viernes, 24 de octubre de 2014

COBAYOS HUMANOS... o DONDE SE ESTRELLAN LAS CIENCIAS ▼ Farmacéuticas europeas usaron en ensayos a 14.000 alemanes del Este | Ciencia | EL PAÍS

Farmacéuticas europeas usaron en ensayos a 14.000 alemanes del Este | Ciencia | EL PAÍS



MEDICINA

Farmacéuticas europeas usaron en ensayos a 14.000 alemanes del Este

Las compañías realizaron 220 test clínicos

Los autores del estudio analizaron los archivos de la Stasi, la policía secreta del régimen





Parte de los ensayos se realizaron en el Hospital Universitario Charité. / BUNDESARCHIV/ THURN, JOACHIM F.

EN ESTA NOTICIA



Unas 70 farmacéuticas occidentales, entre las que están las actuales principales compañías del sector, realizaron ensayos clínicos de nuevos fármacos en la antigua Alemania comunista. Investigadores que han revisado incluso los archivos de la Stasi, la policía secreta del régimen, cifran en al menos 14.000 los alemanes que participaron en los test. No han encontrado pruebas de que fueran informados pero tampoco de que no se siguieran los protocolos de investigación.
Desde la reunificación alemana, en 1990, varios medios publicaron informaciones sobre estos experimentos. Pero no fue hasta 2012 que el asunto tuvo alcance internacional. Entonces, el semanario Der Spiegel inició una serie de artículos sobre lo que parecía un pacto contra natura: farmacéuticas de países capitalistas usando a ciudadanos de la Alemania comunista como cobayas bajo la supervisión de las autoridades del régimen. Y todo por unos cuantos marcos.


Así contado, la noticia provocó una gran alarma y escándalo. Ahora, para separar el trigo de la paja, tres investigadores independientes liderados por el doctor Rainer Erices, del Instituto para la Historia y la Ética de la Medicina de laUniversidad Friedrich-Alexander de Erlangen-Núremberg,(Alemania) han buceado en los archivos oficiales del Sistema de Salud de la República Democrática Alemana (RDA) y en los de la Stasi.
Lo que encontraron fue un sofisticado y muy reglado sistema de autorizaciones y contratos ideado a comienzos de los años 80. Entonces, el Sistema de Salud, emblema de los logros del socialismo, estaba al borde de la bancarrota, una situación que, por otro lado, vivía toda la economía del Estado. Para generar divisas, la Oficina de Consultas para la Importación de Medicamentos y la compañía Berlinesa de Importación/Exportación firmaron una serie de contratos con compañías occidentales.
La mayoría de las 68 farmacéuticas que aparecen en los archivos son de la entonces Alemania Federal y Suiza, aunque también las hay estadounidenses, francesas, belgas, danesas o de Finlandia. La legislación de la RDA exigía que los ensayos clínicos en sus distintas fases de I a III sólo se podían hacer con el consentimiento informado de los participantes sobre el procedimiento, los efectos esperados y sus posibles riesgos.
Ensayaron antidepresivos, anticoagulantes, quimioterapia y hasta pasta de dientes



"Entre 1983 y 1990, se realizaron al menos 220 ensayos clínicos usando fármacos fabricados por compañías occidentales", escriben los autores en los resultados de su investigación, publicados por el Journal of Medical Ethics. Aunque el número exacto de participantes se desconoce, en los archivos aparecen algo más de 14.000. Lo que no han encontrado los investigadores son pruebas de que fueran informados pero tampoco de lo contrario.
"Las regulaciones legales sobre los ensayos farmacéuticos eran comparables entre las dos Alemanias", dice el doctor Erices. "Todos los ensayos en la RDA tenían que ser autorizados por el Ministerio de Sanidad. El personal responsable en el Ministerio pidió repetidamente que los ensayos cumplieran con las regulaciones legales, como que sólo se podían hacer con el consentimiento informado de los pacientes. Los doctores que particparon en las pruebas sostienen que ellos, de hecho, obtuvieron el consentimiento", añade el investigador alemán. Pero, reconoce: "no hemos encontrado pruebas escritas de ello".
En cuanto al número real de germano orientales que participaron en los ensayos, Erices insiste en que su investigación arranca en 1983. "Hemos tenido acceso a los archivos de la Stasi de épocas anteriores, pero todavía no están sistematizados. Por lo tanto, sólo podemos especular sobre el número de pacientes. Sabemos con seguridad que años antes de 1983 ya se hacían ensayos clínicos pero el número era menor que en los años posteriores. Si lo que me pregunta es una cifra fiable obtenida en una investigación rigurosa, simplemente no la hay", explica Erices.
Este documento de la Stasi recoge detalles de los test con la RU-486, la píldora abortiva, ensayada por una firma francesa. R. Erices
Aunque Der Spiegel hablaba de experimentos con sustancias dopantes suministradas a niños prematuros o uso de placebo en pacientes con enfermedades graves, los investigadores rebajan el tono. Entre los fármacos ensayados, algunos aún disponibles en las farmacias, había un poco de todo: agentes para la quimioterapia, antidepresivos, antialérgicos, anticoagulantes como la heparina, insulina y hasta pasta de dientes.
Por parte alemana, participaron casi un centenar de instituciones, pero la mayoría de los ensayos se realizaron en nueve facultades de medicina, encabezadas por la de la Universidad Humboldt de Berlín, la Academia de Ciencias de Dresde o el berlinés Hospital Universitario Charité.
Varias decenas de los participantes murieron durante los test pero los investigadores no han encontrado pruebas que indiquen que lo fueron por la administración de los fármacos. De hecho, para participar en un estudio de fase III, los sujetos han de tener la enfermedad para la que se ha diseñado el fármaco. Y, muchos, escriben los autores del estudio, "estaban seriamente enfermos".

Por unos millones de marcos

Los contratos analizados revelan que las compañías occidentales pagaron por los ensayos un total de 16,5 millones de marcos alemanes, unos 1.150 millones de pesetas de la época. Dada la perentoria necesidad de la economía de la Alemania del este, los pagos se hacían en divisas y sólo la mitad iban para el Sistema de Salud y, el resto, para los Ministerios de Sanidad y de Educación Superior. Los pacientes no recibieron nada.
Pero, ¿por qué?. Erices señala a una combinación de factores que explican estos ensayos. Por un lado, como demuestran algunos archivos de la Stasi, "los test eran más baratos, aunque las compañías occidentales lo niegan hoy", dice. Tampoco iba a haber protestas en un régimen tan controlado. Compartir idioma también ayudó. Además, recuerda el investigador alemán, esto podría abrir "nuevos mercados en el bloque del Este".
Para los autores lo peor de estos ensayos fue el oscurantismo. "La población de Alemania Oriental nunca fue informada de estas prácticas. La libertad de expresión no existía, así que no hubo debate público", comenta el doctor Erices. También crítica los intereses de las partes implicadas: "La RDA necesitaba las divisas y las firmas occidentales lo sabían. Además, el departmento secreto de Comercio Exterior, con fuertes lazos con la Stasi, tenía especial interés en esta serie de ensayos. Ellos contaban con gran influencia en el redactado de los contratos y recibieron la mitad de la remuneración, pagada en divisas".

Lista de las compañías que realizaron los ensayos

M.Á.C
Los investigadores encontraron en los archivos del Sistema de Salud de la RDA y de la Stasi decenas de contratos entre las autoridades germano orientales y las farmacéuticas occidentales. La gran mayoría especificaban la cantidad a pagar por las segundas.
Esta es la lista de las 10 princiaples empresas por número de ensayos. Algunas ya no existen y otras cambiaron de nombre durante la oleada de fusiones en el sector en los años 90:
  1. Boehringer Manheim, 32 ensayos y 1,4 millones de marcos.
  2. Sandoz, 18 test y 1,9 millones.
  3. Schering, 18 ensayos y 0,8 millones.
  4. Hoechst, 16 ensayos y 2,9 millones.
  5. Bayer, 12 pruebas y 0,8 millones.
  6. Ciba Geigy, 10 test y 0,4 millones.
  7. Gödecke, 6 ensayos y 0,2 millones.
  8. Braun Melsungen, 5 ensayos y 250.000 marcos.
  9. Behringwerke, 5 ensayos y 0,2 millones.
  10. Thiemann, 4 test y 0,7 millones.
Entre la cincuentena restante, la gran mayoría son de la entonces Alemania Federal. Con menos de cinco ensayos también aparecen compañías como Pfizer, DuPont, Merck, Roche o SmithKline.
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jueves, 23 de octubre de 2014

SIN SALIDA ▼ El difícil camino a ninguna parte | Planeta Futuro | EL PAÍS

El difícil camino a ninguna parte | Planeta Futuro | EL PAÍS



El difícil camino a ninguna parte

Desde 2000 más de 22.000 personas han muerto en el Mediterráneo intentando llegar a Europa. Esta es la historia de Adams, uno de los muchos no encontraron lo que esperaban







Adams creía que en España su vida iba a mejorar. Creía que aquí encontraría las oportunidades que buscaba. Creía que iba a tener algo de dinero, una vida mejor, un lugar donde volver a empezar. Pero la realidad estuvo muy lejos de sus expectativas. Tras cruzar el desierto y jugarse la vida en el estrecho, después de haber sido desalojado dos veces y de haberle sido denegado el permiso de residencia y trabajo, llegó a la conclusión de que la vida en el lugar soñado era demasiado complicada.
“Lo que vemos en África de Europa es todo mentira: la vida aquí es muy difícil”, comenta este ghanés antes de irse a Estados Unidos, tras dos complicados años en España, y admite que si pudiese pensárselo mejor no volvería a hacer aquél largo y peligroso viaje. “Mis amigos me decían que estaban trabajando y que tenían dinero, así que pensé en hacerlo también”, relata. La Europa que él esperaba no fue la Europa que encontró al final de su viaje.
El viaje de Adams, como el de miles que arriesgan su vida para cruzar una frontera, fue largo, complicado y de un riesgo extremo. Desde el año 2000 más de 40.000 personas han muerto tratando de cruzar fronteras en todo el mundo, 22.000 sólo en el Mediterráneo, según un informe publicado por Organización Internacional para la Migraciones (OIM) el pasado 3 de octubre, coincidiendo con el aniversario de la muerte de 368 personas en el desastre de Lampedusa en 2013. 
“El Mediterráneo se está convirtiendo este año en un enorme cementerio”, señala María Jesús Vega, de Acnur España, quien afirma que, a pesar de las escandalosas cifras, el número de muertes puede ser mucho mayor debido a la dificultad para registrarlas.
Adams, que cruzó a Málaga desde Marruecos, conoce muy bien los riesgos del viaje: “Antes de nosotros, salió otro barco y oímos que había naufragado y que 36 personas habían muerto, así que la gente estaba nerviosa”. Cuenta que durante el viaje uno de los que iban en el barco murió. “Estaba muy enfermo y se tiró él mismo al agua”, relata con la voz temblorosa, sin querer dar más detalles.
Su viaje había empezado mucho antes, muchos kilómetros más al sur. “Fui de Acra a Kumasi en bus, y luego a Burkina Faso entramos escondidos a través de unos arbustos”, asegura Adams. “En Burkina Faso un hombre con un camión lleno de ovejas nos llevó hasta Malí y nos cruzó a Níger, y allí nos cambiaron a otro camión más grande con gente de Malí, Burkina Faso, y otros países. El camión se rompió y tuvimos que esperar en el desierto 34 días hasta que vinieron a buscarnos para llevarnos en pequeños grupos hasta Libia”.
Los riesgos del viaje no acaban en que te dejen tirado: caer en manos de la trata, las mafias y la violencia está a la orden del día. “El viaje suele ser una pesadilla”, asegura María Jesús Vega, y añade que muchos “se dejan los ahorros de toda la vida”. “En la zona de Libia los inmigrantes pagan no menos de 2.000 dólares (unos 1.580 euros) y hasta 5.000 dólares (unos 3.950 euros), cualquier cifra entre medias. Los costes para los traficantes son mínimos, así que hay mucho que ganar”, afirma Joel Millan, de la Organización Internacional para las Migraciones, por teléfono desde Suiza.
Según el organismo en lo que va de año más de 3.000 personas murieron intentando llegar a Europa, un importante incremento con respecto a 2013, cuando fueron 700 los que perecieron en el mar. “Estamos ante flujos mixtos de inmigrantes económicos y refugiados”, dice Vega. “La mayor parte vienen de sitios como Siria, Palestina, Eritrea, Somalia y Malí. Podríamos decir que nos encontramos ante la cifra más alta de desplazamientos forzosos desde la Segunda Guerra Mundial”, añade.
Tras llegar a Barcelona y pasar varios días al raso Adams se fue a vivir a una fábrica abandonada en el barrio del Poble Nou, de donde fue desalojado. El parque de la Ciudadela, la playa y los bancos de la plaza le sirvieron de refugio hasta que se instaló en la famosa nave del Poble Nou desalojada por los Mossos de Esquadra en julio del año pasado. Aquí fue cuando entró en contacto con la Asociación de Vecinos del barrio, quienes le ofrecieron, como a muchos otros como él, apoyo de todo tipo, incluido el legal.
Pero desde la Asociación aseguran que después del desalojo muchos de ellos no pudieron regularizar su situación, y algunos perdieron la esperanza. Adams, ahora en Estados Unidos, fue uno de ellos. Tras recibir ayuda de la asociación para costearse el vuelo, se fue a Norteamérica, donde planea casarse. Otros de los que estaban en su situación han ocupado otra fábrica abandonada. Allí se quedarán hasta el próximo desalojo.
Si pudiese volver a elegir, Adams lo tiene claro: “Me arrepiento profundamente… nunca volvería a viajar a Europa de esta manera. Para estar así, pasándolo mal… nunca lo volvería hacer”. Desgraciadamente, para miles de personas en una situación crítica, quedarse no es una opción.

AL REVÉS ► CUANDO EL TRATAMIENTO VA AL ENFERMO ▲ El tratamiento que va al paciente | Planeta Futuro | EL PAÍS

El tratamiento que va al paciente | Planeta Futuro | EL PAÍS

Médicos Sin Fronteras (MSF)

El tratamiento que va al paciente

Esta es la segunda entrega de la serie Plantando cara al virus, en colaboración con MSF

Una trabajadora de MSF explica su programa de formación a enfermeros en Zimbabue para tratar a enfermos con VIH en zonas rurales sin necesidad de que se desplacen a un hospital







Uno de los equipos de MSF que se desplazan a zonas rurales para tratar con antirretrovirales a los pacientes de VIH en Tsholotsho (Zimbabue). / PEDRO BALLESTEROS


A Bhekululu Chasokela ya no le tiembla la mano cuando tiene que prescribir el tratamiento antirretroviral (ARV) a pacientes con VIH. Es enfermero y gracias al programa de delegación de tareas (conocido como task shifting en inglés), adquirió la formación para tratar a pacientes VIH-positivos. “Nunca antes lo había hecho. La primera vez me sentí muy bien por saber que estaba ayudando a un paciente al que conocía desde hacía mucho tiempo”, recuerda orgulloso. Formar a los enfermeros es una de las maneras más sencillas de hacer accesibles los tratamientos ARV en las zonas más remotas. El programa es una sencilla y eficaz iniciativa puesta en marcha desde 2006 por Médicos sin Fronteras (MSF) en Tsholotosho, Zimbabue.
“Los enfermeros son las únicas personas que siempre vemos en nuestros centros de salud. El que ellos puedan prescribirnos el tratamiento antirretroviral nos ha ayudado mucho”. Son las palabras de Sibongile Bhebhe, una mujer de 42 años que vive en el área de Madona, a unos 100 kilómetros de Tsholotsho. Es VIH-positiva y hasta 2013 no comenzó a tomar el tratamiento ARV. “Estuve mucho tiempo esperando a que viniera el médico. Yo no puedo desplazarme al hospital de Tsholotsho: está muy lejos y el transporte es muy caro para mí”, explica.
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Centro de salud del distrito de Tsholotsho donde el personal sanitario dispensa tratamiento antirretroviral a un paciente VIH-positivo. / PEDRO BALLESTEROS


Mejorar el acceso a los tratamientos antirretrovirales de pacientes en las zonas más alejadas es el objetivo del programa de delegación de tareas. Esta sencilla iniciativa se basa en formar a los profesionales de salud de las áreas rurales alejadas del hospital, para que tengan más autonomía y puedan realizar por sí mismos el manejo de pacientes con VIH.
Hacer accesible el tratamiento al mayor número posible de personas es uno de los principales retos de los países más azotados por el virus. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la terapia antirretroviral reduce el riesgo de transmitir el virus hasta en un 96%. Las últimas cifras ofrecidas por el Ministerio de Salud de Zimbabue apuntan a que el 72% de los adultos y el 43% de los niños que necesitan tratamiento lo están recibiendo ya.

Llevar el tratamiento allí donde está el paciente

“Es importante llevar los fármacos y los recursos allí donde está la población que realmente los necesitan, la más vulnerable y afectada por el VIH, sin acceso a centros hospitalarios”, explica Guiomar Hernández, médico y coordinadora del equipo de descentralización de MSF en Tsholotsho.
Según Philimon Mgnui, enfermero de MSF en Tsholotsho, desde que se iniciara el programa en 2006, los beneficios para los pacientes han sido excelentes, tanto por el aumento del número de tests que se han realizado, como por un mayor seguimiento del tratamiento. “El programa ha permitido que se reduzcan enormemente las listas de espera para iniciar el tratamiento con antirretrovirales, que haya una mejor adherencia y que los pacientes se sientan mucho mejor atendidos”, añade.
El que los enfermeros puedan prescribirnos el tratamiento antirretroviral nos ha ayudado mucho", una paciente
Se estima que en Zimbabue hay actualmente 1,5 millones de adultos y 150.000 niños con VIH. En este país, MSF lleva varios años implementando estrategias orientadas a introducir modelos descentralizados que se adapten a la realidad de los pacientes: un gran volumen de población dispersa en zonas rurales.
Tsholotsho, en el sur, cuenta con un hospital de referencia y un único médico del Ministerio de Salud. El distrito está dividido en 18 áreas de salud, algunas de ellas con una población de hasta 17.000 habitantes. “Solo el trasporte al centro desde las áreas rurales cuesta cinco dólares (unos cuatro euros), un precio que muchos de los pacientes no se pueden permitir”, explica Hernández.
Así, la estrategia de descentralización permite que muchas personas puedan recibir tratamiento a domicilio o en centros de salud cerca de sus casas, en lugar de hacerlo en estructuras centralizadas (y lejanas) a las que les resulta muy difícil acceder.

Una cuestión de formación

Los más de 30 enfermeros y enfermeras que cubren las 18 áreas de salud del distrito de Tsholotsho asisten a clases de formación dos veces al año. Reciben cursos teóricos y prácticos donde aprenden a identificar pacientes, a realizar la prueba del VIH, la búsqueda activa de casos (screening), el diagnóstico y tratamiento de enfermedades infecciosas asociadas al VIH (como la tuberculosis y la meningitis) y el seguimiento clínico e inmunológico del paciente.
“Con los compañeros del equipo desarrollamos un protocolo que los enfermeros aplican cuando se enfrentan al diagnóstico de un paciente con VIH. Hoy podemos decir que los enfermeros a los que hemos formado pueden hacer prácticamente todo en la atención de un paciente VIH-positivo”, señala Guiomar Hernández.
Tsholotsho, en el sur, cuenta con un hospital de referencia y un único médico del Ministerio de Salud

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Hospital del distrito de Tsholotsho. /PEDRO BALLESTEROS


Los primeros programas educativos en este sentido se iniciaron en 2006 en cuatro centros de salud de Tsholotsho: Sipepa, Pumula, Nkunzi y Makaza, zonas todas ellas muy alejadas del hospital y con un gran volumen de pacientes con VIH. La ONG fue la responsable de impartir los cursos y del posterior seguimiento de los profesionales sanitarios.
Esa formación se complementa con un seguimiento semanal por parte del equipo médico de la organización. “Vimos que poco a poco iban ganando seguridad con los pacientes. Cuentan en todo momento con nuestro soporte y, ante casos dudosos, citan a los pacientes el mismo día que el equipo de MSF hace una visita al centro de salud, y así hacemos el análisis conjuntamente”, indica la doctora. “Ha sido muy interesante ver la gran motivación que tiene el personal sanitario en zonas rurales: saben que después tienen que afrontar la situación solos y aprovechan al máximo nuestra presencia para seguir formándose”, añade.
Los enfermeros no son los únicos profesionales que se benefician de la iniciativa. Técnicos de laboratorio y microscopía, farmacéuticos, auxiliares de salud mental y grupos de apoyo, entre otros, han visto ampliada su capacidad de autonomía en el manejo de pacientes.
Desde 2013, MSF está traspasando progresivamente sus actividades en Tsholotsho al Ministerio de Salud de Zimbabue. Tal y como explica la doctora Hernández, el programa “es una estrategia interesante que permite que el conocimiento quede, estemos nosotros o no, y esa es la clave para el éxito del proyecto. Y para la salud de muchos pacientes de Tsholotsho”.
Plantando cara al virus es una serie de cinco historias a través de la cual Planeta futuro y MSF pretenden explicar cómo los programas de VIH han cambiado la vida diaria de miles personas seropositivas en Zimbabue. MSF lleva años trabajando en programas integrales de VIH y TB, con un enfoque comunitario. El trabajo se basa en pilares como la simplificación del tratamiento, una nueva redistribución de la atención al VIH entre personal sanitario y no sanitario, la integración de la atención en los servicios rutinarios de salud y la descentralización a la zona rural. En Tsholotsho, MSF implementa desde hace nueve años un proyecto de VIH y TB. Dados los buenos resultados, la organización dejará el distrito en los próximos meses, aunque seguirá tratando VIH y TB en otras localidades del país.
Esta es la segunda entrega de cinco con las que, cada mes, Planeta Futuro y MSF plantan cara al VIH.

miércoles, 22 de octubre de 2014

HUYENDO DE LOS PRESENTES DRAMÁTICOS HACIA NINGÚN MAÑANA ▼ Cerca de 400 inmigrantes intentan un nuevo salto de la valla en Melilla | España | EL PAÍS

Cerca de 400 inmigrantes intentan un nuevo salto de la valla en Melilla | España | EL PAÍS



Cerca de 400 inmigrantes intentan un nuevo salto de la valla en Melilla

Decenas de personas permanecen encaramadas a la verja cerca del cementerio musulmán



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Decenas de inmigrantes encaramados a la valla de Melilla. / ANTONIO RUIZ


Cerca de 400 inmigrantes han protagonizado este miércoles un nuevo intento de entrada a Melilla, el segundo en 48 horas, y decenas de ellos permanecen encaramados a la valla en las proximidades del cementerio musulmán.
Un fuerte despliegue policial vigila a los subsaharianos, que han abordado el intento de entrada antes de las 07.45 de este miércoles. La carretera de circunvalación paralela al perímetro fronterizo ha sido cortada al tráfico.
El salto se ha producido por dos zonas, una cercana al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), lo que ha llevado a que un grupo de internos saliese a jalear a los inmigrantes que intentaban saltar. Otro grupo lo ha intentado por la zona del cementerio musulmán.
Es en el tramo junto al cementerio donde más de medio centenar se ha quedado encaramado. La Cruz Roja está a pie de valla atendiendo a varios heridos, algunos con magulladuras por caídas al intentar saltar.
Este martes, más de 500 inmigrantes se acercaron a las inmediaciones del perímetro, pero no llegaron a acercarse a la verja al ser interceptados por la policía de Marruecos.
Algunos internos del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), ubicado a unos 500 metros del lugar, han intentado dirigirse hacia la verja fronteriza pero han sido frenados por la Policía Nacional y algunos han lanzado piedras a los agentes.
La gran presión migratoria que sufre Melilla ha convertido 2014 en el año que mayor número de entradas de inmigrantes ha registrado.
El pasado lunes, la valla registró al menos seis intentos de salto simultáneos en distintos puntos del perímetro fronterizo que separa la ciudad autónoma de Marruecos. Unos 60 inmigrantes consiguieron alcanzar territorio español. Tras el suceso, el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, afirmó que los inmigrantes contaron con "planificación profesional", organizada por mafias.
Cinco días antes, la ciudad vivió otro salto causó heridos tanto entre los guardias civiles como entre los inmigrantes.

Un herido en una avalancha de porteadores en Ceuta

EFE, CEUTA
Un agente de la Policía Nacional ha resultado herido como consecuencia de una nueva avalancha de porteadores marroquíes en las inmediaciones del paso fronterizo de Ceuta con Marruecos. El incidente, según han informado fuentes policiales y comerciales, se ha producido a primera hora de este miércoles en el Polígono Industrial del Tarajal, en la misma zona donde el lunes resultaron heridas 16 personas, entre ellas tres guardias civiles, en otra avalancha de unos 300 porteadores de mercancías.
Los porteadores querían acceder rápidamente al interior de las naves comerciales y el el tumulto ha sufrido lesiones un agente que intentaba ordenar la entrada. Tiene una brecha en la ceja y contusiones en un brazo, por lo que ha sido trasladado al Hospital Universitario.
Estos incidentes se producen por la prisa de los porteadores por acceder a los establecimientos y regresar cuanto antes a Marruecos cargados con los bultos de mercancías. Fuentes comerciales afirman que la dimensión de los bultos que cargan a sus espaldas se ha reducido en las últimas semanas en cumplimiento de una nueva normativa de la Delegación del Gobierno en Ceuta.
El objetivo es que sea más fluido el tránsito de unos 3.000 marroquíes que diariamente pasan por el puente del Biutz, situado junto a la aduana fronteriza del Tarajal y dedicado exclusivamente al paso de mercancías.
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el dispreciau dice: la humanidad sigue sin aprender que los muros y las vallas, no sirven para nada. Cambiar el problema de lugar, o colocarlo en una jaula, sólo demoran los sentidos del problema, agrandando su magnitud de daño, e incrementando su potencial destructivo. OCTUBRE 22, 2014.-

MARIDI ► Una matrona es la vida | Planeta Futuro | EL PAÍS

Una matrona es la vida | Planeta Futuro | EL PAÍS



Una matrona es la vida

Sudán del Sur tiene la tasa de mortalidad materna más alta del mundo. Un programa busca capacitar a los sanitarios para rebajar esta cifra

 Maridi (Sudán del Sur) 21 OCT 2014 - 16:07 CEST




Una matrona atiende a un niño en la maternidad del hospital de Maridi. / C. C.


Elestina Yume Phusa-Bendabenda es de Malaui, tiene 30 años y es matrona. Trabaja para el Fondo de Naciones Unidas para la Población(UNFPA). La encontramos, rodeada de un grupo de chicos y chicas que estudian para ser matronas, en uno de los pasillos del pabellón de maternidad del hospital de Maridi, capital del condado del mismo nombre en el Estado de Western Equatoria, en Sudán del Sur.
Desde un primer momento nos impresiona su simpatía, su uniforme blanco reluciente lleno de insignias y su disposición a comentar su trabajo. Tras las presentaciones envía a los alumnos que la seguían a hacer los informes del día. Ella se ofrece a guiarnos a través de las instalaciones, las cuales muestran un aspecto de nuevo y limpio porque hace poco tiempo fueron renovadas gracias a la ayuda de la ONG Amref Flying Doctors (en el continente africano Amref Health Africa, Fundación africana para la medicina y la investigación), que es la mayor organización internacional sanitaria de origen y gestión completamente africanos.
Empezamos la visita por la sala de partos donde un par de estudiantes están limpiando y ordenando el material usado en un nacimiento al que acaban de asistir. A pesar de las apariencias el centro está escaso de materiales y tienen que utilizar muy bien los que tienen para poder atender todos los casos que les llegan.
Elestina lleva tres meses en Maridi, donde UNPFA está implementando programas que ayuden a construir el sistema nacional de salud y desarrollar capacidades para proporcionar servicios de salud reproductiva, en particular mediante la capacitación de matronas. Otras medidas buscan prevenir la violencia de género y desarrollar sistemas para producir y utilizar datos demográficos que sirvan para impulsar el desarrollo.
Confiesa nuestra anfitriona que está un poco escandalizada con las altas tasas de mortalidad materna que encuentra en la zona. Dice que cada vez son más las mujeres que acuden al hospital y a los centros de salud para revisiones y partos, pero que a pesar de ello, las muertes siguen siendo muchas. Ella las atribuye a dos causas, principalmente. La primera es la gran distancia que separa a las mujeres de los centros sanitarios, por lo que cuando les llega el momento del parto no tienen tiempo suficiente para llegar hasta ellos y se ven obligadas a dar a luz en sus casas con la ayuda de parteras tradicionales muchas de las cuales no guardan la higiene debida o aplican, ante las complicaciones, métodos ancestrales que en la mayoría de las veces se manifiestan mortales para la madre y el niño.
La segunda es la oposición, que detecta en la población en general, a usar métodos de planificación familiar. Comenta Elestina que todos los días, aprovechando la llegada de las mujeres a las consultas dan charlas sobre el tema mientras ellas esperan. Pero, según la matrona, los hombres rechazan estos métodos y las mujeres no se atreven a usarlos. “La semana pasada, después de tanta charlas, conseguimos que por fin una chica aceptase utilizarlos”, comenta con una mueca de alegría. Y añade que “es necesario conseguir que las mujeres puedan espaciar sus embarazos y reducir el número de partos. Además, en esta parte del país, como en muchas zonas rurales de África, muchas chicas son dadas en matrimonio por sus padres cuando todavía no han terminado de desarrollar y sus cuerpos no están preparados para dar a luz, por lo que muchas de ellas fallecen en el momento del parto”.
“Muchas de esas muertes se podrán evitar y así salvar la vida de las mujeres y sus hijos. Hace falta mucha educación para cambiar las cosas y nosotros estamos poniendo los cimientos de este cambio”, dice Elestina con una amplia sonrisa.

Profesionales que salvan vidas

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la mortalidad materna mundial se ha reducido en casi la mitad entre 1990 y 2003. A pesar de esta buena noticia, el último año, todavía fallecieron 2,9 millones bebés durante el parto y unas 289.000 mujeres mientras daban a luz, según recoge el informe El estado de las Parteras en el mundo, 2014: Hacia el acceso universal a la salud, un derecho de la mujer, elaborado conjuntamente por UNFPA, OMS y la Confederación internacional de matronas (ICM).
El informe se centra en 73 países de desarrollo escaso o medio, en los que se concentran el 96% de las muertes de madres durante el parto, el 91% de bebés que nacen muertos y el 93% de muertes de recién nacidos.
El informe pone de manifiesto que África subsahariana es la región del mundo donde las cifras de muertes relacionadas con el embarazo y el parto son más altas. Además, una de las conclusiones a las que llega es que el número de enfermeros, doctores y matronas existentes en estos países es muy escaso.
UNFPA reivindica la importancia de las matronas para reducir la mortalidad durante el parto. La organización sostiene que si mejoraran sus servicios sería posible reducir en casi dos tercios la mortalidad materna e infantil. Para ello es necesario dar reconocimiento y estatus a una profesión que ha sido tradicionalmente marginada en muchos países.

El caso de Sudán del Sur

Sudán del Sur tiene la tasa más alta de mortalidad materna del mundo,2.054 muertes por cada 100.000 bebés nacidos vivos. Después de décadas de guerra contra el norte y tras conseguir la independencia en 2011, se forjaron grandes esperanzas a la hora de reducir estas estadísticas. Sin embargo, la situación del país se ha deteriorado enormemente desde que surgió una nueva crisis, en diciembre de 2013, entre los seguidores del presidente Salva Kiir y los del ex vicepresidente Riek Marchar, la cual ha obligado a miles de personas a abandonar sus hogares y refugiarse de nuevo en países vecinos o en los campos de desplazados, ha producido cientos de muertos y heridos y ha destruido grandes cantidades de infraestructuras.
Las alarmas han vuelto a saltar. Antes de la crisis la tasa de fecundidad del país era de casi cinco hijos por mujer y una media de 558.000 embarazos por año. Para este año, el Gobierno de Sudán del Sur prevé unos 380.216 nacimientos en todo el país. La mayoría de ellos tendrán lugar en zonas rurales y en los hogares de las parturientas. Lo que pone en riesgo la vida de muchas de ellas al no contar con servicios sanitarios.

"Me prometí que ayudaría a las mujeres"

Ambrosio Adhar Tong, católico de la tribu dinka. / C. C.
Ambrosio Adhar Tong quiere ser comadrón por la alta tasa de mortalidad materna del país. “Me prometí hace tiempo que ayudaría a las mujeres”. “No hay muchas que estudien en este país, por lo que nos necesitan a los hombres para que seamos matronas. Al principio, no me sentía cómodo con estos estudios, porque pensaba que era algo femenino, también pensaba que las mujeres no iban a querer que un hombre las examinase, pero ahora todo es normal y no hay ningún problema”.
Una de las consecuencias de este conflicto ha sido la destrucción o cierre de muchas de las infraestructuras sanitarias en las zonas afectadas y la huida del personal de estas debido a la inseguridad. Además, el país cuenta con muy pocas matronas cualificadas o equipos disponibles para la atención obstétrica integral. Por eso, las mujeres embarazas siguen siendo altamente vulnerables, sobre todo las que residen en las zonas en conflicto o en los campos de desplazados o refugiados. Es por eso que la labor de las matronas voluntarias que trabajan con las agencias humanitarias, por ejemplo UNFPA, como Elestina, resulta tan importante. Estas mujeres afrontan su tarea con un mínimo de recursos para garantizar que las madres puedan parir a sus hijos de manera segura.
Seguimos avanzando por el ala de maternidad del Hospital de Maridi y llegamos a la sala donde reposan las madres que acaban de dar a luz. Resulta conmovedor ver cómo se emociona Elestina al entrar y ser recibida por las enormes sonrisas de las mujeres que allí se encuentran. Se trata de una habitación pequeña donde se apiñan cuatro camas y lo que pretende ser una incubadora en la que se encuentran, cubiertos de mantas para guardar el calor, dos gemelos de pocos días. La madre está sentada sobre la cama y sonríe tímidamente cuando todos hablan de sus hijos y los sacan de la incubadora para que los veamos. El padre, de pie en un rincón, parece sentirse fuera de lugar entre tantas mujeres y niños y esboza lo que pretende ser una sonrisa mientras sus ojos parecen buscar una salida de emergencia. Las otras mujeres amamantan o juegan con sus hijos.
Elestina muestra la incubadora local y explica la ventaja que supone que el personal expatriado que trabaja en lugares tan remotos como Maridi sea africano: “Yo vengo de una zona rural de Malaui y he trabajado en hospitales como este, muy carentes de medios. Por lo tanto, tengo la experiencia y los recursos para improvisar y aplicar soluciones locales a los problemas que se nos presentan ante la falta de material, de electricidad o de tantas otras cosas. Una matrona europea, acostumbrada a tantos aparatos y ordenadores no sabría qué hacer en un contexto como este, se pondría nerviosa y no sería capaz de resolver una crisis. Es esta experiencia, basada en el trabajo realizado en lugares similares a este donde estamos y condiciones parecidas a las que aquí tenemos, la que intento transmitir a los alumnos que realizan sus prácticas aquí con nosotros”.

La importancia de la formación

El Gobierno de Sudán del Sur destina el 50% de su presupuesto anual a defensa y seguridad. Por eso, gran parte de la sanidad y educación del país depende de la generosidad de las ONG y Organismos Internacionales. Sin embargo, hay que reconocer que se está tomando muy en serio la formación de matronas con la intención de reducir la tasa de mortalidad materna e infantil.
Según Unicef, el país cuenta con una baja tasa de alfabetización. El 70% de los niños y niñas entre 6 y 17 años nunca han pisado una escuela, y de ese 20% que tiene la suerte de estudiar solo el 33% son niñas. De estas, muy pocas terminan la educación secundaria. Ante la falta de mujeres, el Gobierno sursudanés está animando a los chicos a estudiar para convertirse en comadrones.
En Maridi se encuentra el Instituto Nacional de Formación de Recursos Humanos Sanitarios (INFRH), gestionado por Amref Flying Doctors. En él se forman 201 alumnos como encargados clínicos (un grado sanitario que está entre el enfermero y el médico y se está promocionando en muchos países africanos para suplir la falta de doctores) y matronas, todos ellos becados.
Hay muchos más chicos que chicas con uniformes rosas, que son los que identifican a las matronas. Además, parece que a ellos les resulta más fácil estudiar ya que han llegado al Instituto justo al terminar la educación secundaria y pasar las pruebas de acceso a la universidad. Todas las chicas con las que hablamos están casadas y tienen hijos. Solo después de formar una familia, sus maridos, y también los padres, han consentido que continúen sus estudios. Es el caso de Namulu Sconia Duku que tiene un hijo que cuida su madre en su aldea, Kayukeye, en Central Equatoria, mientras ella estudia. Su marido es carpintero. Sin embargo, los dos hijos mayores de Angelina Hanan Marial están internos en Kenia, mientras que los dos pequeños están con su esposo, que es un hombre de negocios y reside en Juba, la capital del país. Vienen del condado de Yirol, en el estado de Joglei, donde todavía se sigue luchando.
También Pita Christine Tongu tiene un hijo de cuatro años que está al cuidado de la abuela ya que el marido es conductor de la Cruz Roja y no puede ocuparse del niño porque está siempre en la carretera. Ella consiguió terminar su educación secundaria pero cuando dijo a su familia que quería seguir estudiando esta le contestó que no era posible porque tenía que casarse. No tuvo más remedio que obedecer. Sin embargo, tuvo la suerte de que su esposo la apoyase en el deseo de formarse y ahora está a punto de graduarse. Cuenta que siempre quiso ser matrona porque está cansada de ver cómo las mujeres de su zona, el condado de Kajo-Keji, en Central Equatoria, mueren por el mero hecho de dar a luz. Ella piensa que ahora podrá ayudar a educar a las madres para que no tengan que morir en el momento de parir y enseñarlas cómo cuidar de sus hijos para que estos crezcan fuertes y sanos.
La mayoría de los chicos parecen haber llegado a estos estudios de matrona, que duran tres años, de rebote. Ellos confiesan que querían estudiar para ser médicos o encargados clínicos, pero que nos les llegó la nota y el Gobierno les dio la oportunidad de formarse en esta profesión. Todos cuentan que al principio pensaban que era un trabajo solo de mujeres pero que poco a poco han descubierto la importancia que tiene el saber cuidar de las madres y de sus hijos.

Cuidar de las mujeres en parto

Pita Christine Tongu, casada con un hijo de tres años. / C. C.
Pita Christine Tongu estudia para ser una matrona porque siempre ha querido ayudar a las mujeres y a sus hijos. Le gusta cuidar de ellas, educarlas, decirles lo que tienen que hacer antes, durante y después del parto. Además, desde que se enteró que la tasa de mortalidad materna en Sudán del Sur es la más alta del mundo y de que hay muchas mujeres que mueren durante el parto se ha propuesto ser parte del esfuerzo que se está haciendo en todo el país para cambiar la situación.
Muchos también ríen al contar que tenían miedo a ser rechazados por las mujeres cuando tuvieran que explorarlas por lo tradicional que es la sociedad en Sudán del Sur, pero una vez que han empezado las prácticas en el hospital y en los centros de salud de la zona, se han dado cuenta de que son bien aceptados. Es el caso de Magang Gordon Dhukpura, que viene de una aldea cerca de Rumbek, la capital del Estado de Lake. Él quería ser enfermero, pero no le llegó la nota y le dieron la oportunidad de venir a Maridi. Al principio le costó aceptar que él pudiera trabajar un día como matrona, pero ahora está convencido de lo importante que es su trabajo y de la cantidad de vidas que puede salvar.
A los alumnos que se preparan para ser encargados clínicos no les ha costado tanto convencerse de lo importante que es su profesión, lo tenían claro desde el principio. En este programa, que también dura tres años, hay muchas menos mujeres. Una de las pocas es Maling Elizabeth Silas, que viene de Juba. Cuenta que siempre soñó con estudiar medicina, pero no podía pagarse la universidad. Cuando terminó sus estudios trabajó varios años con ACNUR registrando desplazados y refugiados, hasta que consiguió la beca que le permitió entrar en el Instituto. “Una oportunidad que no podía rechazar y con la que voy a ser capaz de salvar muchas vidas”, nos dice.
Los estudiantes del INFRH ponen rostro a una generación de jóvenes que pueden cambiar la realidad de muchas mujeres y niños de Sudán del Sur, como comenta Elestina Yume Phusa-Bendabenda cuando estamos terminando el recorrido del pabellón de maternidad del Hospital de Maridi y llegamos a la sala donde los alumnos que han hecho prácticas con ella durante el día discuten los distintos casos que han asistido y escriben sus informes.

Formar a las profesionales africanas

C. C.
En 2012, Amref Flying Doctors lanzó la campaña Stand up for African Mothers que tiene como objetivos llamar la atención sobre la mortalidad materna, formar a 15.000 matronas africanas antes del final de 2015 para reducir en un 25% la mortalidad materna en África subsahariana y equipar más centros de salud. La iniciativa tiene como madrina internacional a Graça Machel Mandela
La campaña también propone a una matrona africana, Esther Madudu, como candidata al Premio Nobel de la Paz 2015, como símbolo de la lucha de las matronas africanas por la vida de las madres. Una iniciativa que se puede apoyar firmando aquí.
Del 23 al 25 de octubre tendrá lugar en Bilbao el XIII Congreso Federación de Asociaciones de Matronas de España en el que se presentará el trabajo de la campaña Stand Up for African Mothers, como una forma de acercar a las matronas españolas al día a día de sus colegas en África Subsahariana.
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Feliz por evitar muertes

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Namulu Sconia Duku está casada con un carpintero y tiene un hijo. / C. C.
Quiere ser matrona porque cuando era pequeña murió su tía al dar a luz. Ella estaba en el colegio aquel día y no se acuerda muy bien de lo qué pasó. Recuerda que se preguntaba por qué tuvo que morir su tía. Desde entonces se dijo que no quería que las mujeres muriesen al dar a luz. “Me siento feliz cuando una mujer da a luz y tanto ella como el bebe no tienen problemas”, dice.
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Concienciado y concienciador

Edema Charles Daniel, soltero. / C. C.
Cuando terminó la escuela secundaria, Edema Charles Daniel empezó a trabajar con Movement for Health Internacional (MHI) y luego con International Rescue Committee (IRC), en programas de prevención de la polio. Era un movilizador comunitario y concienciaba a la población sobre la importancia de vacunar a los niños. Es ahí cuando se enteró de las altas tasas de mortalidad materna e infantil de Sudán del Sur y pensó que no era justo y quiso hacer algo para cambiar la situación, es por eso que decidió estudiar para ser una matrona. “Sé que muchos piensan que es raro que un hombre decida ser comadrón, pero yo tengo el interés y me gusta lo que aprendo. El problema es el dinero para pagar los cursos, no es fácil conseguirlo. Mi sueño es terminar aquí y seguir preparándome para convertirme en profesor de esta misma escuela y así enseñar a muchas más personas la necesidad de educar a las comunidades para combatir las altas tasas de mortalidad materna e infantil de nuestro país”.