jueves, 30 de octubre de 2014

LA DIGNIDAD DE LAS PERSONAS, NO SE NEGOCIA... NUNCA ▼ DESAPARICIÓN DE ESTUDIANTES EN MÉXICO: “Con el sufrimiento no se negocia, queremos a nuestros hijos vivos” | Internacional | EL PAÍS

DESAPARICIÓN DE ESTUDIANTES EN MÉXICO: “Con el sufrimiento no se negocia, queremos a nuestros hijos vivos” | Internacional | EL PAÍS



“Con el sufrimiento no se negocia, queremos a nuestros hijos vivos”

Los padres de los estudiantes desaparecidos en Iguala emplazan al presidente de México a encontrarles con vida rápidamente y muestran su desconfianza en las investigaciones







Los familiares de los desaparecidos en la rueda de prensa. / SAÚL RUIZ


Una ausencia, larga y profunda, se adueñó este miércoles de la Residencia Oficial de Los Pinos. Bajo su sombra se vieron las caras por primera vez el presidente de México, Enrique Peña Nieto, y los padres de los 43 estudiantes de magisterio desaparecidos hace más de un mes en Iguala. La reunión, de cinco horas, acabó con comunicados por separado y con una exigencia irrenunciable de los familiares: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”. El presidente mostró su comprensión por el dolor de las víctimas y prometió dar con los culpables, sin dejar resquicio alguno a la impunidad.
En una imagen que permanecerá durante mucho tiempo en la retina de los mexicanos, los parientes de los normalistas, rehuyendo del protocolo palaciego y de la imagen conjunta con Peña Nieto, eligieron la sencilla sede del Centro de Derechos Humanos Agustín Pro Juárez, para expresar los sentimientos que les remuerden su interior tras 33 días de búsqueda fallida. “El sufrimiento no se negocia, las vidas no tienen precio, sólo queremos reencontrarnos con nuestros hijos en la escuela. Llevamos más de 30 días en el infierno, sin dormir, sin comer. Que sepa el presidente que no confiaremos en él ni en el Estado hasta que nos los devuelvan vivos”, afirmó Felipe de la Cruz, padre de un desaparecido.
Vestidos modestamente, algunos con dificultades para expresarse en público, los familiares se subieron a un estrado para mostrar su desapego hacia las autoridades. Una y otra vez insistieron en que la falta de resultados había erigido un muro que sólo el hallazgo de los jóvenes podría derribar. Sin perder la fe en que siguen con vida, pese a los múltiples indicios que apuntan a su exterminio por el narco, exigieron a Peña Nieto que acelere las investigaciones. “Se han burlado de nosotros, solo hemos perdido el tiempo. Desde aquella noche estamos a la espera. Y el dolor nos hunde. Cuando como, pienso qué estará comiendo él, cuando bebo, pienso, qué estará bebiendo él; esto es una pesadilla de la que no podemos despertar”, afirmó emocionado Epifanio Álvarez, padre de un normalista. “No podemos confiar sin resultados. Estamos dispuestos a dar la vida por nuestros compañeros. Hoy el presidente solo nos ha dado promesas y nosotros necesitamos hechos”, remachó David Flórez Maldonado, compañero de estudios de los desaparecidos.
El presidente, en un mensaje televisado y sin corbata, mostró su solidaridad con las familias, con las que dijo compartir la "indignación, el dolor y la incertidumbre". "No hay resquicio para la impunidad, vamos a dar con los culpables y aplicar la ley tope donde tope", afirmó el mandatario.
Aunque la distancia entre las familias y el presidente quedó patente en las declaraciones de los padres, la reunión en Los Pinos acabó con un acuerdo firmado por ambas partes, en el que se recogen 10 peticiones de las víctimas. Entre ellas destaca la creación de una comisión mixta, con representantes del Gobierno y las familias, para mantener un flujo constante de información. También se establece rediseñar un plan de búsqueda de los estudiantes desaparecidos, y dar atención a las familias de los seis fallecidos la noche del 26 de septiembre. Por último, Peña Nieto anunció su apoyo para "dignificar" a las escuelas normales rurales.
La reunión, a puerta cerrada, disuelve una de las críticas más lacerantes que se hacían al mandatario y muestra la voluntad del Gobierno mexicano por enderezar un caso cuyo final se presume cercano y dramático. Tras un inicio errático, en que la investigación quedó a cargo del ya defenestrado gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, las autoridades federales se vieron obligadas a recuperar el timón, haciéndose cargo de las pesquisas policiales y, al mismo tiempo, tomando la bandera de las víctimas, cuyo abandono y malestar habían generado una oleada de protestas en todo el país. Este acercamiento desembocó en la reunión de miércoles.
En la cita, las familias han insistido en que no se dé por muertos a los normalistas y que se enfoque su búsqueda como un secuestro, un aspecto espinoso por la multitud de indicios que apuntan a que fueron asesinados a sangre fría. En este sentido, también pidieron que se evite la criminalización de los estudiantes, ante las informaciones que les vinculan con las policías comunitarias, unas oscuras autodefensas que se mueven en los márgenes de la ley, y con el cartel de Los Rojos, el clan rival de Guerreros Unidos.
El momento elegido para el encuentro con el presidente no es casual. La investigación ha entrado en un punto clave. La captura del líder supremo de Guerreros Unidos, Sidronio Casarrubias Salgado, ha empezado a arrojar nueva luz sobre lo ocurrido aquella trágica noche el 26 de septiembre. Las detenciones se han disparado y el hallazgo de una nueva fosa en Cocula, una localidad vecina de Iguala, indica que el puzle está a punto de resolverse. Aunque las autoridades se resisten a hablar de muerte, un tabú para las familias, en la mente de los investigadores está claro que los estudiantes fueron liquidados por los sicarios de Guerreros Unidos tras su entrega por la policía municipal de Iguala y Cocula, dos fuerzas sometidas al narco.
El motivo del más que probable exterminio es aún un misterio. La declaraciones de Sidronio Casarrubias, reveladas por Reforma, apuntan, una y otra vez, a que los estudiantes fueron tomados por miembros de un clan rival, Los Rojos, e incluso que entre sus filas se habían infiltrado 17 sicarios enemigos que tenían por objetivo asesinar al jefe de plaza del cartel en Iguala. Esta versión, llena de aristas y en cierto modo exculpatoria, traza un peligroso nexo entre los normalistas y los criminales. Un vínculo que los familiares niegan tajantemente y que, en todo caso, no da razón de una matanza de tales dimensiones. Menos problemática es la parte de la confesión del líder de Guerreros Unidos que confirma la pertenencia al cartel del alcalde de Iguala y su esposa, ahora prófugos. La mujer era, según esta versión, la responsable de las finanzas de la organización criminal, la principal promotora económica de la campaña del exgobernador Aguirre y también, presuntamente, su amante. Esta declaración abre la vía a que se investigue penalmente al exgobernador por sus vínculos con la pareja, ahora mismo, las dos personas más buscadas de México.

el dispreciau dice: entiéndase... dirigido a los "representantes" políticos que no representan a nadie en todo el orbe humano globalizado... sépanlo... con la dignidad de las personas no se negocia... con el destino de las personas no se juega, no se condiciona, no se atropella... con el derecho ciudadano no se negocia, con el derecho humano tampoco... se trate de quien se trate... los estados pseudo democráticos están caducos y vacíos de estados de derechos, las repúblicas también lo están, ejerciendo un terrorismo de estado conducido por el mundo de las redes de narcotráfico y trata de esclavos, o lo que es lo mismo, un estado corporativo globalizado que lava activos financieros para sostener un modelo de economías quebradas que a su vez se sustentan en gentes empobrecidas y denigradas en sus condiciones humanas, por simple antojo de familias nazis que ocupan el poder del imperio aliado en el aquí como en el allá... México carece de estado de derecho, al igual que lo que sucede en todo el resto de América que se dice democrática y libertaria... así como Rusia carece de estado de derecho, al igual que China o cualquier otro polo imperial y medieval del mundo occidental y/u oriental, donde la mentira ha reemplazado al sentido común necesario a cualquier sociedad humana.

el imperio medieval está tan loco que ya no mide la consecuencia de sus actos...

el imperio medieval ha perdido totalmente el sentido de los estados de derechos...

el imperio corporativo está llevando al mundo humano a una tragedia nazi globalizada de la que no habrá retorno... y donde nadie quedará vivo para juzgar a los responsables /culpables que no son otros que aquellos que se creen dueños del poder y del destino del resto de los mortales... lo cual es inaceptable...

México es una vergüenza humana, nada distinta de los demás desconciertos que esconden a políticos miserables que viven de las cajas negras que proporcionan bienestares de corto plazo, producidos por el narcotráfico, por las redes de esclavos de la prostitución, del tráfico de órganos, del tráfico humano para fines denigrantes...

un mundo delincuente no le sirve más que al imperio aliado medieval y nazi, y sólo a él y sus vacíos...

a este paso, el imperio terminará convirtiendo la Tierra en un gran campo de concentración a efectos de exterminar a los mortales, inocentes y humildes de cualquier clase y condición. OCTUBRE 30, 2014.-

INDICIOS DE LA EXTINCIÓN DE LA RAZA HUMANA ▼ DESAPARICIÓN DE ESTUDIANTES EN MÉXICO: “Yo sé leer”: vida y muerte en Guerrero | Opinión | EL PAÍS

DESAPARICIÓN DE ESTUDIANTES EN MÉXICO: “Yo sé leer”: vida y muerte en Guerrero | Opinión | EL PAÍS



LA CUARTA PÁGINA

“Yo sé leer”: vida y muerte en Guerrero

En este territorio bipolar, el carnaval coexiste con el apocalipsis. El emporio turístico de Acapulco y la riqueza de los caciques contrasta con la pobreza de la mayoría, y el narcotráfico no es la principal causa de su deterioro





ENRIQUE FLORES


El pasado 17 de octubre el cadáver de Margarita Santizo fue velado en la calle Bucareli de la Ciudad de México, frente a la Secretaría de Gobernación. Así se cumplía la última voluntad de la difunta, que había buscado sin éxito a su hijo desaparecido. La escena sirve de alegoría para un país donde la política amenaza con transformarse en un rito funerario.
La espiral de violencia alcanzó un grado superior el 26 de septiembre con el asesinato de seis jóvenes y el secuestro posterior de 43 estudiantes normalistas en Ayotzinapa. Ese día me encontraba en la Universidad Autónoma Guerrero para dar una conferencia sobre José Revueltas. Mi anfitrión era un alto funcionario de la Universidad que en su juventud perteneció a la guerrilla de Lucio Cabañas. Hablamos del escritor comunista tantas veces encarcelado por sus ideas. Esto permitió que el académico repasara su propia trayectoria: “Lucio Cabañas me salvó la vida”, comentó con una peculiar mezcla de admiración y tristeza: “Me obligó a bajar de la sierra antes de que mataran a su gente: ‘No tienes aspecto de campesino’, me dijo: ‘Si te encuentran acá, no podrás decir que andabas sembrando; tienes que continuar la lucha donde vales más: el salón de clases”.
La exigencia del guerrillero significó la pérdida de una ilusión. Al mismo tiempo, el solitario camino de regreso a la vida civil permitió que un luchador social siguiera con vida.
La gran paradoja del Estado de Guerrero es que ser maestro también es un oficio de alto riesgo. Cabañas nació en un pueblo que refutaba su nombre (El Porvenir) y se dedicó a la enseñanza primaria. Muy pronto descubrió que era imposible educar a niños que no podían comer. Al igual que otro maestro, Genaro Vázquez, creó un movimiento para mejorar la vida de sus alumnos y se topó con la cerrazón oficial. Con el tiempo, quienes enseñaban a leer radicalizaron sus métodos de lucha.
La cultura de la letra ha sido un desafío en una zona que dirime discrepancias a balazos. En los años sesenta del siglo XX, dos terceras partes de los pobladores de Guerrero eran analfabetas. La Normal de Ayotzinapa surgió para mitigar ese rezago, pero no pudo ser ajena a males mayores: la desigualdad social, el poder de los caciques, la corrupción del gobierno local, la represión como única respuesta al descontento, la impunidad policiaca y la creciente injerencia del narcotráfico. Esas lacras no son ajenas a otras partes del país. La peculiaridad de Guerrero es que el oprobio ha sido continuamente impugnado por movimientos populares.
En México armado, libro fundamental para entender este conflicto, Laura Castellanos narra el tránsito de los maestros a la guerrilla. Genaro Vázquez fundó una Asociación Cívica que recibió el repudio de las autoridades y el mote despectivo de “Civicolocos”. Por su parte, Lucio Cabañas creó el Partido de los Pobres, pero no logró incidir en la política local. El Gobierno ofreció a los cabecillas dinero y puestos políticos (en Guerrero, suelen ser sinónimos). Los líderes rechazaron esa salida "negociada" y optaron por un camino sin retorno en la montaña.
La cultura de la letra ha sido un desafío en una zona que dirime las discrepancias a balazos
La salvaje represión de la guerrilla se conoció con el redundante eufemismo de “guerra sucia”. Después de la muerte de Cabañas, hubo 173 desapareciedos. Castellanos cuenta la historia de la base aérea en Pie de la Cuesta, Acapulco, donde los aviones despegaban para arrojar disidentes al océano, inclemente recurso que también usarían las dictaduras de Chile y Argentina. En los años setenta, durante la presidencia de Luis Echeverría, México fue el país esquizoide que daba asilo a perseguidos políticos de Sudamérica y sepultaba a sus inconformes en altamar.
Hablábamos en Acapulco de José Revueltas y Lucio Cabañas cuando supimos que seis jóvenes habían sido asesinados en el municipio de Iguala. Esta noticia del infierno venía agravada por una certeza: el horror no era nuevo; llegaba de muy lejos. En Guerrero, la violencia ha sido sistemáticamente alimentada por las masacres cometidas por el ejército y grupos paramilitares. Luis Hernández Navarro, autor de un libro crucial sobre el tema (Hermanos en armas), señala que todos los movimientos insurgentes de la región han surgido después de matanzas (la de Iguala, en 1962, produjo el levantamiento de Genaro Vázquez; la de Atoyac en 1967, el de Lucio Cabañas; la de Aguas Blancas en 1995, el del Ejército Popular Revolucionario).
¿Cuál será el saldo de 2014? El narcotráfico ha ganado fuerza en la región con la presencia rotativa de los cárteles de La Familia, Nueva Generación, los Beltrán Leyva y Guerreros Unidos. Pero no es la principal causa del deterioro. En ese territorio bipolar, el carnaval coexiste con el apocalipsis. El emporio turístico de Acapulco y la riqueza de los caciques contrasta con la pobreza extrema de la mayoría de la población. La indignante desigualdad social justifica el descontento y explica que muchos no encuentren mejor destino que sembrar marihuana o matar a sueldo.
En 2011, el Partido de la Revolución Democrática llevó a la gubernatura a Ángel Aguirre, que había pertenecido al PRI y fungido como gobernador interino en 1999, sustituyendo a su jefe, Rubén Figueroa, responsable de la matanza de Aguas Blancas. Su elección fue un giro oportunista para sumar intereses políticos con el engañoso mensaje de una alternancia en el poder. Como los barcos que utilizan la insignia de Panamá, el PRD se ha convertido en una entidad que alquila su bandera. En la búsqueda del poder por el poder mismo, apoyó a un personaje que jamás combatiría la corrupción ni la injusticia. Al amparo de esa gestión, surgieron figuras dignas de Los Soprano, como el alcalde de Iguala, José Luis Abarca, también del PRD y hoy fugitivo. De manera inverosímil, la cúpula partidista respaldó a Aguirre después de la desaparción de los estudiantes. Sólo la presión social llevó a su renuncia, que en modo alguno mitiga el eclipse del “Partido del Sol”.
La indignante desigualdad social conduce a muchos a sembrar marihuana o matar a sueldo
En la búsqueda de los normalistas desaparecidos se han encontrado fosas con otros muertos. De 2005 a la fecha han aparecido 38 criptas de ese tipo. Excavar la tierra en Guerrero es un inevitable acto forense.
Durante medio siglo, los abusos de las autoridades han sido repudiados por una población pobre pero politizada. La Escuela Normal representa un centro neurálgico de la discrepancia. Conviene recordar que en los años sesenta uno de sus activistas se llamaba Lucio Cabañas.
El 26 de septiembre hubo cuatro balaceras distintas y un solo blanco: los jóvenes. Con el apoyo del crimen organizado, el alcalde Abarca sembró el terror para amedrentar a los normalistas que se movilizaban para recordar a las víctimas de la matanza de Tlatelolco. Una vez desatado el mecanismo represivo, también fue acribillado un equipo de fútbol. ¿Su delito? Ser jóvenes; es decir, posibles rebeldes.
“Hay una tensión entre leer y la acción política”, escribe Ricardo Piglia. Interpretar el mundo puede llevar al deseo de transformarlo. En ocasiones, la letra, y la ortografía misma, son un gesto político que desafía un orden bárbaro: “Podríamos hablar de una lectura en situación de peligro. Son siempre situaciones de lectura extrema, fuera de lugar, en circunstancias de extravío, o donde acosa la amenaza de una destrucción. La lectura se opone a una vida hostil”, argumenta Piglia en El último lector.
El Che Guevara pasó su última noche en una escuela rural. Ya herido, contempló una frase en la pizarra y dijo a la maestra: “Le falta el acento”. La frase era “Yo sé leer”. Ya derrrotado, el guerrillero volvía a otra forma de corregir la realidad.
Hace años, maestros acorralados por el Gobierno decidieron tomar las armas en Guerrero. Lucio Cabañas decidió salvar a uno de los suyos para que volviera a la enseñanza, instrumento de lucha en un país sin ley.
43 futuros maestros han desaparecido. La dimensión del drama se cifra en una frase que se opone a la impunidad, el oprobio y la injusticia: “Yo sé leer”. El México de las armas teme a quienes enseñan a leer.
A ese país le falta el acento. Llegará el momento de ponérselo.
Juan Villoro es escritor. Acaba de publicar ¿Hay vida en la Tierra? (Anagrama).

DIARIO DE LOS CONDENADOS ▼ “50.000 niños podrían morir por la crisis alimentaria” | Planeta Futuro | EL PAÍS

“50.000 niños podrían morir por la crisis alimentaria” | Planeta Futuro | EL PAÍS



EN PRIMERA LÍNEA - DIARIO DESDE SUDÁN DEL SUR/3

“50.000 niños podrían morir por la crisis alimentaria”

Tercera entrega del diario de la misión de respuesta rápida de Unicef en una aldea remota del país africano





Una mujer escarba en el terreno para recoger hierbas para alimentar a sus hijos, en Kiech Kuon. / UNICEF
Día tres
Hoy, el trabajo que vinimos a hacer aquí empieza fuerte. Estoy con un equipo de 19 especialistas de Unicef y del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en el pueblo de Kiech Kuon, donde nos quedaremos 10 días con el fin de intentar ayudar a personas que no han tenido acceso a servicios básicos durante meses (enlace a la entrada uno del diario). En el abandonado y saqueado lugar donde se ubica la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA), aliada de Unicef sobre el terreno, hemos establecido nuestro “centro de registro civil”.
Las familias hacen cola para ser registradas, en Kiech Kuon, Sudán del Sur. / UNICEF
Estos son los centros operativos de las Misiones de Respuesta Rápida que Unicef y el PMA llevan a cabo en Sudán del Sur. En primer lugar, las familias hacen cola para ser examinadas por un miembro del personal del PMA, que se encargará de recabar la información pertinente y les expedirá una tarjeta azul que usarán para recoger su ración de alimentos, la cual se repartirá desde el aire durante la semana. Posteriormente, cada familia va a la mesa donde la especialista en nutrición de Unicef, Angela Kangori, ha establecido su equipo para dar a los niños suplementos de vitamina A y píldoras antiparasitarias, además de comprobar su estado nutricional colocando una cinta de plástico alrededor de la parte superior del brazo y que funciona con una escala que va del color verde, al amarillo y, finalmente, al rojo.
Después, las familias pasan a la estación del doctor Thomas Lyimo (enlace a la segunda entrada del diario). El especialista sanitario de Unicef supervisará al ajetreado equipo que estará poniendo vacunas contra el sarampión y la poliomielitis. La mayoría de niños no tienen puestas estas vacunas debido al reciente conflicto y los deficientes servicios sanitarios que ya tenían antes del mismo. Luego está la sección para la protección infantil, en la que Geoffrey Kayonde, de la ADRA, coloca una mesa de plástico y realiza entrevistas cortas a niños y madres para descubrir si son víctimas de violencia, si han sido separados de sus padres o si se enfrentan a otros problemas.
Nyadieng Puol explica a las mujeres de la aldea de Kiech Kuon cómo amamantar. / UNICEF
Finalmente, Nyadien Puol se sienta en un tronco caído para hablar con las madres sobre la mejor manera de alimentar a los bebés (se recomienda la lactancia materna durante los primeros seis meses de vida) y sobre cómo mantener a sus hijos y sus hogares en las condiciones higiénicas adecuadas para combatir gérmenes peligrosos.


De inmediato, se ve claramente por qué la población de Sudán del Sur se enfrenta a la peor crisis mundial de seguridad alimentaria de hoy en día. Hay que tener en cuenta que casi un millón de niños necesitarán tratamientos especiales debido a su desnutrición antes de que acabe el año y 50.000 de esos niños podrían morir si no se atienden los llamamientos internacionales que piden financiación.
A veces, pienso que estas cifras son demasiado elevadas y difíciles de abordar. Pues bien, aquí tenemos a dos chicos que pertenecen a ese millón: Duoth and Nyabeth Gatluak. Son mellizos, un chico y una chica nacidos en octubre. Están vestidos con monos a juego en azul y blanco haciendo cola en el centro de registro civil con su madre, Nyayian Lul, y sus cuatro hermanas. El equipo de Angela ha detectado que los mellizos presentan desnutrición y los han sacado de la cola junto con Nyayian para que reciban ayuda especial.
Nyadieng Puol asesora a las mujeres sobre crianza y lactancia. / UNICEF
Como madre, está claro que Nyayian y su marido James, maestro de escuela, están haciendo todo lo posible para ofrecer los mejor a sus hijos. Van bien vestidos con ropa cuidada y limpia, y las chicas más mayores son educadas y sonrientes. Sin embargo, cuando Nyayian habla, rápidamente se puede observar que tiene algún problema. “No tenemos comida adecuada para darles”, dice en voz baja mientras mira a sus hijos jugar. “Encontramos harina de maíz o sorgo en el mercado pero está a tres días de camino y otros tres de vuelta. Además, por cada cuatro sacos de sorgo tenemos que vender una vaca. No tenemos ni dinero ni vacas suficientes. Lo único que podemos darles aparte de eso son plantas o hierbas salvajes que crecen por la zona”.
Al estar rodeado por tierras fértiles inundadas por la luz solar y lluvias regulares, Kiech Kuon deberían ser un lugar relativamente rico. Y lo era, según nos dijo Nyayian. “Antes era un lugar agradable y no teníamos demasiados problemas”, afirma. “Y llegó la guerra. Tuvimos que huir con lo puesto. Al volver, nos habían robado ollas y sartenes e incluso la ropa de cama y las mantas. No es una cuestión de comida, no nos queda ya nada. Y nadie ha venido a ayudarnos durante más de seis meses”.
Escucho historias similares una y otra vez. También está Nyakaka Wal, que tuvo a su hija Nyamut en abril debajo de un árbol junto a un pantano sin ayuda de nadie porque se encontraba en plena huida del conflicto. Hoy en día, dos de sus hijos viven con familiares en un campo de refugiados en la vecina Etiopía.
Los otros dos están aquí con su madre, que no puede alimentarlos más que con plantas salvajes y sangre de vaca tostada. Junto a ellos está Nyayual Nyoak, que sufre ceguera parcial y que tiene que caminar tres días de ida y otros tres de vuelta para comprar alimentos que dar a su familia y, en ocasiones, vadear pantanos que le llegan hasta la cintura para conseguir agua.
También tenemos a Nyaluak Joak, que caminó durante todo un día para ir desde su ciudad hasta el centro de registro civil y que declara que, donde ella vive, al menos pueden comer pescado que capturan con redes en lagos cercanos. Aparte de eso, no hay más alimentos. Mi diario está repleto de historias como estas y solo llevo un día en un pueblo de Sudán del Sur.
Un sanitario administra la vacuna a un niño de la aldea de Kiech Kuon. / UNICEF
Lo que no me entra en la cabeza es que la mayoría de estas madres me hablan entre verdes pastizales y pequeñas parcelas donde las plantas de maíz crecen frondosamente hasta alcanzar una altura de dos metros o más. Parece que nadie debería pasar hambre aquí. Pero todavía quedan unas semanas para recoger la cosecha. Ahora, todas estas personas (millones a lo largo de todo el sur de Sudán) están sufriendo lo que se conoce como la “temporada de hambre”, el período comprendido entre el momento en que se agotan las reservas de alimentos y la recogida de la cosecha. Para dar un giro a esta situación de desnutrición extendida, que mata lentamente a los niños, se necesitan fondos para financiar el trabajo de Unicef, para poder llevar alimentación terapéutica (pasta de cacahuete con un alto contenido en proteínas que se le da a los más afectados) y el del PMA, para que puedan transportar y distribuir por aire productos básicos como harina de maíz y aceite para cocinar.
Por el bien de los mellizos Duoth y Nyabeth, su madre Nyayian, Nyakakay y su bebé Nyamut, Nyayual y Nyaluak, así como el resto de personas que viven en Kiech Kuon o en el resto de Sudán del Sur, solo podemos esperar que no se haga oídos sordos ante estos llamamientos. Ha sido una entrada larga en el diario de un largo y una vez más difícil día. Cuando me dijeron que estas misiones eran “exigentes”, pensé que se referían a las condiciones medioambientales. En realidad, la carga emocional es mucho más dura.
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Este diario se escribió a finales de verano y hasta octubre se han completado 26 misiones conjuntas de respuesta rápida, todas ellas en los estados donde el conflicto se ha extendido y la gente huye. Las misiones han alcanzado a más de 550.000 personas, incluyendo 116.000 niños menores de cinco años. Cuatro misiones están a punto de terminar.

CONSCIENCIA DE ÁRBOL

miércoles, 29 de octubre de 2014

LAS NIÑAS DE PIPLANTRI, ALLÁ POR RAJASTÁN ▲▲▲ Por cada niña, un bosque | Planeta Futuro | EL PAÍS

Por cada niña, un bosque | Planeta Futuro | EL PAÍS



Por cada niña, un bosque

El pueblo de Piplantri, en el estado indio de Rajastán, celebra el nacimiento de cada mujer con la plantación de 111 árboles para asegurar su futuro y concienciar contra los feticidios



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Pura y su marido Shubhum Singh plantan un árbol en honor al nacimiento de su hija Disha, en Piplantri (India), en junio de 2013. / PRAHLAD PALIWAL




Disha parecía loca de gusto. Su madre masajeaba su cuerpecito con un ungüento de aloe vera. Hábiles y atentos, sus dedos subían y bajaban, animados por una danza tan sinuosa como tenaz. Desde el vientre hasta los talones y la planta de los pies, y desde las nalgas hasta las aletas de la nariz. Pura celebraba con ese baño y la consiguiente puja –rito espiritual hindú– el año y poco de vida de su hija. El baile de caricias hacía brotar carcajadas de felicidad en el bebé, como crecen más de un centenar de árboles en su nombre en Piplantri.
La árida localidad del estado indio de Rajastán no sólo honra la llegada al mundo de los varones con danzas, cantos y proclamas a las deidades hindúes. Sino que también las niñas son bienvenidas con un ritual más terrenal y menos efímero; la plantación de 111 árboles en su honor. “Cuidamos de los árboles como parte de nuestra familia. Porque son el fruto de la tierra y porque también nos darán el fruto para mantener a nuestras hijas", explica Pura, una de las mujeres de la aldea de 8.500 habitantes que se benefician del proyecto.
Desde hace seis años, las madres de Piplantri pueden formar parte de la iniciativa Kiran Hadhi Yogana, de forma voluntaria. Al entrar en el proyecto, las familias se responsabilizan de la plantación y cuidado de 111 árboles por cada niña que nazca en su hogar. También de forma voluntaria, los padres se comprometen a aportar un depósito fijo de 21.000 rupias (271,5 euros) para el futuro de sus hijas. “El resto del pueblo contribuye con 10.000 rupias más para hacer un total de 31.000 (400 euros) para cada niña. Si las familias no puedan aportar la cantidad más alta, ésta correría a cargo de la comunidad”, explica elsarpancha –alcalde– de la localidad y creador del proyecto. Shyam Sundal Paliwal concibió la idea cuando se vio al cargo del departamento de saneamiento y medio ambiente de Piplantri, pero fue la muerte por deshidratación de su hija Kiran en 2007 lo que puso la simiente final. “Kiran Hadhi Yogana beneficia a todos. Más de 60 familias se han sumado al programa y hemos plantado 285.000 árboles en un espacio de 2.000 hectáreas”, apunta Shyam, quien asegura que ahora las familias están más predispuestas a aceptar el nacimiento de niñas por la ayuda económica que ello conlleva.
La concepción de una niña en India supone un contratiempo debido a las imposiciones de una sociedad patriarcal y patrilineal. Los varones son el sustento de la economía doméstica mientras que las hijas son casadas previa dote, lo que implica un gasto añadido para su familia. Pese a que la ley india prohíbe esta costumbre desde 1961, el pago de sumas de dinero por parte de los padres de la novia a la familia del esposo, quien se hace cargo de la mujer, sigue siendo habitual en todos los estados indios. La permanencia de este atavismo conduce, indirectamente, a prácticas que son ya un silencio a gritos en el país asiático, los feticidios femeninos.
No existen datos certeros acerca de este drama clandestino. Pero las cifras referentes a la proporción de hombres y mujeres en India, reflejados en el último censo de 2011, son reveladoras: 940 mujeres por cada 1.000 hombres. En el estado de Rajastán el fenómeno deja un ratio aun menor, 928 por cada 1.000. Mientras que en el caso de menores de 6 años, los números son contundentes: sólo hay 888 niñas por cada 1.000 niños –una relación muy baja si se compara con la proporción natural de sexos entre recién nacidos, establecida en valores de 103 a 107 varones por cada 100 hembras–. El Gobierno indio ha intentado poner freno al aborto selectivo de niñas mediante la actualización en 2003 de la Ley sobre las Técnicas de Diagnóstico Prenatal (1994), prohibiendo las sonografías y otros métodos de predicción del sexo del feto. Aunque lleva una década en vigor, sólo un pueblo de Rajastán ha interpuesto una denuncia por feticidio en base a la ley. Y únicamente en 13 de los 35 estados de India se han recogido casos judiciales por incumplimiento de la misma.
El proyecto en Piplantri está dando sus frutos. Según el propio Shyam, la proporción de niñas y niños se ha invertido en los últimos seis años hasta llegar a los 48 niños y 52 niñas; con una natalidad anual de 50 a 62 niñas. Además de mejorar el entorno natural, la plantación de 111 árboles por cada niña nacida en Piplantri también previene los matrimonios infantiles, otra de las lacras sociales de India. “Mis padres me casaron cuando tenía 14 años. Pero mi hija tiene la oportunidad de esperar hasta que sea mayor de edad”, cuenta Lalitha, mientras acuna a Puja en sus brazos. Para formar parte del proyecto, Lalitha y su marido Gehari Lal Bhalai tuvieron que firmar una declaración jurada ante el panchayat –ayuntamiento– en la que se comprometían a cuidar de los árboles plantados así como a mantener el depósito concedido hasta que su hija cumpla 18 años, cuando lo podrán usar para su educación o para la dote matrimonial.
El matrimonio infantil es un fenómeno global, por el que cada tres segundos una niña es obligada a casarse. Pero según el último informe de UNICEF sobre matrimonio infantil, de junio de 2014, India es el sexto país del mundo con mayor incidencia de matrimonios prematuros. El mismo informe confirma que el 58% de las mujeres indias de entre 20 y 49 se casaron antes de cumplir 18 años, y más de un cuarto de la población femenina contrajo matrimonio siendo menores de 15 años.
El depósito de las familias sirve para diseñar un futuro mejor para las niñas. El valor natural de los árboles también augura más prosperidad para el pueblo de Piplantri. Según cálculos del propio Shyam, después de 18 años de vida –cuando las niñas alcanzan la mayoría de edad– cada árbol llega a valer 50.000 rupias, lo que supone un total de más de 5 millones de rupias (71.000 euros). “El proyecto también hace que el 80% de las mujeres sean el motor del desarrollo del campo, mientras sus maridos trabajan en las minas de mármol”, señala Jeetender Updhayay, responsable del distrito al que pertenece Piplantri. La explotación de las canteras de mármol es la principal fuente de ingresos de las familias de la zona, pero también la razón última de la deforestación de su entorno natural. En una región desértica como la de Rajastán, los desechos generados por la minería no hacen más que degradar un suelo ya yermo. Durante las lluvias del monzón, el agua no se filtraba a las capas freáticas sino que arrastraba la poca vegetación de la superficie. “Con la repoblación del entorno, hemos conseguido mantener el agua y las sales minerales necesarias en el suelo. Hace cinco años, teníamos que cavar 200 metros para encontrar agua, mientras que hoy se puede encontrar a 3,5 metros de profundidad”, concluye Jeetender.
El Gobierno indio ha premiado la iniciativa por su conjugación de un entorno limpio junto al desarrollo de los derechos de las niñas, y expertos como el reconocido ambientalista de Rajastán, Harsh Vardhan, han descrito este movimiento en términos de eco-feminismo. Pero el proyecto no se ha quedado ahí, sino que ha evolucionado hasta el punto de servir de sustento para algunas mujeres de Piplantri organizadas en cooperativas de producción y venta de productos de aloe vera. Se empezó a sembrar aloe vera junto a los árboles plantados para evitar que las termitas acabasen con los árboles, y los más de 270.000 arbustos de aloe vera que florecen en la actualidad sirven para proteger el entorno y para generar beneficios económicos. “Esta idea ha revolucionado la forma de vida en el pueblo. Las familias no tienen problemas en tener hijas y el proyecto de aloe vera da trabajo a diez mujeres por 200 rupias diarias además de los dividendos de lo vendido mensualmente”, explica Kala Devi, encargada desde hace tres años de la cooperativa de las cremas, zumos y gel de baño creadas con aloe vera. El éxito de los productos con aloe vera ha hecho que la cooperativa piense ya en los posibles usos de la madera y el bambú para la fabricación artesanal de mobiliario casero, y así dar trabajo y generar ingresos para otras mujeres del pueblo.
La revolución natural de Piplantri está relacionada con el ciclo vital, ya que también se plantan 11 árboles cada vez que alguien muere, para honrar la memoria del difunto. Y como se celebran los nacimientos y las defunciones, también las relaciones entre mortales se glorifican en conexión con la naturaleza. Muchos de los árboles del pueblo están adornados con diminutos cordeles de colores. En una alegoría a la fiesta hindú del Raksha Bandhan –en la que las chicas atan un hilo en la muñeca de los chicos como símbolo de hermandad–, las niñas de Piplantri también enhebran cuerdas en los troncos de los árboles como señal de respeto y protección. “Ahora las familias son conscientes de que los árboles y la naturaleza son una parte importante de la familia”, cuenta Shyam, orgulloso de estar repoblando su tierra con lo vital para asegurar el fruto del mañana. Junto con árboles para el medio ambiente.

AHORCADAS ▼ La tradición que ahorca | Planeta Futuro | EL PAÍS

La tradición que ahorca | Planeta Futuro | EL PAÍS



La tradición que ahorca

Han pasado 13 años desde la caída del régimen talibán, pero la violencia contra las afganas se repite en todos los ámbitos de sus vidas









Cuando la periodista Mònica Bernabé viajó por primera vez aAfganistán, en el verano del año 2000, se escandalizó tras comprobar el trato degradante al que eran sometidas las mujeres del país. Por entonces gobernaban los talibanes, y ella achacó a este régimen fundamentalista tales desgracias. Casi 13 años después, con los radicales fuera del podermiles de millones de euros invertidos en ayuda humanitaria y cooperación al desarrollo, con un Gobierno, el deHamid Karzai, instaurado con el beneplácito de occidente, y tras una larguísima intervención militar liderada por Estados Unidos, la reportera constata que aquellas restricciones que conoció en su día fueron puras anécdotas comparadas con el drama que viven hoy las afganas. "La violencia empieza en el seno de la familia y es endémica, independientemente de que los talibanes estén o no", describe Bernabé durante la presentación en Barcelona de Mujeres. Afganistán(Blume), un libro que denuncia la terrible situación de violencia estructural que sigue sufriendo este colectivo, que califica como "problema social generalizado".
La obra, realizada a cuatro manos entre Bernabé y el fotógrafo Gervasio Sánchez gracias al apoyo del Ayuntamiento de Barcelona y de la Asociación por los Derechos Humanos de Afganistán (ASDHA), de la que la periodista es fundadora y presidenta, es más que un libro de fotografía: se trata de toda una enciclopedia de la mujer en este país de Asia central. Durante seis años —entre 2008 y 2013—, los dos reporteros han diseccionado la sociedad femenina afgana para demostrar desde la intimidad de la casa, el hospital, el correccional o el gimnasio cómo es el día a día de estas mujeres.
Niñas que son dadas en matrimonio a señores que les cuadriplican la edad, chicas que se inmolan a lo bonzo porque ya no aguantan más los abusos en casa, otras que se intentan quitar la vida ingiriendo matarratas, muchachas con formación universitaria condenadas a renunciar a su carrera porque fueron obligadas a casarse con un marido al que no quieren, o fieles esposas que no se divorcian porque perderían la custodia de sus hijos. Estos son solo algunos de los ejemplos de la triste realidad imperante. "Los hombres, en general, y la mayoría de las mujeres son cómplices de situaciones que solo pueden describirse como violaciones flagrantes de todos los derechos humanos", asegura Gervasio Sánchez. "La impunidad generalizada y el peso de la tradición ahorcan sus vidas".
Ambos periodistas reconocen que, desde finales de 2001, cuando los talibanes salieron del poder, se han producido mejoras. Ahora las mujeres pueden estudiar, trabajar o acceder a la sanidad. Un 28% de los escaños están ocupados por ellas, y algunas son policías, militares o boxeadoras. La Constitución de 2004 garantizó la igualdad de derechos entre ambos sexos, y la ley de 2009 sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer convirtió este comportamiento en delito. Ya no son tratadas como botín de guerra ni azotadas en las calles, pero queda mucho trabajo por hacer. "El Gobierno de Karzai ha sido permisivo con las presiones de los sectores conservadores tanto suníes como chiíes", denuncia Sánchez. Y menciona la Ley Shia de 2009, que permite al marido retirar la manutención a su esposa si esta no obedece sus demandas sexuales, les otorga la custodia de los hijos a ellos o exige que ellas obtengan el permiso de sus esposos para trabajar. Igualmente, se refiere a un informe de 2012 de la ONG Human Rights Watch que asegura que los tribunales las envían a prisión por delitos dudosos. "Hay alrededor de 400 mujeres y niñas encarceladas por crímenes contra la moral", lamenta el fotógrafo. Crímenes que en demasiados casos consisten, simplemente, en oponerse a un matrimonio forzoso.
La elaboración del trabajo no fue sencilla. "Bajo el pretexto de que las mujeres no se dejan fotografiar según la cultura afgana, se esconde una realidad que pone los pelos de punta", relata Bernabé. Pese a esta dificultad añadida, los autores escogieron la fotografía como medio de denuncia porque ya existen muchos informes en papel. "Y en este contexto, una imagen vale más que mil palabras", sentencia la reportera, que también asegura que las principales trabas que han encontrado han sido la escasa colaboración de las asociaciones femeninas y los problemas de seguridad. Pese a ello, ambos se repartieron el trabajo. Bernabé, que ha sido corresponsal del periódico El Mundo desde 2007 hasta 2014 en este país, se encargó de identificar los problemas más sangrantes, buscar candidatas que se dejaran retratar o conseguir los permisos necesarios. Y lo más difícil: ganarse su confianza y convencerlas de lo necesario que resultaba dar eco de su situación.

Mujeres. Afganistán

Inauguración de la exposición: 28 de octubre a las 19.30 horas en Palau Robert, Barcelona.
Presentación del libro: 30 de octubre a las 19.30 horas en Palau Robert, Barcelona. Martes 4 de noviembre a las 19 horas en el Círculo de Bella Artes de Madrid.
Gervasio Sánchez, por su parte,  viajó al país esporádicamente para tomar las imágenes de las voluntarias. "Hemos tenido que esperar años (en el caso de las menores de los correccionales) para conseguir un puñado de horas suficientes que permitiesen realizar las fotografías". El resultado de esos seis años es un compendio de 200 estampas con sus correspondientes testimonios de adolescentes, jóvenes y mujeres maduras, la mayoría a cara descubierta, víctimas de situaciones extremas en un mundo de abusos permanentes: una mujer asesinada por adulterio, una secuencia de un crimen de honor, una niña que quiere casarse con su violador para no ser (aún más) estigmatizada, una adolescente de 14 años apaleada por su marido, una joven mutilada por abandonar el hogar conyugal... Y así, un rosario de horrores que, aunque parecen sacados de un cuento del medievo, "han ocurrido en los últimos cinco años en un país protegido por decenas de miles de soldados extranjeros y con centenares de proyectos controlados por organizaciones internacionales", denuncia Sánchez.
Y hay datos aún más aterradores: aunque el 85% tienen acceso al sistema sanitario, Médicos sin Fronteras asegura que la mayoría de los centros de salud son deficientes o no funcionan, y por ello cada año mueren 26.000 mujeres durante el embarazo y el parto, una de las cifras mas altas de mortalidad materna del mundo y que duplica el numero de civiles muertos durante el conflicto armado.
Precisamente, uno de los grandes problemas que persiste es que la cooperación se ha convertido "en un simple negocio", denuncia María Cilleros, coordinadora de ASDHA. El país, receptor de ayudas internacionales millonarias para su reconstrucción y promoción de los derechos humanos, es un caldo de cultivo de proyectos "incoherentes y sin sentido que tienen poco impacto en la población", asevera Cilleros. "Se quiere vender la imagen de que Afganistán está inmerso en un proceso de democratización y se financian proyectos en ese sentido. La realidad es que continúa siendo un país en conflicto que muchas veces requiere ayuda humanitaria y de emergencia".
Cambiar la vida de estas mujeres no se conseguirá este año, ni el que viene, ni en 10. "Hace falta que transcurran generaciones, de la misma manera que en Occidente los cambios sociales llevaron siglos", vaticina Bernabé, que desconfía del papel de la comunidad internacional como instauradora de la paz y del respeto a los derechos humanos. Sánchez, que se confiesa "exhausto" ante el dolor que ha vivido en el país, deposita su fe en las mismas mujeres que ha retratado y en todas aquellas que luchan por mejorar la sociedad. Y pide un deseo: "Ojalá algún día los ciudadanos de Afganistán consigan comprender que las mujeres son más que objetos de intercambio social, marital y sexual".

martes, 28 de octubre de 2014

PESADILLA ▼ Elecciones EE UU 2014: Deconstrucción del sueño | Internacional | EL PAÍS

Elecciones EE UU 2014: Deconstrucción del sueño | Internacional | EL PAÍS



Deconstrucción del sueño

La pérdida de población fuerza a las ciudades del viejo corazón industrial de EE UU a destruir viviendas vacías





Youngstown (Ohio) es una ciudad de comercios abandonados y casas vacías: en las últimas décadas ha perdido más de la mitad de la población / GUILLERMO CERVERA
La grúa devora la casa a dentelladas. Golpea las paredes, el tejado, la chimenea. En unos minutos todo habrá terminado. Sólo quedarán los escombros.
“Meses para construirla y media hora para derribarla”, dice Rick Whetstone, miembro del equipo de demoliciones del Ayuntamiento de Youngstown, vieja capital siderúrgica en la cuenca del río Mahoning, en el estado de Ohio.
En los años del esplendor, los altos hornos de Youngstown producían acero 24 horas al día y componían un paisaje de “chimeneas alzándose como los brazos de Dios, hacia un magnífico cielo de hollín y barro”, como cantó Bruce Springsteen en la balada Youngstown. Desde entonces ha perdido más de la mitad de la población. Hace cuarenta años, en vísperas de la desindustrialización, tenía 140.000 habitantes. Ahora tiene poco más de 60.000. Y un problema: miles de casas vacías y abandonadas a las que jamás nadie regresará.
Youngstown es el corazón del rust belt, el cinturón de la herrumbre, la región que se extiende de Pensilvania a Minnesota y que es lo más parecido en Estados Unidos a la cuenca del Ruhr alemana. Son lugares con una mitología particular: el orgullo blue collar, de clase obrera, que Springsteen refleja en sus himnos. Hay una mitología de Detroit y el automóvil como la hay de Youngstown y el acero.
Estas ciudades fueron el “arsenal de la democracia”, según la expresión que el presidente Franklin Roosevelt usó en diciembre de 1940, 22 días después del ataque japonés a Pearl Harbor. Aquí se fabricaron las armas, los aviones, los barcos que derrotaron a Hitler. Aquí, después de la Segunda Guerra Mundial, se creó la vasta clase media —la casita con jardín, el salario digno, el acceso de los hijos a la mejor educación: el sueño americano— que empezó a desintegrarse precisamente en los años setenta, con el inicio del cierre en cadena de las plantas acereras. Porque el orgullo de ciudades como Youngstown —la excelencia en un único sector— fue su condena: cuando, por la competición extranjera o por las políticas públicas, este sector entró en declive, la ciudad carecía de alternativa.
El primer golpe, para Youngstown, ocurrió el 19 de septiembre de 1977, cuando se anunció el cierre de Sheet and Tube‘s Campbell Works, la mayor planta de la cuenca del Mahoning. “En Youngstown, ese día acabó conociéndose como el lunes negro. Nadie lo vio venir”, escribe el periodista George Packer en The unwinding, un libro publicado en 2013 que aborda el declive de la clase media y la desigualdad creciente. “En los meses siguientes 5.000 trabajadores perderían el empleo”, explican Sherry Lee Linkon y John Russo, de la Universidad Estatal de Youngstown, en el ensayo Steeltown U.S.A. “En cinco años, más de 50.000 personas acabarían desplazadas por los cierres de plantas acereras en el área de Youngstown y Warren”.
Las chimeneas ya no echan humo. Gasolineras y centros comerciales en ruinas flanquean las avenidas que llevan al centro. Youngstown es un puzzle de casas todavía habitadas, casas deshabitadas y huecos verdes, donde una vez hubo una casa que fue derribada. Esta es una ciudad de ausencias.
En su despacho del Ayuntamiento, el alcalde, John McNally, evoca aquel invierno de 1977. “Recuerdo que mis padres me explicaron que muchos amigos míos quizá no tendrían unas grandes Navidades aquel año porque alguien de su familia, un padre, una madre, se había quedado sin trabajo. Lo recuerdo bien”, dice.
El lunes negro y sus consecuencias —la fuga de la población, el deterioro urbano, el cierre de escuelas, las casas vacías— define cada una de las acciones del alcalde. “El 40% o 50% de las llamadas que recibimos son preguntas del estilo: ‘¿Cuándo se derribará esta casa?”
A una manzana del Ayuntamiento, Phil Kidd —activista vecinal, propietario de un comercio con merchandising local y resistente que sigue creyendo en la ciudad— compara el abandono de las casas con un cáncer. Una casa vacía atrae las ratas y aumenta el riesgo de incendio. A veces se convierten en refugio de negocios ilícitos. “Cuando una casa queda vacía en una calle, devalúa las otras”, dice Kidd. Por eso los vecinos suelen ser los primeros interesados en que se derriben.
En 1990, había en Youngstown 3.763 viviendas vacías; en 2010 era 6.289, un 19% del total, según un informe del laboratorio de ideas Brookings Institution. A la desindustrialización se sumó un segundo choque: la gran recesión de 2008, que se originó en una burbuja inmobiliaria, y provocó una marea de desahucios que engrosó el inventario de viviendas vacías. “Entre 2000 y 2010, el número total de unidades de vivienda vacía en Estados Unidos creció en más de 4,5 millones, un aumento de 44%”, se lee en el citado informe.
El fenómeno no es único de Youngstown: ocurre en Detroit, en Cleveland, en Baltimore. Ni siquiera es único de EE UU: los paisajes del cinturón de la herrumbre recuerdan a los de la Alemania del Este o el bloque soviético, bastiones industriales que, con la caída del comunismo, tuvieron que echar el cierre y perdieron población.
Hace unos años, las grúas desmontaban bloque a bloque edificios de pisos en lugares como Hoyerswerda, antigua ciudad modelo del socialismo de la República Democrática Alemania. El método es distinto en Youngstown, ciudad modelo del capitalismo industrial del siglo XX. Entre otros motivos, porque aquí la mayoría de viviendas son unifamiliares y hay pocos edificios de pisos.
Sale más barato sacar la grúa. Y esto hacen Tom Sakmar —Míster Derribos en Youngstown— y su equipo, que incluye a Pat Menanock, el operario de la grúa, y a Rick Whetstone, que conduce el camión que se llevará los restos. Frente a una casa en la calle East High, en el East Side de Youngstown, Sakmar enseña una libreta con sus deberes para las próximas semanas: 21 casas.
Florence Blackshear, una mujer de 77 años, mira desde la puerta de su vivienda cómo la grúa lanza las últimas dentelladas contra la casa vecina. Cuenta que allí habían vivido drogadictos y que una vez hubo un incendio.
“Me alegro de que caiga”, dice Blackshear.
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Youngstown es una ciudad de casas vacías. / GUILLERMO CERVERA

La deconstrucción del sueño industrial americano

MARC BASSETS Youngstown 58
La pérdida de población fuerza a las ciudades del viejo corazón industrial de Estados Unidos a destruir viviendas vacías

el dispreciau dice: y finalmente el sueño no sólo no se hizo realidad social, sino que además se tranformó en pesadilla de muchos para beneficio de pocos, escasos, mucha tragedia y demasiado drama social para ningún resultado cierto... ¿responsables?, sí, corporaciones sin escrúpulos, políticos republicanos que sembraron zozobra y hoy recogen despojos sociales, políticos demócratas que sembraron discursos y hoy recogen palabras muertas... corrupciones al por mayor... desprecios en nombre de falsas competencias... miserables que ejercen el poder destruyendo todos los valores sociales... mezquinos que dan dineros para salvar sus almas a cambio de la esclavitud de sus prójimos... si éste es el modelo del primer mundo, algo anda mal en la neurona humana. Si este es el modelo del imperio aliado devenido en nazi que reina y atropella a su antojo, algo anda mal en el coco humano, demasiado mal, prometiendo empeorar hasta devorarse a sí mismo. Sencillamente, no sirve, mal que le pese a los buitres de los activos financieros robados y los otros estafados... o lo que es lo mismo, una humanidad con el futuro hipotecado a favor de nazis devenidos en dioses... no le sirve a nadie, ni siquiera a aquellos que se la creen. OCTUBRE 28, 2014.- 
No es bueno tomar a las sociedades humanas por idiotas.