sábado, 1 de julio de 2017

Nikki Haley cuestionada en el Congreso por papel de EEUU en la ONU | IPS Agencia de Noticias

Nikki Haley cuestionada en el Congreso por papel de EEUU en la ONU | IPS Agencia de Noticias





Nikki Haley cuestionada en el Congreso por papel de EEUU en la ONU

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Nikki Haley y el embajador de Egipto en la ONU, Amr Aboulatta, en el Consejo de Seguridad. Haley dijo en junio de 2017 en el Congreso legislativo que el presupuesto propuesto por Donal Trump ponía al foro mundial "sobre aviso". Crédito: Rick Bajornas/UN PHOTO.
Nikki Haley y el embajador de Egipto en la ONU, Amr Aboulatta, en el Consejo de Seguridad. Haley dijo en junio de 2017 en el Congreso legislativo que el presupuesto propuesto por Donal Trump ponía al foro mundial "sobre aviso". Crédito: Rick Bajornas/UN PHOTO.
NACIONES UNIDAS, 30 jun 2017 (IPS) - A los cinco meses de asumir el cargo de embajadora de Estados Unidos en la ONU, Nikki Haley fue objeto de duros cuestionamientos por parte de figuras influyentes del Congreso legislativo, quienes reclamaron explicaciones por el recorte de fondos a agencias del foro mundial.
La decisión del gobierno de Donald Trump perjudica especialmente al Fondo de Población de la ONU (Unfpa), al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), ONU Mujeres y el Programa Mundial de Alimentos.
Los interrogatorios también se concentraron en la reducción del aporte de Estados Unidos a las operaciones de paz, de 27 a 25 por ciento, que no puede hacerse de forma unilateral sin incurrir en atrasos.
Haley se mostró orgullosa de sacar 150 millones de dólares a la misión en Haití, en un momento en que el propio secretario general de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), António Guterres, designó a Josette Sheeran como enviada especial para el cólera en ese país, el más pobre del hemisferio occidental.
También se cuestionaron los recortes a la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) en un contexto de proliferación nuclear.
Haley también se mostró orgullosa de que Estados Unidos promoviera este mes en el comité de presupuesto de la Asamblea General de la ONU una reducción del presupuesto de las operaciones de paz. De hecho, Washington pretendía un recorte de 1.000 millones de dólares, pero accedió a la mitad ese monto en un presupuesto anual de 7.300 millones de dólares.
Paradójicamente, Haley se lamentó de la falta de equipamiento de las fuerzas de paz, como la misión en Malí a la que le urgen tanques, los que podrían adquirirse con un presupuesto más generoso.
El tono con que los legisladores interrogaron a Haley hace pensar que el presupuesto de 2018 no reunirá un apoyo legislativo significativo en lo que respecta a la ONU, aunque todavía hay un núcleo duro de legisladores del gobernante Partido Republicano que, sin tener siempre claro los hechos o el contexto de trabajo de las organizaciones, son displicentes e insultantes.
Haley reconoció la presión de Israel, a la que se refirió como “apoyo”, que hizo que Estados Unidos presionara a Guterres para que revirtiera la designación de febrero de Salam Fayyad, ex primer ministro palestino, como representante especial de la ONU para Libia.
Al principio, Haley no se habría opuesto a la designación de Fayyad. Y al ser consultada por el cambio radical de último momento de Estados Unidos, la representante estadounidense explicó que como Palestina no era un Estado reconocido por su país, un ciudadano palestino no podía tener un cargo oficial en la sede de la ONU.
El argumento fue que con esa designación se promovía el “desequilibrio” dentro del foro mundial en perjuicio de Israel. Pero no dijo claramente si el estado judío lo presionó ni si algún día Washington aprobaría a un palestino para algún cargo en Estados Unidos.
El primer día de cuestionamientos, el martes 27, Haley se presentó ante un subcomité de presupuesto de la Cámara de Representantes, dedicado a los fondos destinados a organizaciones internacionales.
Al día siguiente, el miércoles 28, debió declarar frente a todo el comité de asuntos exteriores de la cámara baja. Como política consumada, Haley se defendió bien y eludió algunos asuntos, aunque siempre expresando su inquebrantable apoyo al equipo de Trump y al propio presidente.
En un intermedio del interrogatorio en el subcomité, Haley señaló que la última amenaza contra el presidente de Siria, Bashar al Assad, y sus defensores, Irán y Rusia, en caso de que lanzara otro ataque con armas químicas, no fue más que eso, sin ninguna acción planificada.
El objetivo fue “mandar un mensaje”, no solo a Siria, sino también a Rusia e Irán, para que “retrocedieran”.
En lo que respecta al recorte casi total de fondos a Unicef en el presupuesto federal para 2018, respecto del cual los miembros del comité tuvieron varias reacciones, desde incredulidad y desilusión hasta conmoción e indignación, Haley respondió como si tal cosa que el “punto de partida” del presupuesto era reforzar las fuerzas armadas y realizar recortes en los otros ámbitos.
Tampoco reaccionó cuando el representante por el estado de Virginia, Gerry Connolly, del opositor Partido Demócrata, le preguntó si los niños del mundo debían pagar por el fortalecimiento del sector militar de Estados Unidos, a lo que respondió “no es el orgullo lo que los estadounidenses defenderán”.
Varios legisladores, muchos de ellos demócratas, preguntaron por qué Estados Unidos parecía tener una política exterior incoherente, señalando pronunciamientos encontrados entre declaraciones públicas y tuits del presidente, medidas declaraciones del secretario de Estado (canciller) Rex Tillerson y declaraciones de Haley, a veces más parecidas a opiniones personales.
Para decirlo de forma delicada, Estados Unidos se volvió “impredecible”, observó un legislador.
Al ser interrogada sobre su relación con sus superiores en Washington, Haley informó al comité de asuntos exteriores que rara vez conversaba con Trump o Tillerson.
Su relación más estrecha es con el asesor sobre seguridad nacional, H. R. McMaster, el secretario (ministro) de Defensa, James Mattis, precisó, con quienes habla sobre asuntos vinculados a la ONU, así como con otros de los integrantes del gabinete de Trump.
En lo que respecta a Rusia, Haley mantuvo su objeción a la invasión de Crimea y a las incursiones lanzadas por Moscú en el este de Ucrania, y aceptó la intromisión de ese país en las elecciones estadounidenses de 2016. Pero insistió en que Trump no estaba en connivencia con esa interferencia, aunque confesó que no habló del tema con el presidente porque no era un asunto vinculado a la ONU.
Haley recibió muchos cuestionamientos por el recorte de fondos al Unfpa, principalmente de los demócratas, pero no solamente, sobre lo que dijo que no podía hacer mucho, pues había sido por decreto presidencial, e insistió en que el dinero, unos 70 millones de dólares, según los cálculos actuales, se destinaría a programas de asistencia estadounidenses similares.
Pero esos programas impiden toda contribución a organizaciones internacionales o no gubernamentales que asistan o asesoren en materia de aborto.
El gobierno de Trump, y antes el de George W. Bush (2001-2009), utilizaron informes desacreditados respecto de que el Unfpa apoyó abortos forzados en China para cortar sus contribuciones.
Haley repitió el argumento, aunque declaró al subcomité que el Unfpa estaba “asociado” con una “compañía” en China culpable de “esterilización” involuntaria, argumento que no repitió en la audiencia del comité de asuntos exteriores. Pero Lois Frankel, legisladora demócrata de Florida, consideró esa razón como una “excusa totalmente falsa”.
Gran parte de las audiencias se concentraron en críticas y cuestionamientos al Consejo de Derechos Humanos, con 47 estados miembros, y Haley repitió lo que dijo en enero respecto de que el órgano necesitaba “arreglo”.
También había declarado este mes, en el Instituto de Graduados de Ginebra, que Estados Unidos intentaría proteger los derechos humanos  “por fuera” del Consejo si no se cumplían dos condiciones no negociables.
En ese discurso, Haley reclamó un cambio en el proceso de elección, lo debería hacerse a través de la Asamblea General, para “mantener a los peores violadores de derechos humanos fuera del Consejo”. Eso significaría poner fin a la elección abierta de los miembros del Consejo, actualmente elegidos regionalmente por consenso o luego de un tira y afloja político.
La segunda demanda es que la disposición conocida como punto 7, de la agenda del Consejo de Derechos humanos, que favorece que se condene a Israel de forma permanente, “se elimine”, propuesta que concentra un amplio apoyo bipartidista. De hecho, diplomáticos estadounidenses han logrado en los últimos años reducir el número de resoluciones al respecto, y el asunto no será objeto de debate otra vez hasta 2020.
En el Congreso, Haley sostuvo que Egipto, Pakistán y Arabia Saudita son los “partidarios más sólidos” del punto 7.
Por último, Haley no tuvo ningún problema en defender la decisión de Trump de retirarse del Acuerdo de París sobre cambio climático. “No vamos a tirar al clima por la ventana”, arguyó. “Lo que hizo el presidente fue lo más conveniente para las empresas y para nuestro país”, añadió.
A lo que Connolly respondió, la decisión de Trump coloca a Estados Unidos en el mismo barco que Nicaragua y Siria.
Artículo publicado por IPS por cortesía de PassBlue, cobertura independiente en línea de la ONU, un proyecto del Instituto Ralph Bunche de Estudios Internacionales, Centro de Graduados de la Universidad de Nueva York.
Traducido por Verónica Firme

SIN VERGÜENZA Y SIN MEMORIA ▼ Presidente de Argentina y su antecesora se retan y miran a 2019 | IPS Agencia de Noticias

Presidente de Argentina y su antecesora se retan y miran a 2019 | IPS Agencia de Noticias



Cristina Fernández y Mauricio Macri, en un acto poco antes de que el actual presidente de Argentina asumiera el cargo, en diciembre de 2015, en una imagen en que una silla en medio simbolizó la separación entre los dos rivales políticos. Crédito: CEDOC

“Hay tres tipos de Estado. Los más estables son los que se organizan sobre instituciones, como Estados Unidos. Luego vienen los que lo hacen sobre partidos, como era hasta 2001 Argentina, que hoy depende de liderazgos individuales y por lo tanto es profundamente inestable. Cada político va para donde cree que debe ir; no hay contención institucional ni ideológica”: Raúl Aragón.



Presidente de Argentina y su antecesora se retan y miran a 2019

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Cristina Fernández y Mauricio Macri, en un acto poco antes de que el actual presidente de Argentina asumiera el cargo, en diciembre de 2015, en una imagen en que una silla en medio simbolizó la separación entre los dos rivales políticos. Crédito: CEDOC
Cristina Fernández y Mauricio Macri, en un acto poco antes de que el actual presidente de Argentina asumiera el cargo, en diciembre de 2015, en una imagen en que una silla en medio simbolizó la separación entre los dos rivales políticos. Crédito: CEDOC
BUENOS AIRES, 30 jun 2017 (IPS) - Pareciera que los dos son, para el otro, el enemigo perfecto. Ambos se acusan recíprocamente de ser responsables de los males de Argentina y se sienten aparentemente muy cómodos cuando tienen que medirse entre sí. El presidente Mauricio Macri y su antecesora, Cristina Fernández, se enfrentarán en las elecciones legislativas, que se consideran un test para los comicios presidenciales de 2019.
Fernández, quien el 10 de diciembre de 2015, en una decisión sin precedentes, no quiso colocarle la banda presidencial a Macri, será candidata a senadora nacional por la provincia de Buenos Aires, el principal distrito  del país, que concentra alrededor de 40 por ciento de los electores.
Su postulación  se concretó el sábado 24, que era la fecha límite para el registro de aspirantes a las elecciones de medio término del 22 de octubre, donde se renovará un tercio del Senado y la mitad de la Cámara de Diputados del legislativo Congreso de la Nación.
“Hay tres tipos de Estado. Los más estables son los que se organizan sobre instituciones, como Estados Unidos. Luego vienen los que lo hacen sobre partidos, como era hasta 2001 Argentina, que hoy depende de liderazgos individuales y por lo tanto es profundamente inestable. Cada político va para donde cree que debe ir; no hay contención institucional ni ideológica”: Raúl Aragón.
Era la noticia que, según muchos analistas, esperaba Macri, quien busca que los argentinos vivan esta elección como una encuesta de preferencia entre la administración actual y el período anterior, que abarcó 12 años, ya que entre 2003 y 2007 gobernó el fallecido Néstor Kirchner, esposo de Fernández, su sucesora.
El  presidente, de centroderecha, eligió como principal candidato de la coalición gubernamental Cambiemos a un funcionario de perfil relativamente bajo, que lo acompaña desde hace 10 años, cuando asumió la jefatura de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: el actual ministro de Educación, Esteban Bullrich.
La importancia asignada a las parciales elecciones legislativas  es más simbólica que real. Debido a las bancas que se ponen en juego, no se alterará el actual escenario, que es de gran fragmentación en Diputados y de predominio de la oposición en el Senado.
Desde que abandonó la Casa Rosada, Fernández, de centroizquierda,  ha seguido siendo noticia permanente, porque enfrenta múltiples investigaciones por supuesta corrupción, en tres de las cuales está procesada y podría ser juzgada en un futuro cercano.
Para ella, se trata de “una persecución judicial y mediática que no registra antecedentes”, según dijo por escrito al juez federal Claudio Bonadio, que la señaló como responsable de los delitos de asociación ilícita, lavado de dinero y negociaciones incompatibles con la función pública.
Bonadio sumó además como partícipes de los hechos de corrupción investigados  a los hijos del matrimonio Kirchner, Florencia y Máximo, este último diputado nacional.
El gobierno, por su lado, también llega a la elección con un lastre pesado: no tiene noticias económicas positivas para mostrar, y su impacto social se evidencia en datos como que desde diciembre de 2015, los salarios perdieron 5,8 por ciento de su poder adquisitivo, según datos oficiales difundidos el 26 de junio.
Así y todo, el de  los trabajadores formales es un sector privilegiado de la población, ya que la desocupación trepó en el primer trimestre de 2017 a 9,2 por ciento, frente a 7,6 por ciento del trimestre anterior, y se estima que el empleo informal ronda 35 por ciento de los trabajadores ocupados.
Macri responsabiliza a la corrupción y a las políticas económicas del binomio Kirchner por ese escenario económico,  que tiene su costado más delicado en la situación social: un tercio de la población es pobre, según datos oficiales.
A comienzos de este mes, el presidente dijo que su antecesora “ha hipotecado el país” y que “expresa un montón de cosas que le han hecho mucho daño a la Argentina”.
“Una parte de la sociedad privilegia los años de gobierno de los Kirchner en los que, partiendo de una situación desastrosa, creció el poder adquisitivo del salario y hubo niveles altos de consumo, a pesar de que la economía se estancó en los últimos tres o cuatro años”, dijo a IPS el sociólogo Eduardo Fidanza,  analista de Poliarquía, consultora de opinión pública que es una referencia entre los líderes políticos y empresarios.
Mientras, “otra parte cree que la difícil situación de hoy es consecuencia de las decisiones tomadas en aquella época y está convencida de que por el camino actual tendremos un mejor futuro”,  adujo.
“No está claro cuáles son las proporciones de unos y otros en la población. Eso es lo que va a definir la elección”, agregó.
De acuerdo a las encuestas, la exmandataria atrae los mayores niveles de adhesión en los llamados segundo y tercer Cordón del  Conurbano bonaerense, los suburbios más alejados del centro de la capital,  donde la población está más castigada por la situación económica. En cambio, Fernández concita un gran rechazo en los sectores sociales medio-altos y altos.
“Empresarios de alto nivel de influencia nos manifestaron el temor de que Cristina gane esta elección. Es difícil explicarles que si gana va a ocupar un cargo legislativo y difícilmente vuelva a ser presidenta en 2019, por el alto nivel de rechazo que despierta. Los empresarios no quieren que el tiempo del kirchnerismo regrese”, dijo Fidanza.
Macri, quien fundó su partido  Compromiso por el Cambio luego del colapso financiero de 2001 que arrasó con el gobierno de Fernando de la Rúa y deslegitimó a toda la clase dirigente, llega con ventaja en términos de estructura política.
De hecho, la suya, la alianza de Cambiemos, es la única fuerza que  presentará en todo el país candidatos que reconocen una única conducción. En la mayoría de las provincias llevará como socio secundario a la Unión Cívica Radical, uno de los dos partidos históricamente más populares.
El otro es el Partido Justicialista, fundado en 1946 por el tres veces presidente Juan Domingo Perón, que encabezó el Frente por la Victoria que condujo a Kirchner y Fernández al poder, pero que vive una profunda dispersión y hoy no tiene un líder nacional.
De hecho, con tal de evitar una competencia interna,  Fernández le dejó el sello del justicialismo en la provincia de Buenos Aires a su exministro y ahora rival Florencio Randazzo, y fundó para concurrir a las elecciones a una nueva coalición electoral,  a la que llamó Unidad Ciudadana, con la que espera regresar al Senado, la cámara donde ya estuvo entre 2001 y 2007.
Todos las agrupaciones políticas afrontarán el 13 de agosto elecciones primarias simultáneas y obligatorias, según lo establece la ley, que en realidad funcionarán como una gran encuesta previa al 22 de  octubre, ya que en casi ningún caso habrá competencias internas.
“Hay tres tipos de Estado. Los más estables son los que se organizan sobre instituciones, como Estados Unidos. Luego vienen los que lo hacen sobre partidos, como era hasta 2001 Argentina, que hoy depende de liderazgos individuales y por lo tanto es profundamente inestable. Cada político va para donde cree que debe ir; no hay contención institucional ni ideológica”, dijo a IPS el doctor en Comunicación Social y analista de opinión pública Raúl Aragón.
“De todas maneras, entiendo que lo más importante que se define en la elección de la provincia de Buenos Aires es la conducción del justicialismo”, analizó.
A su juicio, aunque obtenga en las primarias menos votos que el oficialismo, si Fernández supera a los demás candidatos justicialistas, “probablemente ‘encolumne’ al justicialismo detrás suyo para ser candidata presidencial contra Macri en 2019”.
Editado por Estrella Gutiérrez

LA OTRA EUROPA o LA EUROPA QUE NO TE MUESTRAN ▼ “Europa debe influir en los Balcanes o volveremos a los años sangrientos” | Internacional | EL PAÍS

“Europa debe influir en los Balcanes o volveremos a los años sangrientos” | Internacional | EL PAÍS

BORUT PAHUR | PRESIDENTE DE ESLOVENIA

“Europa debe influir en los Balcanes o volveremos a los años sangrientos”

El mandatario cree que la dejadez de Bruselas podría hacer que aumente aún más la influencia de Rusia en la región

Borut Pahor, presidente de Eslovenia, fotografiado en el hotel Ritz de Madrid

Borut Pahor, presidente de Eslovenia, fotografiado en el hotel Ritz de Madrid 





En una época en la que el europeísmo no cotiza al alza, Borut Pahor es de los que nada a contracorriente y cree que la Unión Europea debe ser más ambiciosa en su política exterior y tratar de influir con más energía en los Balcanes. En caso contrario, el presidente de Eslovenia parece convencido de que la región— una tesis que también sostuvo el presidente europeo Jean-Claude Juncker en Financial Times— podría retroceder dos décadas, es decir, a los años de la guerra.
“Siempre les digo a mis colegas de Bruselas que hay una necesidad de prestar atención a lo que está ocurriendo allí, y liderar y solucionar los problemas. Si no, hay posibilidades de regresar a los noventa. Y seguro que usted recuerda lo sangrientos que fueron esos años”, señala Pahor, de 53 años, durante una conversación en Madrid.
El presidente esloveno —alto, fibroso, bronceado— sostiene que el impulso europeo es clave para llevar a cabo las reformas democráticas que necesitan los países del entorno, centradas en el imperio de la ley y la lucha contra la corrupción. Sin el apoyo de a quienes se refiere como colegas, lo ve “muy difícil”.
Ese espacio lo podría ir ocupando, como cada vez es más palpable en la región, la influencia de Moscú. “Y eso no sería bueno para el futuro de los Balcanes”, añade, aunque reconoce una reciente derrota de Vladimir Putin con el acceso de Montenegro en la OTAN, que se oficializó el 5 de junio. Rusia había intentado por todos los medios —los montenegrinos llegaron a denunciar un complot serbo-ruso para asesinar a su primer ministro— que el país siguiese siendo neutral. Sin éxito. 
Pahor se arranca entonces con una frase que se atribuye por error a Winston Churchill pero que es igualmente redonda, sea quien sea su autor: “Los Balcanes producen más historia de la que son capaces de digerir”.

ESLOVENIA GANA TERRENO AL MAR A COSTA DE CROACIA

Un Tribunal de Arbitraje de La Haya dio esta semana la razón a Eslovenia en su conflicto con la vecina Croacia por su frontera marítima. Liubliana debería ganar en los próximos meses territorio pero Zagreb ya ha dicho que no acepta la decisión. "Le tengo el máximo respeto a las leyes internacionales e invito al resto de gobiernos a aceptar sus decisiones", dice Pahor sobre el contencioso. La bahía de Pirán es el principal terreno en disputa, ya que eran unas aguas que pertenecían a la extinta Yugoslavia.
Hay algo de cierto. Las guerras de los noventa desintegraron la República Federal de Yugoslavia —Eslovenia fue el primer país en independizarse— y entonces comenzó un proceso de reconstrucción de las naciones resultantes, algunas fracturadas y fallidas como Bosnia y sus dos entidades casi independientes, a lo que hay que añadir otros problemas latentes como la situación de Kosovo. Con amenazas veladas y el tono bélico de los peores años instalado en la clase política, algunos creen que la situación de la región es altamente inestable y solo necesita de la chispa que encienda la pradera para volver al pasado.
Pahor es un firme defensor de que los países inmersos en un proceso de negociación para entrar en la UE, como Serbia o Montenegro, acaben sumándose al club (Eslovenia, un país de dos millones de habitantes, lo hizo en 2004). “Todos los países juntos suman 20 millones de personas. La capacidad de absorción de Europa es suficientemente fuerte para meterlos a todos dentro".


En el caso esloveno, la independencia unió a la sociedad por un mismo propósito pero, una vez conseguida, la polarización entre la derecha y la izquierda fue en aumento. ¿Cómo mirar al pasado después de 50 años sin democracia y con tantos rencores heredaros? Pahor, primer ministro entre 2008 y 2012, año en el que se presentó a la presidencia, es un socialdemócrata visto en su país como un político en busca de la reconciliación nacional: “Hay que caminar juntos. Y déjeme decirle que en eso admiro mucho a España y la figura de Adolfo Suárez. Ustedes lo consiguieron, es un éxito fantástico. Ojalá nosotros también podamos”. 

TIERRAS POCO CONOCIDAS Y GENTES MUCHO MENOS CONOCIDAS || Canadá: El país de las segundas oportunidades | Opinión | EL PAÍS

Canadá: El país de las segundas oportunidades | Opinión | EL PAÍS

El país de las segundas oportunidades

Canadá reúne condiciones que facilitan la inmigración, pero se echa de menos en Europa su alegría multirracial y que este continente se parezca un poco más a ese país donde comenzar de nuevo parece siempre un poco menos difícil



El país de las segundas oportunidades



EDUARDO ESTRADA


Emigrar nunca es fácil, y cuando es el resultado no de una opción sino de una ausencia de opciones, es siempre una experiencia penosa, sólo compensada, y no para todos, por la desaparición de las circunstancias que forzaron la marcha. Pero si uno ha de emigrar y empezar de nuevo, puede que el mejor sitio para hacerlo sea el país de cuya creación hoy se cumplen ciento cincuenta años: Canadá.
Porque aunque sean muchos los países que presumen de tradición hospitalaria –cuando los inmigrantes pueblan las ramas más lejanas del árbol genealógico parecen molestar menos y se convierten incluso en motivo de jactancia– lo cierto es que en materia de acogida Canadá, una nación fraguada al calor de cuatro siglos de inmigración sin pausa, destaca por encima de todos. Y cuando, fruto de la reforma de la política inmigratoria, la diversidad cultural y étnica desbordó la antigua dicotomía entre inglés o francés, y católico o protestante, Canadá pasó a convertirse en el único estado occidental verdaderamente multicultural y, por esa razón, en uno de los mayores y más exitosos experimentos sociales de la historia. O como bellamente dejo escrito el escritor judío de Montreal, Mordecai Richler, en «el país de las segundas oportunidades de todo el mundo».




Hubo un primer éxodo: los más de 90.000 fidelistas, partidarios de la Corona durante la Guerra de Independencia de Estados Unidos. Pero escrutando la lista de insumisos a la nueva república, descubrimos que no tantos eran ingleses. Así, el 40% de los prófugos afincados a partir de 1775 en lo que hoy es Ontario eran de habla alemana, originarios de la cuenca del Rin. También había escoceses highlanders, granjeros católicos de Irlanda y un considerable contingente de realistas negros y aborígenes. Es decir, frente al mito más tarde extendido de una nación inglesa y tory, los primeros canadienses ya eran de diverso origen étnico.


Frente al mito de nación inglesa, los primeros canadienses ya eran de diverso origen étnico


A partir de entonces, antes de la creación del Dominio en 1867, el gobierno compitió con Estados Unidos en la atracción de inmigrantes europeos para poblar su inmenso territorio. En sus reclamos a menudo se ocultaba el inclemente invierno del país, aunque tampoco sería de extrañar que muchas familias europeas no tuvieran claro si estaban desembarcando en Halifax o Nueva York, o si su nuevo hogar estaría en Iowa o Saskatchewan. La historia está contada en el museo del Pier 21 de Halifax, equivalente de Ellis Island en Nueva York, cuyas explicaciones no encubren que durante un largo periodo la política de inmigración fue racista, diseñada para evitar que ningún contingente exótico de migrantes hiciera peligrar la preponderancia europea y blanca. Y tampoco silencia la escasa solidaridad con los judíos huidos del Holocausto, a quienes se devolvió en muchos casos camino del Lager. Y es que Canadá siguió durante un tiempo el patrón de la modernidad europea: la construcción de una sociedad culturalmente homogénea, aherrojada con grillete nacionalista. De haber continuado esa senda, Canadá sería hoy un país físicamente grande y políticamente pequeño, frustrado por las desavenencias entre sus dos minorías fundadoras, la inglesa y la francesa, apenas capaces de tolerarse.
Pero en los años 60 del siglo xx pasó algo que cambió el rumbo del país. Consciente de que Canadá –quinta potencia industrial tras la guerra– necesitaba mano de obra, y de que la nación precisaba renovar su relato para hacer frente al secesionismo en Quebec, el gobierno liberal del gran Lester Pearson, en el que era ministro Pierre Trudeau, aprobó la revolucionaria Inmigration Act, que convertía a Canadá en el primer país del mundo en adoptar un sistema de selección de inmigrantes basado en el reclutamiento por puntos: un baremo basado en la edad o la experiencia laboral, pero no en la pertenencia a un colectivo racial o étnico. Hoy en torno al 22% de la población censada ha nacido fuera del país, un porcentaje extraordinario. Y se trata de un conjunto que acrece en unos 250.000 nuevos residentes legales cada año, algo menos del 1% de la población. Pero si incluyéramos los hijos o nietos de oleadas precedentes, el porcentaje de población inmigrante se dispararía a más del 50%.


Fue el primer país en seleccionar a los inmigrantes por baremos profesionales, no de raza


La constante y controlada inyección de inmigrantes, a la que se concede la ciudadanía en plazos cortos, tuvo además la terapéutica función de diluir el secular problema anglo-francés. Hoy los descendientes de los loyalistsbritánicos y la estirpe de los québéquois son sólo las dos minorías principales. El desbordamiento étnico, el bilingüismo federal y las políticas de desagravio dirigidas a sanar la herida con la población aborigen, hacen de Canadá el primer país occidental que ha roto con el molde del Estado-nación, dato que quizá no sea ajeno a su comentada inmunidad al contagio populista. Y la clave en la bóveda de esta construcción admirable es la inclusión. La inclusión social, que erige un sistema de bienestar parecido al europeo. Pero también la inclusión cultural. Canadá es el primer país que ha entendido que una sociedad inclusiva no es la que acepta acríticamente cualquier tradición cultural que un inmigrante trae en su maleta –tal es la caricatura que el liberal hace del multiculturalista–, sino aquella que pone alto el listón de lo que excluye, porque sabe que al excluirlo elimina un incentivo para que el emigrado se sienta ciudadano de la comunidad política de llegada. Mientras el verano pasado Europa se desquiciaba por el avistamiento del burquini en sus playas, Canadá decidía que una musulmana podía ejercer de policía montada tocada por un velo y se enorgullecía de que su Ministro de Defensa luciera un vistoso turbante sikh. Los fundamentos democráticos del Estado no han sufrido por ello y no parece que un policía o un ministro sean personas poco integradas o faltos de compromiso con su país. Durante la crisis de los refugiados el Primer ministro Trudeau ha podido, sin oposición en la calle o el parlamento, emular a su padre, cuyo gobierno acogió en 1972 a los ismaelitas que sufrían la persecución de Idi Amin en Uganda: en 2016 fueron más de 30.000 sirios los que hallaron en Toronto, Montreal o Vancouver su segunda oportunidad.
Nada relacionado con el debate migratorio es fácil ni la actual coyuntura tolera simplismos bienintencionados. El suelo de Canadá reúne unos presupuestos hasta naturales que hacen que recibir inmigración sea más fácil que en Europa. Pero no ocultaré que tras haber vivido cuatro años allí y haber vuelto hace poco, más de una vez he echado en falta en nuestras ciudades esa abigarrada alegría multirracial que conocí en Canadá y he deseado que mi casa europea se parezca un poco más a ese país donde comenzar de nuevo parece siempre un poco menos difícil: que el país de las segundas oportunidades sea también el país del futuro.


Juan Claudio de Ramón Jacob-Ernst es ensayista.

La historia de la semana: Harry Potter sí, Harry Potter no: ¿es conveniente que nuestros hijos lo lean?

Actuall - actuall.com
No sabía qué hacer para salvar a mis dos hijos varones de las garras de la tele y conseguir que leyeran (las chicas eran más ilustradas). Los maromos estaban todo el santo día abducidos por la caja.
De acuerdo, no eran más que dibujos, pero yo a su edad -10 y 11 años- ya había catado las novelas de Tarzán, de Egdar Rice Burroughs, de la biblioteca de mi abuelo. Y una me llevó a otra, y de ahí pasé a Enyd Blyton, y de Blyton a Dumas, y de Dumas a Dickens, y aquellos veranos de la adolescencia me marcaron para siempre y a ellos les debo mucho de lo que soy.
Pero hete aquí que un buen día los dos gansos cambiaron la tele por un libro, y de adictos a Oliver y Benji, los magos del balón, se hicieron adictos a otra clase de magia muy distinta: la de la lectura. Se devoraron en un santiamén las 256 páginas de un libro recién salido del horno -te estoy hablando de hace 20 años-.
El libro se titulaba Harry Potter y la piedra filosofal, y en la portada aparecía un niño con cuatro ojos y flequillo subido a una escoba, sobre un fondo de una media luna, un castillo y un unicornio.
Mi mujer y yo le estamos muy agradecidos a la autora, J.K. Rowling, porque consiguió hechizarlos con la letra impresa y alejarlos (a ratos) de ese otro encantamiento mucho más pernicioso que es la tele, que te manipula y te emboba.
Harry Potter es un fenómeno cultural como se han visto pocos en el último medio siglo, con tiradas millonarias, y millonarios éxitos de taquilla (de sus adaptaciones a la pantalla). Y legiones de seguidores.
Pero junto al éxito… la controversia. Algunos especialistas objetan sobre la conveniencia de que lo lean los adolescentes debido a las conexiones de la saga con el ocultismo e incluso el satanismo. Hay autores como Richard Avanes, escritor evangélico que ha elaborado todo un ensayo, Harry Potter y la Biblia, en el que rastrea las influencias de la new age y de las religiones neopaganas -que han crecido en la Europa postcristiana del último medio siglo- en el personaje de J.K. Rowling.
También L’Osservatore Romano ha publicado artículos sobre los efectos perniciosos que puede tener la lectura de Potter.
Otros especialistas, sin embargo, señalan que las escobas, Voldemort y la Escuela de Hogwarts no son más que un marco de fantasía, sin ninguna clase de contraindicación ética, sin otro objetivo que entretener.
Me picó la curiosidad, quise salir de dudas (y sacar de ellas a muchos padres) y encargué a Juan Robles un reportaje sobre el trasfondo cultural y religioso de la saga. Porque no se puede olvidar que la aparición de estas novelas ha coincidido con un auge del neopaganismo y del ocultismo en Europa y EEUU.
Robles ha indagado en los orígenes de Harry Potter, se ha leído los ensayos de Avanes y de la socióloga alemana Gabrielle Kuby, y cotejado lo que dice la Iglesia católica acerca de la magia y la brujería. Y el resultado es este reportaje, que te adelanto como suscriptor de Actuall.
Quienes defienden a Potter sostienen que la magia no deja de ser un recurso literario que, por lo demás, está omnipresente en la narrativa juvenil desde los hermanos Grimm hasta otro fenómeno de las últimas décadas: Michael Ende y su Historia interminable.
El quid estriba en cómo se trate. Los cultos paganos anteriores al cristianismo -y sus supuestas conexiones satánicas- pueden servir de inofensivo marco humorístico para un comic -como ocurre con el druida de Astérix-; o como una ambigüa apología de ese mundo que agoniza en la adaptación cinematográfica del mito del rey Arturo en la película Excalibur.
Pero lee el reportaje de Robles y te enterarás de cómo acaba el cuento.
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