domingo, 25 de septiembre de 2016

NO ESTAR A LA ALTURA DE LAS CIRCUNSTANCIAS ► [Henciclo] interruptor - Locos o tontos - la columna de H enciclopedia

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LA NAVE DE BRANT

Locos o tontos

Carlos Rehermann



Locos y tontos solían ser lo mismo: ignorantes. Estultos, estólidos, estúpidos, necios y orates no eran, sin embargo, idiotas. Idiotas habían sido, entre los griegos, y antes de que el significado virara hacia la bobera, quienes solo se ocupaban de sus asuntos privados, y no se interesaban por las cosas de la comunidad. Eran quienes se despreocupaban de la política.
Un alemán apellidado Brant, que no hablaba muy bien el idioma del país (era, en ese sentido, un poco idiota) puso en páginas la idea de que un barco tripulado y gobernado por necios (es decir, “que no saben”) va derecho a un lugar preciso: el país de los locos, Narragonia (literalmente “locolandia”). Los alemanes, siempre empeñados en molestar a Roma, disfrutaban con el doble significado de “nave”: el término vale tanto para designar un barco como para indicar el espacio central de la iglesia, compartido por el vulgo, la nobleza y la curia.
La idea dio material a pintores, poetas, cantores y dramaturgos. La metáfora de la nave sigue siendo una de las predilectas de los políticos iletrados y no pocos murguistas. Pero más que metáforas acerca de naves, la idea más exitosa ha sido la de la estupidez humana. El libro de Brant inaugura la locura como género diferenciado de la estulticia. El loco empieza su camino hacia la obtención del título de enfermo; en cambio, el estúpido asciende hacia el podio de victimario, que comparte con el príncipe. Justamente El príncipe de Maquiavelo es pocos años posterior al Elogio de la estulticia, de Erasmo, a su vez un par de décadas posterior al libro de Brant. La defensa del gobernante se imponía, ante su caída en la bolsa de los estúpidos.
Lo bueno del malvado, si uno se ve obligado a elegir, es que sus actos son previsibles. El malvado sabe, sabe lo que quiere y sabe cómo funciona el mundo y por lo tanto uno puede tomar ciertas precauciones. El necio, en cambio, tal como indica la palabra, no sabe; hará exactamente lo que no hemos sido capaces de imaginar, o lo que hemos descartado debido a su sinsentido.
Pero esta preferencia es aplicable, y no siempre, apenas a la vida cotidiana, y no, pongamos por caso, a la disyuntiva entre Trump y Clinton. El hecho de que podamos prever que Clinton va a asesinar a algunos mandatarios y va a desatar algunas guerras no nos pone a cubierto de las consecuencias; la incertidumbre acerca de lo que podría llegar a desencadenar Trump no es peor que la certeza del desastre que será Clinton. Y de saberlo no se sigue que podamos evitarlo.
En un período de unos treinta o cuarenta años se publicaron dos tratados sobre la estupidez, se inventó la palabra utopía, se fundó la ciencia política y el cristianismo se partió en dos. El clima espiritual de la época disparaba tanto un manual para el gobierno eficiente, un centenar de tesis contra la venta de indulgencias o críticas mordaces contra el conjunto de vicios que nos definen como especie. Todas estas producciones intelectuales tuvieron un éxito notable. Los libros sobre la estupidez, especialmente, merecieron numerosas ediciones. Y se trataba de una época en la que no abundaban los lectores.
Quienes compraban libros en aquellos tiempos no eran muchos, y la mayor parte de ellos estaban muy cerca del poder: curas, aristócratas y comerciantes. Todavía los lectores estaban muy lejos de las clases que se beneficiarían con la revolución del siglo XVIII, y a distancias infranqueables de quienes, un siglo más tarde, intentarían darle a Marx, ex post liber, la razón. Las revoluciones de aquellos tiempos se fundaban, en parte, en la culpa de quienes se sabían estultos y ansiaban redención o cura.
Casi cuatro siglos debieron pasar para que a alguien, esta vez lejos de la autoridad eclesiástica (como habían sido los casos de Brant y de Erasmo) se le ocurriera de nuevo acusar a otros de estúpidos. Pero entonces ya se desdibuja la diferencia entre  el tema de estudio y el autor: la estupidez cunde. El médico francés Charles Richet empieza su El hombre estúpido (publicado en 1919) explicando que los negros de África son estúpidos porque no tienen laboratorios de física ni tratados de moral. Más o menos igual les va a los “amarillos” y a los “pieles rojas”, todos ellos “representantes mediocres de la especie humana”. Este premio nobel de medicina estaba orgulloso de haber inventado la palabra anafilaxia, y era un devoto practicante de lo que llamaba “metapsíquica”, afición al ectoplasma que lo emparenta con Arthur Conan Doyle, Helena Blavatsky, Franz Mesmer y Tu Sam. Advertía George Stratton, psicólogo estadounidense de principios del siglo XX de escasísima fama, que el prejuicio racial es una de las señales de estupidez más difundidas en el mundo; se encuentra en todas las comunidades,  incluso en la de los sabios que acusan a otros de estúpidos.

Un húngaro concienzudo publicó, en la década de 1930, una Historia de la estupidez humana que llega a las 900 páginas. István Rath Végh era abogado y juez, pero su mayor virtud fue la extraña selección de asuntos que trató: escribió una historia del cinturón de castidad, otra de la infidelidad femenina, una del matrimonio y una de las supersticiones. Fue autor, además,  de tratados de leyes, y no evitó la narrativa. De su libro sobre la estupidez, que venía a enmendarle la plana al imbécil de Richet (sí: no llegaba a estúpido el pobre) su compatriota Paul Tabori robó las trescientas páginas que le darían fama y dinero.


Este otro húngaro emigraría a Gran Bretaña luego de escapar por los pelos, junto a su madre, rumbo a Londres, donde ya estaba instalado su hermano Georg, de la misma suerte que sufrió poco después su padre, asesinado en Auschwitz. Georg es ese nacionalizado alemán del que hemos sufrido algunas tropelías dramatúrgicas puntualmente financiadas por los servicios culturales alemanes, en tiempos anteriores a la penuria europea de hoy. (¡Cuánto hay que agradecer a la miseria que los europeos no sigan enviándonos sus genios! Pero por desgracia, pronto la prosperidad ha de volver al viejo continente y de nuevo recibiremos muestras de su más reciente arte dramático).

Pues bien, Paul Tabori copió casi todo lo que le cupo en 300 páginas del casi millar del libro de Rath Végh. Vendió muy bien, vivió de eso y los estultos que se aguanten. No es que sea un libro malo; es que es una copia, aunque no lo dice. Técnicamente un plagio, de todas maneras lo más interesante de todo esto es que Tabori, fiscal de los estólidos, al igual que Richet era un devoto fantasmólogo. Fue el administrador de la herencia de Harry Price, notable estafador espiritista, lo cual no deja de llamar la atención: ¿por qué este intelectual políglota, fugitivo de los carniceros nazis, lo mismo que el racista premio Nobel de la inmunología, tenían esa predilección por el ectoplasma y al mismo tiempo esa preocupación por la estupidez?

El loco empieza a ser estúpido cuando deja de ser consciente de su locura. El buen loco, el loco de buena calidad, siempre, además de serlo, se hace un poco el loco.

Fingir es parte de nuestra dolencia; no podemos evitarlo.

Pero el estúpido no entiende por qué sonríe la gente cuando él aparece en escena. Quizá nuestro tiempo se distinga de los años de la Reforma en que volvemos a dejar de distinguir entre el necio y el loco. No es fácil saber si toda esta gente que nos gobierna es tonta o es orate. Sus expresiones vacías parecen indicar estulticia, pero sus actos ladinos hablan del típico fingimiento del loco.
En la nave de los necios de Brant no solo viajan los estúpidos. Viajamos todos. Quizá el lector nunca navegó en una nave donde viajara también un estúpido, y por eso lo noticiamos: lo que ocurre, indefectiblemente, es que en una nave donde viajan novecientos noventa y nueve sensatos y un necio, es que más temprano que tarde el necio es nombrado capitán.  Por qué ocurre esto no se sabe, a pesar de los estudios de Rath Végh y de Tabori. Pero es inevitable.
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el dispreciau dice: Trump no está a la altura de las circunstancias, no como potencial Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, tampoco como candidato... curiosamente, Clinton tampoco está a la altura de las circunstancias, no como potencial Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, tampoco como candidata... no obstante ello, las opciones de voto del pueblo americano está concentrado en ellos dos, lo cual deja traslucir un futuro más que incierto, dudoso, neblinoso, brumoso, y de extraño curso, ya que el mundo de estas horas no se precia por las coherencias y por las decisiones con la mente fría, antes bien se caracteriza por los atropellos, las discriminaciones, las promesas incumplidas, los discursos vacíos, las decisiones erráticas, un brotado de intereses y una epidemia de conveniencias, todos condicionantes de cualquier futuro humano y planetario, o si lo quieres, planetario (primero) y humano (después)... ya que todo indica que los políticos, sometidos por las corporaciones y obsecuentes a ellas, son funcionales a un poder oculto, esencialmente inmoral y corrupto, que no responde ni a lógicas ni a éticas, mucho menos a las necesidades sociales crecientes y cada vez más disminuídas... ello indica una posible crisis global en curso de empeorar segundo a segundo, minuto a minuto, hora a hora, mucho más teniendo en cuenta que el gravísimo problema de Siria y sus gentes, en vez de resolverse con sentido común, se ha agravado por la falta del mismo (sentido común) a tal punto que se ha vuelto inmanejable... y de tanto han dado argumento y excusa para la creación de muros y vallas de concertinas en lugares impensados hasta menos de una hora, emulando la decisión de Trump (eventual pero cierta) de construir un muro (triple) fronterizo con México, que al serlo, también cumplirá la función de separar a Estados Unidos de Centro América... y que por extensión afectará a Sud América... generando un separatismo que complicará y mucho la decaída mano de obra del país del norte, destrozando economías paralizadas por la pobreza, la marginación, la indigencia, el aislamiento, y los despojos que viene generando el crecimiento del narcotráfico y la trata de personas... 

lo antedicho cumple la regla de la nave donde navegan 999 cuerdos (¿normales?) y sólo un idiota, el cual ha sido nombrado Capitán... vaya a saber por qué artilugio del destino... vaya a saber por qué cálculo matemático... y dicho capitán asegura que el barco irá en trayectoria de colisión hasta hundirse, asegurando también, que el único que se salvará del naufragio será el propio Capitán, al tiempo que el resto de los pasajeros (999) perecerán sin que aquel se dé por enterado... 

curiosamente, esta realidad de los Estados Unidos de Norteamérica, se replica en todo el ámbito del imperio medieval nazi-sionista de la (des)Unión Europea, la cual parece estar conducida por dementes, desquiciados, idiotas, imbéciles, y equivalentes a gusto... ya que el problema de los refugiados sin refugio es apenas la punta del iceberg de la crisis humanitaria que se ha instalado en el mundo humano... una crisis que tiene atrapada todas las economías periféricas y no periféricas de la propia (des)UE, partiendo de la premisa que Grecia es sólo un ejemplo, y que todos están en la misma bolsa de un desconcierto corporativo desesperado por lavar a efectos de tapar las quiebras en las que están sumidas todas y cada una de las corporaciones que se han apoderado del planeta y sus contenidos... tema no menor a la hora de apreciar los "hechos" del Fondo Monetario Internacional y sus avances sobre los derechos ciudadanos de los mortales, a quienes ellos, así como sus corporaciones mentoras, consideran descartables y funcionales a sus necesidades de lavado global... léase, el panorama no sólo es malo sino que es pésimo... ya que además de agigantar la grieta social y las fisuras políticas, está conduciendo al mundo humano hacia una tragedia de proporciones inusitadas, muy superior al holocausto, ya que todo indica que las pretensiones del poder nazi-sionista es limpiar del disco rígido haciendo puré de papas a la mayor parte de la población humana, generando y/o induciendo una guerra de pobres contra miserables... donde los pobres saben leer y escribir y suelen darse cuenta del avenimiento de las hecatombes, y donde los miserables constituyen la porción de ignorantes que acumulan al menos cuatro generaciones de no hacer nada ni por ellos ni por nada, acostumbrados a que el estado los atienda y proteja sus desavenencias, siendo que estos últimos no están en condiciones de comprender cómo están siendo usados por el poder, para luego ser sacrificados masivamente en un ritual que cada vez es más evidente...

curiosamente, también, lo antedicho vale para todo el Asia y sus componentes políticos donde el reloj parece tener un efecto retrógrado que involuciona ya no sólo al poder sino a todo lo que le cabe, siendo en este caso que China aparece como ejemplo... y cuando miras buscando un hueco, te das cuenta que no lo hay, y que la sociedad humana ya no sólo se enfrenta a una crisis económica que viene creciendo desde el 2008 a una velocidad cuántica, sino a una crisis humanitaria consecuente con la caducidad de los derechos humanos (primeros) y ciudadanos (luego), un vencimiento alentado por y desde las corporaciones nazi-sionistas que necesitan para activar la pira de los sacrificios... 

desde luego, occidente parece ignorar la debacle que le ha creado al continente africano... y al medio oriente... donde todo es zozobra y donde las personas parecen no tener valor ante las consideraciones huecas del imperio... una zozobra sobre la que avanza el singular cinismo "chino"... dando razón suficiente a las apreciaciones de Mujica (ex-Presidente del Uruguay) sobre la mentira del Nobel de la Paz y los otros que son consecuentes con los intereses que los sostienen... traducido la PAZ no se premia, se siembra y se transita, para lo cual antes se educa y se forma creando consciencia, algo que indudablemente está brillando por su ausencia... 

volviendo a la nave con su preciosa carga de éticas y sentidos comunes (999)... el único idiota designado Capitán, está haciendo de las suyas en todo el planeta, por lo cual fácil es determinar que la Tierra puede salirse de su órbita para quedar al garete en el espacio sideral, algo que cada vez se ve más y más cerca... mucho más, cuando Estados Unidos de Norteamérica, cambie su gestión... caminando la nave (barco) he visto que no hay chalecos salvavidas, he determinado que no hay botes salvavidas, he revisado pero no he encontrado nada que flote... y lo peor, es que he visto que el océano está plagado de tiburones que carecen de comida suficiente... no sé cómo decírtelo, pero la masa... debe generar un motín (tipo Caine) y recuperar el comando del barco... para lo cual quizás haya que arrojar al Capitán por la borda, aduciendo que se trató de un accidente, por lo que sólo se puede asumirse como daño colateral... y todo parece indicar que dicha circunstancia, a estas alturas, se ha tornado inevitable... tal como dice la "bestia", lo dejo a tu criterio. SEPTIEMBRE 25, 2016.-

SEVERAS SEÑALES DE ANEMIA POLÍTICA ▼ “El hambre se ha convertido en una cuestión política” | Planeta Futuro | EL PAÍS

“El hambre se ha convertido en una cuestión política” | Planeta Futuro | EL PAÍS

ENTREVISTA A CARLOS ARRIOLA

“El hambre se ha convertido en una cuestión política”

El especialista en nutrición critica la escasa voluntad de Guatemala por solucionar un problema que afecta al 45% de los niños del país

El doctor Carlos Arriola junto a un paciente del centro Bethania en Jocotán, Guatemala.



Jocotán (Guatemala) 
El doctor Carlos Arriola, dedicado al tratamiento de la desnutrición infantil severa en Guatemala desde hace 25 años, explica que la desnutrición se ha normalizado y critica la escasa voluntad política por garantizar el derecho a la alimentación en un país donde el 45% de los niños está desnutrido. Guatemala es el país con mayor desnutrición infantil de América Latina y el quinto país del mundo con mayores índices de desnutrición infantil severa.


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Por el despacho del doctor Carlos Arriola (1967) han pasado en los últimos años cientos de niños. Todos enfermos por hambre. No ese hambre de no saciarse, sino la de no tener qué echarse a la boca. Arriola guarda el recuerdo de algunos de ellos en dos grandes paneles con fotografías en las que aparecen en diferentes estados de salud, muchos de ellos sonrientes pese al sufrimiento. A algunos cuesta reconocerles tan pequeños en estado casi cadavérico, piel y hueso, junto a la fotografía del día que salieron caminando, delgados, pero vivos. El centro de recuperación Bethania, en Jocotán (Guatemala), nació en 1959 y ha rescatado a infinidad de menores de la desnutrición infantil severa. Con el apoyo de organizaciones como Manos Unidas, el doctor Arriola confirma que sólo necesita una medicina para curarles: “No se les da nada especial. Simplemente comen con regularidad”.
Guatemala es país de América Latina con mayores índices de desnutrición infantil y se ha convertido en el quinto país del mundo con mayor desnutrición infantil severa según datos de Unicef. El 48% de los niños guatemaltecos padece este mal, y esta violación del derecho a la alimentación se agrava en el caso de los niños indígenas, en los que la desnutrición alcanza al 80% de ellos, según Unicef.
“Hay tres tipos de desnutrición. El marasmo, en el que el niño que adelgaza porque no tiene nada de calorías en su dieta, se consume y se avejenta. Además está de mal humor, rechaza la vida, entrampa la boca y se niega a comer. El kwashiorkor, que es el que hace que el niño se hinche por la falta de proteínas al comer solo maíz. Pero aquí en el centro tenemos la combinación de las dos”, explica el doctor junto a las cunas donde duermen sus pacientes. En más de medio siglo de actividad, el dispensario Bethania se ha convertido en un centro sanitario de referencia en una de las regiones más pobres y más secas de Guatemala, una zona montañosa eminentemente indígena al sureste del país.
Licenciado en Medicina, máster en administración pública y especialista en análisis de políticas de salud, el doctor Arriola lleva 25 años siendo, como se autodefine, “trabajador de la salud”. Sorprende verle siempre riendo pese a tratar a pacientes muy graves. “Con lo que uno ve aquí, tiene que hacer un esfuerzo”, reconoce, y no es para menos. El hambre también mata. Preguntado al respecto, calla largamente. “Ahora tenemos a un niño que es candidato”.
De las 23 regiones de Guatemala, 12 presentan alto o muy alto riesgo de desnutrición, según el mapa de vulnerabilidad nutricional 2015 de la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional del Gobierno guatemalteco. Para Carlos Arriola, la inseguridad alimentaria y las enfermedades que esta provoca es una cuestión política, de normalización de la pobreza y de su aceptación como inevitable. Pero también es una cuestión cultural. “Tenemos ahora una paciente de 15 años con desnutrición crónica. Su problema es que tiene ya el futuro construido. Ella no va a la escuela, porque según su padre “es enferma”. Cuando se recupere, saldrá de aquí. En dos años conocerá a un muchacho como ella y a los 18 será una mamá desnutrida que dará a luz un bebé con bajo peso y seguirá los mismos patrones alimentarios: café con pan y darle lo que haya. Lo entenderá todo como normal, porque su propia vida y la de gran parte de su comunidad ha sido así y no ven más allá”, describe. “Aquí volvemos a otra triste realidad que a los niños se les cuida más por ser varones. Es una violación de un derecho solo por ser niña pero es real”.
Consciente de que paliar el hambre exige educación, el centro Bethania creó hace 40 años la figura del promotor de salud, una persona a la que se forma en prevención para que al volver a su comunidad indígena pueda informar a sus vecinos, fortalecer el conocimiento de la medicina tradicional y prevenir los problemas.
“Tenemos claro que no le vamos a resolver la vida a nadie pero sí podemos contribuir a mejorar. No tiene sentido que recuperemos niños y vuelvan a su casa a las mismas condiciones, por eso nuestros programas llevan un enfoque de educación permanente. Durante muchos años trabajamos la alfabetización de mujeres porque es uno de los mayores problemas en la zona. Las cifras oficiales hablan ahora de entre el 36 y el 42% de analfabetismo pero según lo que nosotros vemos el analfabetismo en la región supera el 80%”. ¿Uno de los mayores problemas? La feminización de la pobreza.
“La semana pasada ingresé al hijo de un promotor de salud con una bronconeumonía brutal. El padre llegó completamente sudado después de caminar muchísimo. Su mujer estaba sorprendida y asustada, preguntando qué era este sitio, la clínica. Cuando vio la cuna se asustó y dijo que ahí no quería meter al niño. Le explicamos que eso era una camita pero que había que ponerle las rejas para que el niño no se cayese"; relata el doctor. Y prosigue: "Entonces sí accedió. Estas cosas nos dan una idea del nivel de postergación al que han estado sometidas y del nivel de alejamiento que tienen muchas comunidades del resto de personas y de otras realidades, sobre todo las mujeres”.
El doctor Arriola, en su consultorio. P. A.
Defensor de la alimentación como derecho fundamental, Arriola participó como perito médico en un caso judicial sin precedentes: el de cinco familias indígenas de Camotán y sus hijos desnutridos que denunciaron al Estado de Guatemala en 2011 por no garantizar su derecho a la alimentación. Y ganaron. Arriola explica que el proceso judicial, en el que se han ganado todos los recursos planteados posteriormente por el Estado, no ha estado exento de presiones políticas. “Era insólito que cinco niños y cuatro mujeres ganasen un caso al Estado de Guatemala. Eso es increíble. Pero el caso fue silenciado, tuvo muchos reveses que hicieron que la repercusión no fuera tan grande. El Gobierno se asustó y empezó a presionar a las familias y al vecindario para que retiraran la demanda. Y sus propios vecinos les acusaban de que la escuela se cerraría o que se iban a quedar sin médico si no retiraban la denuncia. Pero resistieron y no la retiraron”.
El Gobierno guatemalteco puso en marcha en 2013 el Pacto Hambre Cero con el objetivo de reducir en un 10% la desnutrición crónica infantil en cuatro años. Arriola cuestiona la eficacia de este plan y acusa al Estado de ocultar la desnutrición. “Al final, el hambre se ha convertido en una cuestión política. Justo cuando la OMS cambió los estándares de medición, el Gobierno anunció que reduciría un 7% la desnutrición crónica… y claro, solo por el cambio de estándar y sin hacer absolutamente nada más, los números salieron”. El médico explica que parte de las medidas del plan contemplan la entrega de alimentos en las comunidades indígenas y asegura que muchas de ellas han sido amenazadas con dejar de recibir las ayudas si llevan a sus hijos a centros de recuperación nutricional.
El doctor Arriola acusa a los poderes políticos de perpetuar un sistema que cosifica a su población y la mantiene alejada del conocimiento y la reivindicación de su derecho a la alimentación. “No conviene a las autoridades de este país, que nos han engañado todo el tiempo, tener una población inteligente y lista. La campaña política que tú ves aquí te mataría de la risa. Por una camiseta o una pelota de fútbol voto por ti. Seas lo que seas. Para mí, está muy bien elaborada porque, al tener una población mediocre sin capacidad de discernir, se ríen. En el país de los ciegos el tuerto es el rey”.
Para 2030, los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible apuestan por la erradicación del hambre y garantizar la seguridad alimentaria. ¿Lo conseguirá Guatemala? Arriola no es optimista: “Uno cree que en el siglo XXI las cosas van a cambiar pero no ocurre. Si hubiera voluntad política y de verdad todos los guatemaltecos hiciéramos presión social para que las cosas caminen, pensaría que sí se puede. Guatemala es un país rico, con muchísimos recursos y valores culturales y naturales pero tenemos un nivel de corrupción horrible. Los gobiernos han venido a enriquecerse y a dejarnos pobres. Si hubiera políticas de transparencia, de honradez, sí se podría. Solo sabiendo distribuir los recursos y los presupuestos y ordenando gastos, ya no en 2030, en 2025, esto daría un cambio radical”.

CUANDO LA ANEMIA ES POLÍTICA ▼ Desnutrición en Perú: La sangrecita, un remedio ancestral andino contra la anemia | Planeta Futuro | EL PAÍS

Desnutrición en Perú: La sangrecita, un remedio ancestral andino contra la anemia | Planeta Futuro | EL PAÍS



La sangrecita, un remedio ancestral andino contra la anemia

Un programa de Acción Contra el Hambre recupera la deshidratación de sangre y vísceras de animales para compensar la falta de hierro en la dieta infantil

Niño de Yanapampa, una de las 19 comunidades de la región andina de Ayacucho, en el sur de Perú, donde la ONG internacional Acción Contra el Hambre llevó a cabo un programa de reducción de la anemia infantil.



Niño de Yanapampa, una de las 19 comunidades de la región andina de Ayacucho, en el sur de Perú, donde la ONG internacional Acción Contra el Hambre llevó a cabo un programa de reducción de la anemia infantil. 





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Cuando había matanza de un carnero en su casa, en la humilde comunidad indígena de Yanapampa, en los Andes peruanos, Maruja Orejón recogía la sangre y el pulmón y los cocinaba inmediatamente para elaborar algunos platos. Incluso invitaba a los vecinos para acabar rápidamente con el exquisito pero perecedero manjar. No sabía que esos alimentos eran, por su altísimo contenido en hierro, un potente antídoto contra la anemia que afecta a la mayoría de los niños de la región.
Y aunque lo hubiera sabido, no habría sido capaz de conservarlos para hacerlos parte de su dieta cotidiana, ya que ni siquiera tiene un frigorífico en su casa de adobe y rápidamente se hubiera echado a perder. Ignoraba que sus ancestros, ya en tiempos prehispánicos, tenían un método bien simple para que durase.
Hasta que la ONG internacional Acción Contra el Hambre implementó un programa contra la anemia en la zona y descubrió que algunas familias todavía lo practicaban, pero que era desconocido para la mayoría: salar las vísceras y deshidratarlas.
El charqui (que es como se denomina en quechua a la cecina) de carne es algo muy extendido en la mayoría de las regiones andinas de Perú, debido a la ausencia en las comunidades rurales de electrodomésticos para mantener fríos los alimentos. Lo que se había perdido, sin embargo, es el charqui de vísceras como el hígado, el bazo, el bofe (el pulmón de la vaca), el corazón o incluso la sangre, que deshidratada recibe el nombre de sangrecita.
Mediante la promoción de estos alimentos ricos en hierro, el programa Anemia no de Acción Contra el Hambre, que recientemente fue reconocido con el premio a la mejor iniciativa en promoción por la salud de la Fundación Mapfre, ha contribuido a que se reduzcan notablemente los niveles de esta condición de los niños de las 19 comunidades del departamento de Ayacucho (en el sur andino de Perú) en las que intervino.
Perú tiene una tasa de anemia en niños de entre seis y 36 meses de edad del 43,5% y el índice supera el 50% en las zonas rurales y de mayor pobreza
Perú tiene una tasa de anemia en niños de entre seis y 36 meses de edad del 43,5% y el índice es todavía en zonas rurales (51,1%) y de mayor pobreza (50,4%), según datos oficiales. En zonas andinas, como Huamanguilla —donde se encuentra Yanapampa— y los otros tres distritos de la región de Ayacucho donde se llevó a cabo el proyecto es aún mayor debido a una dieta poco variada y baja en alimentos de origen animal (la mayor fuente de hierro), a base principalmente de patata, legumbres, trigo, maíz y verduras, y una serie de malos hábitos alimenticios e higiénicos.
Esto repercute en el desarrollo de los niños, pues los bajos niveles de hemoglobina en la sangre (la causa directa de la anemia) hace que sean propensos a enfermarse, poco activos, menos inteligentes y con dificultades para concentrarse y retener conocimientos en la escuela.
La promoción del charqui de sangrecita y de vísceras en coordinación con otros programas que fomentan hábitos como el lavado de manos, la estimulación temprana o cocinas más saludables (sin animales de corral, con extractores de humo…) han logrado reducir en Huamanguilla de un 74,3% a un 62,1% el índice e anemia. “Pero tenemos información más precisa de que hay familias que han desarrollado esta práctica, han recibido información de este tipo, y en ellas es un poco más notoria la disminución”, asegura Henry Torres, coordinador del proyecto.
En Yanapampa, en concreto, que es un pequeño grupo de casas, “cuando llegamos había cinco o seis niños con anemia y al final del proyecto, lo hemos dejado con dos, que son anemias leves”, especifica Lourdes Callañaupa, una enfermera que fue responsable de comunicación del programa.
Aunque la primera vez que los padres de las zonas andinas oyen hablar de anemia no entienden de qué se trata, pues no tiene unos síntomas claramente identificables, Maruja ha percibido en sus seis hijos la diferencia que ha supuesto la mejora en la dieta y en las prácticas de higiene para los más pequeños, beneficiados por programas como el de Acción Contra el Hambre.
“En la escuela mi hija mayor y el otro varón no captaban bien. Los chiquitos son más hábiles. Ahora han mejorado todos”, dice con orgullo. “Este”, afirma señalando a Roy, el más pequeño, “había nacido con menos de 2,5 kilos y era anémico cuando aparecieron las Chispitas (unas dosis diarias de micronutrientes repartidas en zonas pobres por los servicios de salud peruano) y la sangrecita”. El pequeño, de cinco años, se ve saludable, vivaz y lleno de energía, no para de jugar con sus hermanos.
La técnica de charqui de vísceras de sangre, que se practicaba en tiempos prehispánicos, se había perdido y las familias sólo consumían algunas de ellas frescas
“El otro día estuve viendo un desfile escolar y me dejó muy feliz porque vi que los niños son más hábiles y cada vez están terminando la educación primaria más chiquitos”, comenta Victoria Cárdenas. Antes, en Yanapampa, “los niños terminaban primaria con 15 o 16 años y ya no estudiaban secundaria porque tenían vergüenza, mientras que ahora con 12 años ya acaban”, añade.
“Nosotras, a pesar de ser adultas, como no hemos sido bien alimentadas de niñas, somos propensas y nos ponemos constantemente enfermos”, dice la mujer, de 45 años, mientras prepara charqui con la sangrecita de una gallina que acaba de sacrificar. La hierve en agua hasta que se forman grumos y se solidifican. Luego los pone en un plato, les echa sal, los tapa con una tela para protegerla de los mosquitos y deja el plato al sol sobre el techo metálico de un pequeño cobertizo que tiene entre la casa y el huerto para que se seque.
Los cinco hijos de Victoria son ya mayores (la menor tiene 13), pero ella se apuntó al proyecto de Anemia no para mejorar la alimentación de sus nietos. “Yo veo bastante cambio en mi nieta. Desde que le doy sangrecita, que tiene bastante hierro, ella está mejor. No conoce la anemia”. La niña, de dos años, come con avidez el charqui de hígado de cordero que le ha preparado su abuela, mientras ésta la mira con una sonrisa de oreja a oreja. “Es bien inteligente. Con dos años ya distingue los colores, sabe contar hasta cinco…”. Le muestra un vaso rojo y le pregunta: “¿Este qué color es, mamá?”. “Dojo”, le responde. Los niños de antes, recuerda, con dos años no podían casi ni ponerse de pie, ni hablar bien.
“Alimentándolos así estoy segura de que más adelante todos van a alcanzar una profesión, van a estar más sanos y más alegres”, sostiene. Los que todavía no están bien alimentados, lamenta, “cuando van a la escuela, están tristes, somnolientos, la profesora está hablando y no están atendiendo”.
En vez de llegar a Huamanguilla y los otros distritos ayacuchanos a imponer soluciones ideadas desde fuera, incluso aunque puedan haber tenido un buen resultado en otros lugares pero que son difíciles de sostener en el tiempo una vez terminada la intervención, Acción Contra el Hambre se propuso buscar remedios junto con la población local. Al sentirlos esta como propios, es más fácil que los interioricen y que los mantengan una vez que se termina el proyecto de cooperación.
“Incorporamos un componente cultural a este proyecto de manera más fuerte”, explica Torres. “Desarrollamos un trabajo con las familias en lo cultural para ver qué elementos podían mejorar los niveles de hemoglobina y, por ende, de anemia. Hubo personas viviendo con las familias y descubrieron que había un grupo de mujeres que tenía esta forma de deshidratar, no sólo la carne, sino las vísceras y la sangrecita”.
El programa Anemia noha enseñado a las mujeres a moler elcharqui de sangrecitapara hacer una harina con la que pueden hacer varias recetas, incluso postres
“Era un conocimiento ancestral, pero la mayoría lo perdió”, relata. “Puede ser por la introducción de nuevos patrones alimentarios, o porque no veían tanto la utilidad”. La única diferencia respecto a la elaboración delcharqui de carne es el tiempo de secado y la limpieza de las vísceras antes de darles un hervor.
Este enfoque cultural le ha permitido alcharqui de sangrecita superar algunos de los problemas que tienen las Chispitasque reparte el gobierno en sobres con dosis diarias. Estos micronutrientes en forma de polvo tiene un sabor fuerte que provoca el rechazo de algunos niños y algunos efectos secundarios, como diarreas, náuseas o estreñimiento. Además, algunas madres no tienen claro cómo deben incorporarlos a la comida.
Callañaupa recuerda que al principio algunos niños rechazaban el charqui por su textura y color. Pero en colaboración con las propias madres locales, Acción Contra el Hambre encontró la forma de molerlo y convertirlo en una harina fina que se puede añadir a cualquier alimento y elaboró una serie de variadas recetas adaptadas a los gustos autóctonos. “Ahora se pueden hacer preparaciones tanto en los segundos platos como en los postres y el niño no se da cuenta de que está comiendo la sangrecita”, indica la enfermera.
“Es un polvo muy fino y se agrega a los purés, a las sopas o a las papillas”, indica Torres, por lo que incluso se lo pueden dar a los bebés a partir de los seis meses, antes de que les salgan los dientes.
Maruja Orejón le pone harina de sangrecita a sus niños todas las mañanas en el desayuno. Si no lo añade a la avena, prepara con la licuadora un batido al que se la agrega. Pero su receta especial es la mazamorra de calabaza, un postre tradicional peruano a base de leche, canela y azúcar, con la sangrecita.
Marlene Yaranga, otra vecina de Yanapampa, utiliza por ejemplo el charqui de bofe para hacer uno de los platos más típicos de la zona, la chanfainita. Con ajo, pimiento, cebolla, pimentón, cacahuete molido, orégano, patata y zanahoria, elabora un consistente plato que su sobrina Damaris, de seis años, devora con fruición. Cuando acaba, su hermana Betsabé se lo da a su bebé de año y medio.
“Nosotros sólo comíamos fresco. Ahora ya constantemente les damos a nuestros hijos y sabemos que tiene mucho hierro”, señala Betsabé, que le dacharqui tanto de carne como de vísceras a sus niñas de tres a cuatro veces por semana.
“Normalmente a los niños les dábamos quinua, arveja, haba, trigo, papa… que sembramos aquí. De vez en cuando comprábamos carnecita, pero poca. La sangre se tiraba”, recuerda Betsabé.
Gracias al programa “ha mejorado bastante la alimentación”, celebra la mujer. “Ahora ya constantemente les damos charqui de vísceras a nuestros hijos y sabemos que tiene mucho hierro. A veces compro el mercado el charqui y poco a poco lo cocino para mis hijos, tres o cuatro veces a la semana. Si están frescas (las vísceras y la sangre) no se puede, porque empieza a oler feo, pero el charquise conserva más tiempo”.
Mujeres como Maruja, Victoria, Marlene y Betsabé se han convertido en mamás-líder del programa. Y aunque la ONG ya no está presente en el lugar, ellas se coordinan con el centro de salud de la zona para ir a enseñar a mujeres de otras localidades, e incluso de otros distritos, a utilizar el charqui para alimentar mejor a sus pequeños.
“Cuando he ido a hablar con otras madres, se sorprendían porque antes todas tiraban la sangre”, explica Victoria. “Ahora casi ya no tenemos anemia aquí. Nos organizamos y cuando está un niño con anemia vamos a visitarle y decirle a la familia cómo puede hacer”, añade Betsabé.
Desnutrición en Perú: La sangrecita, un remedio ancestral andino contra la anemia | Planeta Futuro | EL PAÍS