martes, 11 de octubre de 2011

LAS CEGUERAS DEL PODER POLÍTICO || Encandilados | Internacional | EL PAÍS

Encandilados

Un sentimiento de desaliento y sorpresa recorre las conversaciones chilenas en este comienzo de primavera. Después de cinco meses de protestas estudiantiles, tanto a nivel universitario como escolar, la mesa de diálogo entre los estudiantes y el Gobierno se rompió al negarse éste cerradamente a la idea de una educación superior gratuita para todos. Muy pocos días antes de volver a sentarse a la mesa, el Gobierno mandó al Congreso un proyecto de ley que prometía penas de cinco años de cárceles a los estudiantes que tomen colegios o corten el tráfico. Estas dos actividades, y otras más violentas, se intensificaron a niveles nunca vistos en un conflicto donde parecía que ya lo habíamos visto todo.


11 OCT 2011 - 12:23 CET

 






El jueves 6 de octubre—a exactamente 23 años y un día del plebiscito que derrotó a Pinochet y devolvió la democracia al país—una marcha frustrada por la policía se convirtió en una batalla campal donde hasta Camila Vallejo, la icónica dirigente universitaria que ha protagonizado este movimiento, fue alcanzada por los chorros del carro lanza-aguas de la policía. Varios periodistas vieron sus cámaras destruidas y sus cuerpos arrastrados a distintas comisarías, mientras los estudiantes encapuchados se hacían con la calle. En un curioso incidente, uno de éstos salió a proteger a un coronel de Carabineros de la turba, salvándole la vida.


Lo que más preocupa es la resignación con que el Gobierno parece dispuesto a asumir su impopularidad, con que parece dispuesto también a aceptar y hasta fomentar la radicalización de las tomas y las manifestaciones

¿Qué pensar? ¿Qué decir? ¿Hacía dónde avanzar? El colegio de profesores lanzó un plebiscito por Internet enumerando las reformas que demanda, obteniendo un millón de votos a favor suyo. El presupuesto nacional que se discute esta misma semana incrementa los fondos de educación con una timidez que poco responde a las exigencias estudiantiles. Exigencias que, conforme pasa el tiempo, se van haciendo más imperativas: del fin del lucro en la educación se ha pasado a exigir gratuidad absoluta en todo el sistema de educación, además de una Asamblea Constituyente capaz de redactar una nueva Carta Magna. Las rejas de los colegios llevan cinco meses erizadas de sillas que les hacen parecer campos de cactus. Camila Vallejo lleva también cinco meses viviendo en la casa de una amiga, respondiendo a las dos de la mañana entrevistas para los más lejanos medios. Las universidades privadas, que han sido el centro del conflicto, esperan incrementar sus matrículas gracias a padres asustados que no quieren que sus hijos pierdan el año en marcha entre paros y tomas. La ministra del trabajo, Evelyn Matthei, cree que tendremos que acostumbrarnos a ver todos los jueves a los estudiantes marchando por la Alameda.

Quizás lo que más preocupa es la resignación con que el Gobierno parece dispuesto a asumir su impopularidad (el presidente bajó al 30 por ciento de aprobación en una reciente encuesta de Adimark), con que parece dispuesto también a aceptar y hasta fomentar la radicalización de las tomas y las manifestaciones, con tal de no ceder en lo que le parece esencial: la idea de que la educación es un bien de consumo que se puede subvencionar pero nunca dirigir o controlar, un credo firme e inamovible en un Gobierno que fue elegido justamente por la flexibilidad ideológica de su presidente, un hombre de derecha con un pasado democristiano que alardea de haber votado por el No a Pinochet y de querer continuar con las políticas de protección social de la presidenta Bachelet.


El Gobierno ha visto impávido despertar su más temido fantasma, el populismo pinochetista. Un reclamo por una autoridad fuerte que obligue a los estudiantes a cortarse el pelo y estudiar

Apostando, como ha apostado todo esos meses, a la exasperación de los padres ante sus hijos sin matrículas y becas para el próximo año, el Gobierno ha visto impávido despertar su más temido fantasma, el populismo pinochetista. Un reclamo por una autoridad fuerte que obligue a los estudiantes a cortarse el pelo y estudiar, que llevó al alcalde de la comuna de Providencia, ex coronel de ejército Cristian Labbé y amigo personal de Pinochet y su familia, a entrar con las fuerzas policiales a los colegios y dar por clausurado el año escolar y amenazar a los matriculados de otras comunas que estudian en Providencia, un barrio de clase media alta, a que no tendrán cupos, a pesar de que estos alumnos consiguieron sus cupos por exigentes exámenes a los colegios en cuestión. El gobierno se apresuró a lamentar estas declaraciones para luego lanzar un proyecto de ley que recogía muchas de las preocupaciones de Labbé.

Piñera parece dispuesto a ser el Gaddafi de la educación privada chilena. Dispuesto a vivir años de tormenta y dudas para conservar no solo el sistema educacional sino el político, donde una minoría de 30% puede conseguir la mitad de los escaños en el Congreso, y la gran mayoría de los chilenos no están inscritos en los registros electorales.

¿Es posible que un hombre inteligente como el presidente no vea la urgencias de unas reformas que vienen pidiendo los más diversos actores desde las más diversas trincheras? Más que ciego el presidente parece encandilado por una luz directa y fuerte que lo mantiene inmóvil. El presidente chileno, como el norteamericano, como el español, como el francés, no puede dejar de ver la ola que lo hundirá en un sin fin de espumas y preguntas. ¿Por qué no surfean sobre ella? Quizás porque temen que la ola esconda otra y, luego, otra y otra, en las que están irreversiblemente llamados a romperse el cuello.
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“Queremos que los ojos del mundo se pongan en el conflicto educativo de Chile”

El universitario critica el inmovilismo del Gobierno y anuncia la agenda internacional que desplegará el movimiento estudiantil en Europa



Giorgio Jackson, líder estudiantil chileno. / FABIOLA SOTO
Es uno de los principales líderes del movimiento estudiantil chileno que desde hace cinco meses protesta por una educación pública y de calidad. Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC) y alumno de ingeniería, Giorgio Jackson, de 24 años, ha sido uno de los protagonistas del conflicto que tiene al presidente Sebastián Piñera sumido en una crisis de popularidad, con un respaldo del 30% según las últimas encuestas.

El miércoles, estudiantes de secundaria, universitarios y profesores rompieron el diálogo con el Gobierno tras apenas dos reuniones. Acusaron al Ejecutivo chileno de intransigencia, mientras que el portavoz de La Moneda culpó a un grupo de estudiantes radicales de que se hayan detenido las conversaciones. Jackson discrepa: “La única posición que se ha endurecido es la del gobierno de Chile y por ello el diálogo ha sido infértil. Fijó su posición y de ahí no se ha movido un centímetro, porque esta movilización no toca algo superficial ni cosmético, sino que va al meollo de la ideología de la derecha de este país. Y nosotros aspiramos a que eso se transforme”.

El dirigente estudiantil acusa al Ejecutivo de intentar quebrar el movimiento social. “Ha ocupado estrategias divisionistas desde que comenzó el conflicto”, explica. “Lo que es efectivo es que, a medida de que el Gobierno es más duro en sus posturas, las tesis de quienes pensaban que La Moneda nunca iba a ceder son las que van ganando terreno. Y es algo lógico si el Ejecutivo está apuntando a eso”.

Jackson, junto a otros líderes del movimiento, viajará el jueves a París, Bélgica y Suiza a entrevistarse con representantes de la OCDE, Naciones Unidas y el Parlamento Europeo. Sostendrán encuentros, además, con Edgar Morin y Stéphane Hessel, el líder de los indignados. “Tendremos una agenda internacional muy potente para dar conocer lo que está pasando y que los ojos del mundo se pongan en el conflicto educativo de Chile, porque es una de las primeras grandes crisis del experimento neoliberal que se impuso en este país. A este gobierno le importa mucho el márketing, lo que se ve hacia fuera, la imagen, y denunciar lo que ocurre puede generar más presión que las mismas tomas de los colegios y universidades”.

 

"Esto demuestra el fracaso de nuestro sistema político"

El presidente Sebastián Piñera señaló durante el fin de semana que esperaba que los estudiantes vuelvan a dialogar. Giorgio Jackson no lo ve posible a corto plazo si La Moneda mantiene su posición de no querer avanzar hacia una educación gratuita: “Podríamos asistir a todas las mesas de trabajo, pero si el Gobierno no da señales de que va a hacer una transformación del sistema educativo y político, estamos perdiendo el tiempo”.

El estudiante chileno cree que algunos alumnos podrían perder el año académico, uno de los escenarios que el Gobierno ha querido evitar. “Hay estudiantes dispuestos a perder el segundo semestre, sobre todo en los liceos, donde se preguntan: ¿Para qué volver a clases si no va a cambiar mi vida? Estoy convencido de que, si llegan las soluciones, los estudiantes van a regresar a las aulas. Para nadie es un hobby estar movilizados y el Gobierno ha sido sumamente indolente frente a esta situación”.

El Gobierno ha anunciado que, al margen de que el diálogo con los estudiantes y profesores se haya suspendido, continuará enviando proyectos de ley sobre educación al Parlamento y que no esperará a los jóvenes. “Que un Gobierno sienta que el voto es un cheque en blanco para hacer lo que ellos quieran independientemente de que las demandas estudiantiles tengan 80% de apoyo a cinco meses de la movilización, demuestra el fracaso de nuestro sistema político. Y esa enfermedad también se advierte en el Congreso. Llamamos a los parlamentarios a que no se legisle a espaldas de la ciudadanía”, apunta Jackson.
http://internacional.elpais.com/internacional/2011/10/10/actualidad/1318275870_782656.html


el dispreciau dice: Chile, país hermano si los hay, está pagando el precio de atrasar en su voto... regresar del socialismo al liberalismo perverso les está golpeando en la cara de la sociedad, dejando en claro que el ciudadano y sus derechos no tienen importancia alguna en la política con máscaras, esa misma que enmascara integración y progreso, pero que esconde atrapar al individuo en sus propia necesidades para someterlo a una esclavitud que atrasa tanto como la clase política. El ciudadano de un Chile con espacio propio, se ha comenzado a dar cuenta que este modelo lo está regresando al pasado pinochetista, despreciando la educación pública, la salud pública como ejes de la sostenibilidad social de un mundo que demanda participación y diversidad. Más allá de los ensañamientos de uno y otro lados del conflicto, todo indica que más tarde o más temprano, los estudiantes lograrán su objetivo de establecer una escuela pública gratuita, como corresponde a la civilización que se dice pertenecer... El drama de Chile no es diferente al del resto de otros que se expresan en el mundo. La gente, las gentes, están hartas de ser utilizadas para los fines personales de políticos que tienen respaldo en socios corporativos usualmente ciegos, necios e incapaces para dimensionar las consecuencias de sus corrupciones e impericias. Chile no es la excepción. Los ciudadanos merecen el lugar que tienen una sociedad, y además tienen todo el derecho de reclamar por aquello que consideran necesario y justo, ajustado a los tiempos que corren... sin embargo, la clase parece no darse cuenta de que los tiempos son dinámicos, cambian, y demandan cambios en las estructuras... entonces, ¿por qué se quita la posibilidad de educar al soberano que no tiene los recursos suficientes para acceder a una formación que merece por el sólo hecho de haber nacido?... ¿por qué se insiste en los modelos de exclusión de todo aquello que no les conviene a la clase política de ideas perimidas que atrasan más que las propias circunstancias?... ¿por qué se intenta arrasar al ideario colectivo, ese mismo que es perfil definido de una cultura?... es evidente que la clase política ha perdido capacidad de lectura de las realidades en las cuales se desempeñan. Todo indica que Chile debe regresar al socialismo, para lo cual sus ciudadanos deberán comprometerse entre sí, a efectos de tejer un futuro cierto y no verse sometido a aquellos que venden futuros hipotecados. América Latina está repleta y desbordante de modelos políticos que atrasan e hipotecan los futuros de los otros, siempre los otros... nada distinto a la Europa medieval, nada distinto al sueño americano convertido en una pesadilla para muchos, nada diferente al drama asiático de los desprecios, nada distinto al África esclavizada... nada, para qué más? Octubre 11, 2011.-

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