie le importa nada del otro y lo demuestran cada vez que fracasa una convención mundial por el clima, los recursos y el ambiente
6. Utilizar, aún hoy, cianuros para depurar minerales demuestra que la ley del mínimo esfuerzo sigue vigente apañada por los burladores encaramados en el poder, cuyos discursos indican una cosa, distinta a la realidad
7. Por caso, que los medios sigan lapidando bosques para contar con papel, aparece como una falacia mayúscula, más aún cuando se sabe que el aire disponible para respirar (la humanidad lo hace, no se olviden) ha disminuído un 25% su calidad (promedio) tanto como su disponibilidad, y ello sólo en 50 años (los últimos) de burlas al conocimiento público
¿Hay más?... sí, muchísimo más, sin embargo no hace falta reiterar ni ampliar lo ya dicho ya que a buen entendedor... Queda delante de las narices todos lo que se quiera ver. América Latina es una fuente de ansias depredatorias, del mismo modo que lo fue en la época de la conquista y no lo había sido nunca antes (nativos mediante). Lo que se hace aquí no se hace allá. Para los que vivimos al pié de la cordillera, queda claro que los intereses internacionales convergentes sobre áreas desoladas no es una casualidad ya que con los satélites hoy se puede averiguar con seguridad la composición del suelo hasta grandes profundidades... mientras los gobernadores "regalan" tierras a cambio de silencios y conveniencias, poniendo caras de feliz cumpleaños, los depredadores hacen de las suyas ofreciendo explicaciones que van más allá del hombre sometido a ser esclavo de un sistema económico quebrado, ese mismo que lo está ahogando para darle vida a unos pocos insensatoz (perdón, no recuerdo con qué va al final de la palabra, si "s" o "z"). Cada día que pasa, cada día que transitamos, confluyen las impericias del mundo espacial, del mundo nuclear, del mundo automotriz, del mundo de los plásticos, del mundo de las telas, el mundo de la química, siempre demostrando que el suelo que pisamos da para todo, pero sólo es suficiente para pocos. Como un ejemplo más, lo que se está haciendo en Brasil de la mano del héroe Lula, será recordado por las generaciones futuras no como un referente de la historia, por el contrario será tenido como una "vergüenza" en el pasado del país, por no haber previsto las consecuencias... Los muchos seguimos despreciados, como corresponde a los principios del medioevo y sus reinos vacíos... Septiembre 19, 2010.-

sábado, 18 de septiembre de 2010

CADA ÉPOCA TIENE SUS ESPEJISMOS - El Mundo Pasta Única - lanacion.com


El Mundo Pasta Única
En la era de la tecnología y la globalización, todo parece igualarse. Por la Plaza Roja de Moscú pasea el ratón Mickey, las palabras se transforman en siglas y los sabores que eran distintos comienzan a distinguirse sólo por el color. ¿Es un cambio de formas o de fondo?

Sábado 18 de setiembre de 2010 | Publicado en edición impresa
Por Mónica Giardina y Pablo Zunino
Para LA NACION - Buenos Aires, 2010

Ocurren cosas curiosas en nuestra era técnica. Tan presente está ella hoy que en los dos acontecimientos fundamentales de la existencia (el nacimiento y la muerte) es la que nos acuna y la que nos despide. Nuestro mundo, que se identifica con esa red múltiple, infinita y omnímoda con la que la tecnología lo ha envuelto, no posee ya casi ningún territorio virgen.

La intervención alcanza a la totalidad y se despliega desde nuestro entorno más inmediato y familiar hasta el espacio intergaláctico, pasando por los secretos íntimos de la identidad, como el ADN. Ese espíritu nació con los tiempos modernos, se disparó con la cohetería espacial, se amplificó con la cibernética, se globalizó con Internet, se segmentó al infinito en sus campos de aplicación e incluso está dibujando un curioso paisaje urbano y artístico.

Pero, desde que el desarrollo tecnológico ha tomado dimensión planetaria, crecen las dudas acerca de los efectos de uniformidad, aplanamiento y nivelación que afectan al conjunto de los órdenes de la vida, proceso al que podríamos llamar, plásticamente, Mundo Pasta Única. Se trata de una clase inédita de fenómenos. Evocamos con esta expresión un episodio de Los Simpson , ilustrativo de la idea que queremos exponer acerca de la compleja homogeneidad del siglo XXI. Lisa descubre que en la fábrica del pueblo se produce una sola pasta que se "corta" según el producto de que se trate. Así, le ponen colorante blanco y es leche; verde y es detergente; rojo y es salsa de tomate, etcétera. Todo termina siendo de una misma pasta, la Pasta Única.

Si la naturaleza pusiera en nuestras manos por sus propios medios lo que necesitamos de ella, sería innecesaria la técnica. Según José Ortega y Gasset, es lo contrario de la adaptación del hombre al medio: es la adaptación del medio al hombre, el esfuerzo por ahorrar esfuerzo, lo que hacemos y utilizamos para aliviar los quehaceres que la circunstancia nos impone. Desde el fuego, la rueda, el arado, el molino y el reloj hasta Twitter, los inventos no han dejado de sucederse y de superarse. Sólo que cuando se habla de tecnología ya no se piensa en la técnica más artesanal, nacida de la experiencia cotidiana desde la noche de los tiempos, sino en la que se despliega a partir de la segunda mitad del siglo XX.

Si bien la técnica es inherente a la condición humana, en el presente se transforma en algo inédito en la historia de la civilización, por la potencia y el alcance adquiridos, que no registran antecedentes. Como si se tratara de una fuerza centrífuga en imparable aceleración, que termina absorbiendo y facetándolo todo. De ahí que en la actualidad sea insuficiente definirla sólo por su carácter instrumental. Mucho más que una herramienta, representa un pensamiento calculador que impone modos de "ser".

Compulsión a homogeneizar, aceleración, simultaneidad, culto a lo nuevo: éstos son algunos de los elementos esenciales del expansionismo técnico. Están presentes en los ejemplos que elegimos para mostrar qué intrincados caminos y formas puede asumir y encarnar ese expansionismo. Más que al laboratorio, los casos pertenecen al mundo, a la vida.

El caso Moscú

A mediados de la llamada década cero (2000-2010), el visitante encuentra en Moscú una ciudad llena de estratos: restos del imperio, pequeños clubes sobrevivientes de la primera etapa del comunismo, monumentales edificios del estalinismo (casi una decena) con sus cúpulas en forma de aguja que parecen pinchar el cielo, monobloques grises y enormes y, abriéndose paso, nuevos colosos arquitectónicos del siglo XXI.

La inabarcable masa edilicia cobra una proporción desmesurada e incluye enormes autopistas que parecen una cinta de Moëbius gigante, imposible de desembrollar. A la enredadera lumínica globalizada, la misma que hay en todas partes, no le es fácil extenderse tanto como para abrazar y deglutir semejante mole. El sincretismo sorprende: en uno de los edificios estalinistas en el que antes lucía enorme e inquietante la figura de Lenin, ahora hay una gigantesca pantalla electrónica que ofrece... masajes tailandeses. El edificio de la vieja editorial El Progreso, exportadora de libros científicos a todo el mundo durante el régimen comunista, se transformó en una concesionaria de autos japoneses que absorbió e incorporó en el diseño de su entrada el logo de la extinta casa de libros. De los viejos símbolos resaltan estatuas dedicadas a la era de la cohetería, el gran orgullo del viejo régimen, pero sorprende que la del astronauta Yuri Gagarin sea tan parecida a Robocop.

Un congreso internacional de restauradores y preservacionistas sesiona en la capital rusa. Radicalizados unos, más negociadores otros, parecen los últimos mohicanos tratando de parar lo imparable: que la arquitectura de corte global no se trague lo identitario de cada ciudad. Son personas muy eruditas y refinadas. Un poco más, un poco menos, dicen que en todas partes tiene lugar una vorágine destructiva impulsada por las burbujas inmobiliarias y por el desinterés estatal en salvar piezas y estilos en extinción. Rescatan, por ejemplo, cómo el gobierno ruso protegió las bellísimas estaciones de la enorme red del subterráneo moscovita, pero lamentan la caída de muchas viejas dachas de extramuros y su viraje hacia el impersonal formato country . Según los expertos, los que priman son criterios de puesta en valor que no respetan el espíritu original de las obras y que prestan más atención a los dictados del marketing . Parecería que los visitantes prefieren ver superficies lustrosas antes que monumentos o edificios que exhiban la pátina del tiempo.

En una visita a la Plaza Roja, uno de los expertos sopla al oído del lego que, en la última restauración, que incluyó la Catedral de San Basilio, prevaleció el criterio de que todo "brillara". Se habrían seguido los dictados de cierta corriente de la restauración supuestamente copada por el marketing cultural y por las empresas que venden pintura sintética. "Parece un castillo de Disneylandia", blasfema el congresista. A ojos profanos, quizá no sea para tanto. Fundamentalismos al margen, que también los hay en esta tribu, es cierto que la catedral despide reflejos centelleantes y que parece construida ayer nomás. En la comparación con fotografías de época, el contraste es notable.

El asunto queda pendiente porque es hora de bajar al mausoleo que guarda a Lenin embalsamado. Hay que descender unos cuantos tramos de escaleras y, en cada rellano, un soldado ruso utiliza ambas manos para dar instrucciones a los contingentes: con una se llevan el índice a la boca en señal de "¡silencio!"; con otra hacen señal de "¡circulen!". Se sabe que el rigor ruso trasciende las eras políticas. Todo ocurre en una penumbra que ilumina con tenues reflejos los mármoles blancos, negros y rojos. Lenin está embalsamado, es pequeñísimo y parece que estuviera durmiendo. De nuevo en superficie, el sol encandila. Tras unos pocos pasos, toparse con rusos disfrazados de Mickey y el Pato Donald, para que los turistas se saquen fotos con la Plaza Roja como fondo, cobra la forma de una visión o de una alucinación. La Plaza Roja y Lenin se funden y confunden con Disneyworld y el ratón Mickey. En semejante mezcla de escenarios queda eliminada la distancia física y simbólica. Las grandes diferencias existentes entre la época de la Revolución y el entretenimiento infantil y masivo se funden en un espacio-tiempo diseñado. Dos emblemas tan elocuentes del siglo XX se diluyen en una homogeneidad muy parecida a la Pasta Única del mundo de los Simpson.

Jean Beaudrillard, en Cultura y simulacro , analizó estos procesos con mucha gracia y propiedad: "Disneylandia es presentada como imaginaria con la finalidad de hacer creer que lo circundante es real, pero en verdad ni Los Ángeles ni América entera ya lo son, sino que pertenecen al orden de lo hiperreal y de la simulación".

El caso sopa de letras

Si bien la técnica siempre sirvió al acortamiento de distancias, en el espacio y en el tiempo, a partir de la modernidad se disparó un vértigo imparable. La aceleración es el fenómeno esencial. Los nuevos sistemas de comunicación compiten entre ellos por superarse en rapidez y en su avance imponen una transformación radical del lenguaje, en virtud de la cual las expresiones y las palabras se mutilan en favor del uso de abreviaturas y siglas. Desnudas letras autorreferenciales.

Sobre cómo la técnica se expresa allí donde las abreviaturas vienen a reemplazar la palabra, Martin Heidegger habla en ¿Qué significa pensar? Pero la cantidad de tecnicismos de todos los campos del saber en nuestra habla cotidiana haría palidecer al pensador de la Selva Negra. Las siglas son condiciones necesarias de la aceleración del tiempo de la comunicación y funcionan como garantes. No tienen el peso de la palabra, no poseen tradición y, por ende, no arrastran prejuicios. Como meras fórmulas, incluso alfanuméricas, son fácilmente computables e intercambiables, chatas y opacas. Da qué pensar que un manual de psiquiatría pueda llevar por título DSM4 o que las personas mueran de un ACV o que se identifique a un niño por su ADD.

El ya olvidado caso de la gripe porcina es un ejemplo más que elocuente al respecto. De pronto, una epidemia deja de llamarse con nombre propio para pasar a ser A (H1N1); nada más aséptico y críptico al mismo tiempo. Ejércitos de siglas se incorporan día a día a las filas de la lengua cotidiana. Frente a la palabra, que siempre significa algo, la sigla no significa nada. Más que a producir sentido, induce a borrarlo. No se muestran como lo que realmente son: grandes encubridoras; por el contrario, brindan la máxima ilusión de inteligibilidad, como si todos supiéramos de qué se está hablando y, en verdad, ocurre más bien la inversa.

Podríamos preguntarnos: ¿por qué eludir las palabras o esconder los nombres? Quizá porque ni las palabras ni los nombres son meros signos. "En las letras de rosa está la rosa, y todo el Nilo en la palabra Nilo", dice Borges. El nombre no es un añadido, evoca la cosa y siempre es de algún modo un destino. Es difícil imaginar cómo en la sigla A (H1N1) puede el ser humano escuchar algo de los orígenes animales de esta peste, presente sin duda en el nombre "gripe porcina", que, lejos de cerrar el significado, más bien lo abre a la exhortación de la naturaleza y remite al hombre en su relación con la animalidad, a los modos de producción de vida, al hacinamiento de los criaderos industriales, a la exigencia de crecimiento frenético y, en última instancia, al sentido de la aceleración de todos los ciclos vitales.

El caso rosa azul

Mencionamos más arriba como un síntoma de nuestra época la intervención técnica ilimitada. El afán de dominio no sólo produce el efecto Pasta Única. Intenta producir, además, una naturaleza prêt à porter .

Quizá por su hermosura efímera, las rosas simbolizan la fugacidad del tiempo y de la belleza y son testimonios de la finitud. Existen rosas de casi todos los colores, incluso algunas son de un borgoña tan profundo que hasta parecen negras, pero no las hay azules. La imagen de la rosa azul ha sido desde siempre la representación de lo imposible.

Atraídos por la fascinación de lo imposible, varias generaciones de floricultores intentaron crearla y para ello acudieron a los métodos de hibridación tradicionales. Pero después de años de esfuerzos y desvelos, apenas si obtuvieron una rosa malva, a la que, un poco como consuelo, le dieron el nombre de "rapsodia en azul".

Las rosas naturales no poseen el pigmento que produce el azul (delfinidina). Un tope biológico muy preciso que ninguna alquimia pudo alterar. Pero hoy ya no ocurre lo mismo. Para las tecnologías biogenéticas, la naturaleza ha dejado de ser el límite y pasó a convertirse en un campo gigantesco de experimentación de imposibles, del que no quedaron afuera ni siquiera las rosas. Después de unas décadas de investigaciones y decenas de millones de dólares mediante, genetistas moleculares han llevado a cabo el prodigio. Lo que no podían alcanzar los amantes de las flores lo lograron las empresas tecnocientíficas. Según información oficial de un holding australiano-japonés, parece que la rosa azul ha sido finalmente producida en el seno de un laboratorio y como resultado de precisos cálculos de combinaciones genéticas.

¿Cómo se hacía posible lo imposible? En principio, diríamos, porque vivimos en la época para la que ya casi no hay imposibles. (Tanto es así que en la presentación virtual de la rosa azul, la multinacional genetista sube la foto de una rosa lila diciendo que es azul.) Esquemáticamente considerado, el procedimiento técnico puede describirse así: se separan los genes de otras flores, como pueden ser las petunias o los lirios o las nomeolvides (que sí poseen aquel pigmento), se los clona y se los introduce luego en el mapa del genoma de la "rosa objetivo", así llamada en la jerga científica. Claro que no es tan sencillo obligar a la naturaleza a que cambie el color de sus rosas, que insisten con obstinación en seguir el camino de su ruta metabólica prefijada. De modo que con el aporte de los genes de sus compañeras no era suficiente. Se necesitaba más que eso. Entonces se creó una compleja tecnología que, además de garantizar la introducción de los genes prestados, cumpliera la función de acallar aquel mandato originario. Vale decir, una técnica cuya función es la de silenciar el impulso natural de la flor y poder así emplazarla a producir otro color. Se trata de una operación quirúrgica de silenciamiento, y en este nombre no hay mucho de metáfora, pues esto se logra a través de la incorporación de un gen artificial, llamado "silenciador", cuya misión reside precisamente en acallar la voz de la naturaleza para que se someta al proyecto.

Sería inútil buscar la esencia de la técnica en el maremágnum de artefactos y dispositivos, porque ellos son sólo el rostro visible de aquello oculto que ha hecho posible que estén ahí. La esencia de la técnica no es nada técnico. Inquietante y misteriosa, se esconde tras sus logros y no se muestra nunca ella misma como algo peligroso. Se asegura que el experimento de la rosa azul no representa riesgo alguno para la salud ni para el medio ambiente. Pero no es función de la técnica interrogarse por el sentido, el derecho y los límites de la intervención humana. Se la diseña, se la pone en acción y listo.

Es esperanzador que la naturaleza encuentre su propia manera de defenderse. Dicen los que vieron la rosa azul que todavía luce más lavanda que azul. Acaso esa resistencia nos esté diciendo algo y sólo se trate de poder escucharla.


El caso Indio Clayderman


Suena música en la estación ferroviaria de Budapest, ciudad de deslumbrante y genuina belleza. La melodía es "El cóndor pasa", el tradicional tema folklórico peruano. Dos hombres de tez oscura y rostro aindiado tocan sikus en sampler con una pista grabada que aporta la base rítmica. Llama la atención que luzcan tocados de plumas en lugar de los gorritos típicos de Perú. Es que el vestuario lo aporta una empresa española dedicada a "fabricar" indios de confección: de origen boliviano con tocado sioux, unos; de origen brasileño con ropajes amazónicos, otros, y así sucesivamente. Por contrato, deben interpretar un repertorio tradicional y usar arreglos planos, sencillos. Ejecutan sin yerros, parecen buenos músicos. El público húngaro, fascinado por esa imagen tan exótica, aporta dinero considerable cuando pasan la gorra. Es un espectáculo callejero muy digno, pero suena un poco anodino, como si fuera una versión telúrica de Richard Clayderman, el pianista francés que toca de todo un poco y todo igual. Una especie de ornitorrincos culturales forjados sobre la base de rasgos yuxtapuestos, extraídos y combinados según las normas del mercado.

Estatuas de la era comunista, unas cuantas de Stalin, fueron llevadas a las afueras de Budapest. Enormes, intimidatorias, de una escala sobrehumana, quedaron cercadas en un parque temático. Este género es otra variante de la homogeneidad. Sorprendentemente parecidos los unos a los otros, estos sitios albergan lo que venga, desde dinosaurios hasta gestas religiosas. Están concebidos con el acento puesto en acelerar la circulación de los turistas y al servicio de lo que ellos, supuestamente, quieren encontrar en la visita. Otro efecto Pasta Única, de monotonía, se observa al recorrer en auto las ciudades de toda la Argentina, de norte a sur y de este a oeste. Para quebrar esa homogeneidad visual es necesario internarse en los pueblos chicos o posar la mirada en paisajes naturales poco o nada intervenidos o en piezas arquitectónicas en estado original. Al ir atravesando las sucesivas ciudades se registra una insistencia repetitiva donde priman idénticas cartelerías, iluminaciones, logos y demás signos urbanos. La envoltura de las urbes se parece cada vez más en todas partes, con las grandes pantallas que van ganando en presencia.


El caso pelota maldita


Bautizada "Jabulani", que en lengua zulú quiere decir tanto "celebración" como "fiesta", la pelota del Mundial de Fútbol 2010 (también conocida como "pelota maldita") fue el producto de estrictos cálculos de la ingeniería aerodinámica y era considerada, ni más ni menos, una esfera perfecta, de precisión exacta, compuesta por ocho paneles tridimensionales premoldeados y unidos térmicamente. Entre sus más destacadas características, se mencionó la extraordinaria estabilidad y precisión del vuelo, aun en exigentes condiciones atmosféricas y climáticas. Cuando el balón fue presentado, la Federación Internacional de Fútbol afirmó sin titubeos que se trataba de la pelota más precisa de la historia y voces como las del alemán Franz Beckenbauer y el inglés David Beckham sirvieron de criterios de autoridad para confirmar los auspiciosos vaticinios. Aunque -curiosidades del lenguaje- algo de lo que acontecería después comenzaba a manifestarse en aquellas declaraciones, ya que la caracterización de "bola increíble" que utilizó el jugador británico en dicha oportunidad cobraría a posteriori un inusitado relieve.

Sin embargo, y para gran sorpresa, con el inicio del campeonato se hicieron escuchar otras voces, las de los protagonistas del espectáculo, que no vacilaron en calificarla de "horrorosa, sobrenatural" (Luis Fabiano, delantero de Brasil), "la peor" (Fernando Muslera, goleador de Uruguay, y Marcus Hahnemann, de Estados Unidos), "de playa" (Iker Casillas, arquero de España), "desastrosa" (Giampaolo Pazzini, delantero italiano), "de supermercado" (Gianluigi Buffon). Lo cierto es que el balón sólo podría ser examinado después del Mundial.

El tema de la pelota maldita se hizo cada vez más presente e incómodo, tanto que para testear la cruel verdad de la maldición (concepto cargado de connotaciones religiosas como pocos) se buscó un veredicto científico, ni más ni menos que a través de los expertos del Laboratorio de Mecánicas de Fluidos de la NASA, la agencia espacial estadounidense. La conclusión de los investigadores del espacio fue lapidaria: la Jabulani era "impredecible". Digamos que para la cancha, esa condición equivale a estar maldita. Entre otras cosas, cuando esta pelota vuela a más de 70 kilómetros por hora, debido a su particular hechura produce un efecto aerodinámico llamado "nudillo" que sería el responsable de las desagradables sorpresas en su trayectoria.

Más allá de que los padres de la Jabulani hayan hecho bien o mal las cuentas, algo del orden de la desmesura signa al proyecto mismo, sostenido en ese afán de superación infinita y de eficiencia sin límite. (Dicho en criollo: ¿era necesaria tamaña empresa?) Pasarse de rosca con la técnica puede terminar aguando una fiesta como la del fútbol. En todo caso, el tema no es que haya habido errores al computar los datos, sino que la operación de calcular haya sido elevada a forma privilegiada y hegemónica del conocimiento y se haya extendido a toda posible experiencia, incluidas la sagrada y la lúdica que confluyen en el campo de juego.

Puede sorprender la mezcla entre pelotas de fútbol, tecnologías, maldiciones y científicos, aunque es muy propia del mundo Pasta Única, pues hasta hace poco hubiera resultado al menos llamativo que un investigador espacial fuera árbitro de la pelota del Mundial y que una pelota, científica y técnicamente producida, pudiera estar maldita

La cosmética metafísica

En el territorio de la cosmética se hace patente otro fenómeno curioso. Sólo que, a diferencia de otros ámbitos, no se apura aquí al tiempo. Más bien se busca detenerlo, dejarlo atrás, y cuanto antes, mejor. Los tratamientos antiage (expresión que se las trae) están a la orden del día. Las empresas de belleza recomiendan empezar con ellos cumplidos los 30 años de edad. De los componentes con vitaminas presentes en las cremas clásicas a los iones negativos, las moléculas antienvejecimiento y los agentes termoactivos de las fórmulas actuales, que ofrecen resultados eficaces en apenas días, hay un gran trecho.

Lo vemos en la sorprendente retórica con la que se presenta al mercado la cosmética tecnocientífica. Unas innovaciones suceden a las otras, empeñadas cada vez más decididamente en la lucha contra la finitud. Tan grande es el deseo por borrar las huellas del tiempo que los argumentos de venta difícilmente excluyan referencias a la juventud duradera. La oferta incluye " lifting instantáneo", corrección súbita de arrugas, eliminación veloz de los signos de la edad, renovación rápida del tejido celular y retorno asegurado de la lozanía que los años se llevan. La promesa técnica de mantenernos siempre jóvenes es encantadora, compite en el reino de este mundo con la promesa de salvación eterna en el más allá, se vende en los comercios y viene envuelta en el packaging de la felicidad. Parecería que el ser se hubiera divorciado nuevamente del tiempo, después de que a Heidegger tanto le costara unirlos. En nuestra época, la pregunta por el ser ha sido reemplazada por la cuestión del método o el procedimiento para ser joven, tener amigos, conservar la pareja, ser feliz y lo que usted desee. Para alcanzar cualquier anhelo, siempre hay un instructivo o un manual.

De esta pasta es nuestro mundo y, parece que cada vez más, de esta pasta estamos hechos. Para reflexionar sobre estos asuntos, no sirven las ilusiones románticas de retorno a un pasado idílico ajeno a la razón calculadora, ni la intención iconoclasta o abordaje fanático que se puede ejemplificar con la figura caricaturesca de Unabomber, matemático y enemigo de la cultura estadounidense que llevó a cabo una campaña de envíos de cartas bomba para denunciar los excesos de la sociedad tecnológica moderna. Nosotros no queremos amargarle la vida a nadie. Y si no nos referimos a las virtudes y bondades de la técnica, es porque están demasiado a la vista.

La elección de situaciones y objetos analizados se ha inspirado en lo que ya en los albores del siglo XX, supieron anticipar pensadores como Heidegger, Jacques Lacan, Walter Benjamin, Ortega y Gasset, Jacques Ellul y Lewis Mumford, entre otros. No decimos nada nuevo. Ellos nos enseñaron que no hay cultura sin malestar y que cada época tiene sus propios espejismos.

La primera versión de este work in progress de la doctora en Filosofía por la UNED Mónica Giardina y el licenciado en Psicología (UBA) y periodista Pablo Zunino fue presentada a fines de 2009 en El 104, de París, centro cultural que depende de la alcaldía de esa ciudad, y en las Segundas Jornadas Ibéricas de Fenomenología, Segovia, España.


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El Mundo Pasta Única - lanacion.com

el dispreciau dice: este mundo ya no tiene fronteras, los mapas enseñan una realidad muy distante de la que la humanidad transita cada día... este mundo ya no tiene banderas, las enseñas patrias son un sentido de propiedad de esclavos que ya no pertenecen a ningún señor... muchas empresas, tienen más que poder que los estados más destacados y "poderosos" del orbe humano, y ello contribuye a que los excluidos lo estén más aún, los despreciados estén mucho más despreciados, los marginados estén mucho más olvidados... y los pobres sean cada día que pasa, más y más y más. Sucede en Rusia tanto como en Francia, en Estados Unidos de Norteamérica tanto como en Canadá, en China tanto como en Australia... ya no hay lugar que se distinga, todo es igual, lo mismo un burro que un gran profesor (cambalache)... aquí, mientras las gentes se mueren de hambre o de soledad o de pena o de exclusión, se discute si los violadores deben o no ir a la cárcel... aquí, mientras las gentes se mueren de hambre o de soledad o de pena o de exclusión, se discute si los gay y las lesbianas deben tener derechos sociales... aquí, mientras las gentes se mueren de hambre o de soledad o de pena o de exclusión, se discute si Papel Prensa es o no es de éste o aquel... aquí, mientras las gentes se mueren de hambre o de soledad o de pena o de exclusión, se discute si Clarín es representativo o no de la sociedad argentina... pero no somos los únicos que transitamos las negligencias de las miopías, ya que sucede lo mismo en Francia, en Irlanda, en los Balcanes o en cualquier lugar del mundo donde los olvidados son más que los incluidos. La clase del poder (empresarios) y sus súbditos directos (presidentes, gobernadores, intendentes, por mencionar a algunos) están enquistados en sus soberbias de creerse dueños del destino de los muchos, fabricando impericias cada segundo para inducir más zozobra a la condición humana. Mientras el caldo se cocina, la Tierra avisa que algo anda mal en sus entrañas, al tiempo que los responsables miran para otro lado, avisando que la culpa siempre fue, es y será de otro, intangible, invisible, ausente. Justo ayer, las instituciones de salud de Estados Unidos de Norteamérica han comenzado difundir qué hacer ante un ataque nuclear, otro bioterrorista, otro... ¿por qué?, ¿por qué tanta atención en las radiaciones del radón?, ¿qué se está esperando?, o bien, ¿qué se está induciendo?... ya no guarda sentido estar en Irak, ni en Afganistán, ni en ningún otro lado del planeta, fabricando muertos con rango de héroes veteranos... ¿entonces?... se hace necesario fabricar conflictos con seres intangibles, invisibles y/o inexistentes, todo para instalar el miedo, el estado permanente de indefensión que limite las mentes y reduzca las capacidades... ¿a quién le tocará esta vez?, ¿quién será víctima propiciatoria del sacrificio de las conveniencias aberrantes de un mundo que ha perdido la chaveta?... Parece que la clase política y empresaria (los dueños del mundo) han perdido su brújula y ya no saben cómo defender algo que en esencia es indefendible, esto es un modelo que se consume a sí mismo, sacrificando humanos en el silencio de las negligencias que luego los medios encumbrarán diciendo que fueron iniciativas de lujo en un mundo incierto. Nadie se da cuenta que Suiza ya no es Suiza y que los genios de la posguerra se han muerto dejando una estela de inconsistencias que son apreciadas por pocos e incomprendidas por la mayoría. Algo anda mal en el mundo humano y lo que más se destaca entre los males, es que los estados como tales ya no existen, no protegen a nadie, no brindan servicio alguno a nadie, aunque sí reclaman sus diezmos al igual que los obispos del medioevo, que cuando se vieron imposibilitados de seguir creciendo fabricaron la inquisición... ahora el poder se dispone a crear e imponer la zozobra mediática, fabricando qué?, un atentado nuclear a escala?, una acción bioterrorista de la índole de la gripe A (fallida conceptualmente)?, sembrando contaminantes en las aguas dulces, tal se ha hecho en África?, los poderes ejercen hoy un terrorismo de estado semejante al transitado en la posguerra, con la diferencia que este mundo reconoce rápidamente a los victimarios, casi al instante. Curiosamente, por siglos, la historia tanto como la propia realidad enseñan que finalmente aquellos se autotitulan "mentores" terminan siendo los "sorprendidos", siempre por el mismo motivo, sus soberbias. Septiembre 18, 2010.-